Mercado ambulante de Ripoll
El mercadillo ambulante ideal para visitar cada miércoles: 25 paradas de flores, ropa y verduras en el corazón del Pirineo
La visita de este pequeño mercado permite conocer la considerada cuna de Cataluña
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Normalmente, todos los pueblos de España tienen su mercadillo semanal. En general, y si no se trata de una ciudad muy grande, es también una vez por semana. En cambio, Ripoll tiene dos y muy diferenciados.
El día grande de mercadillo es, en realidad, el sábado; sin embargo, todos los miércoles por la mañana se organiza un pequeño mercado ambulante, de apenas 25 paradas, pero muy, muy querido en el corazón de los Pirineos.
La propuesta para ese día siempre suele ser más sencilla, pero eso no quita que haya menos gente. Vecinos de Ripoll y alrededores se acercan de manera asidua para ver qué ofrece de nuevo y llevarse algunas cosas.
Son 40 paradas menos, pero más específicas, más concretas. Si los sábados predomina más la ropa, aquí también la hay, pero las flores y las verduras adquieren más protagonismo los miércoles.
Un 'mercadet' expandido
No es lo único que aquí se puede encontrar. El Mercadet setmanal de Ripoll, como se conoce al mercadillo de este día, vende todo tipo de alimentos y otros artículos de uso cotidiano.
El horario es amplio y matinal, como suele pasar con la mayoría de mercados ambulantes. En este caso, además, dura más: los paradistas se ponen desde las ocho de la mañana y están allí hasta las 15 horas.
El atractivo del lugar
Los vecinos de otros pueblos cercanos a Ripoll aprovechan esos miércoles y, de paso, pasean por las calles de esta ciudad tan particular y hermosa. Porque sería una pena quedarse únicamente con el mercadillo.
La capital del Ripollès es una de esas localidades en las que la historia se ve ya de lejos, porque a la distancia ya se vislumbra la torre del campanario de su templo religioso más importante.
El Monasterio de Santa Maria de Ripoll es uno de los grandes protagonistas del municipio. Fundado por el conde Guifré el Pelós en el año 879, el conjunto es uno de los grandes ejemplos del románico catalán.
La portada del siglo XII es, probablemente, el elemento más llamativo. Su decoración escultórica convierte la entrada al monasterio en una auténtica narración de los episodios bíblicos más destacados en piedra.
Más que un monasterio
El templo conserva también la basílica, las tumbas condales, la necrópolis y un claustro de doble planta de la época del románico. Pero es que luego está su historia.
El monasterio fue, durante décadas, panteón de la casa condal de Barcelona y allí están enterrados varios miembros de las primeras dinastías condales catalanas.
Ripoll, cuna de Cataluña
Entre los sepultados destacan Guifré el Pilós (Wifredo el Velloso), conde de Barcelona, Girona, Osona y Urgell, y su hijo Ramon Berenguer III, conde de Barcelona y Provenza.
No son las únicas. Aquí también están aún las sepulturas de otros condes y miembros de la nobleza vinculada al monasterio.
Claustro de Santa Maria del Ripoll
Por eso, el monasterio es mucho más que el portal, la basílica o el claustro. Fue un lugar de nobles y fundadores de lo que más tarde sería esta comunidad autónoma.
Por eso Ripoll conserva el sobrenombre de “cuna de Cataluña” desde hace siglos y por eso cada año el Ayuntamiento presenta esta joya arquitectónica como candidata a formar parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.
Rutas a pie por la ciudad
Aunque Ripoll es mucho más que el monasterio: el centro conserva también edificios de interés histórico y arquitectónico que permiten hacer un recorrido desde el románico hasta el modernismo.
La oficina de turismo propone diferentes itinerarios urbanos para hacer a pie y conocerlo, entre ellos un recorrido por edificios históricos y arquitectónicos y la ruta “Cinco siglos forjando Ripoll”.
Murallas y etnografía
También existe el Camino de Ronda, aunque este, lejos del mar. Se trata de un paseo por el exterior de las antiguas murallas que rodeaban el recinto monástico y la villa, donde se ven las defensas de la ciudad que permanecieron en pie hasta el final de la primera guerra carlista, antes de que sobre aquellas ruinas se construyera buena parte del Ripoll moderno.
También se puede ir por libre y conocer el Museo Etnográfico de Ripoll, uno de los museos más antiguos de Cataluña en su categoría.
Bloque de edificios de Ripoll CANVA
Sus colecciones permiten acercarse a la vida rural y a los antiguos oficios de la comarca, con piezas relacionadas con los pastores, la agricultura, la religiosidad popular, la forja catalana, el hierro forjado y las armas de fuego portátiles ripollesas.
La historia industrial de Ripoll también está presente en la Farga Palau, uno de los últimos ejemplos de la antigua industria de la forja catalana.
Historia grabada en la memoria y el suelo
Este tipo de actividad tuvo una importancia fundamental en el desarrollo de la producción de hierro durante los siglos XVII y XVIII.
También uno puede tomar algo en la Plaza de Sant Eudald, una de las más antiguas de la ciudad, mientras mira la silueta en el suelo de la iglesia que alguna vez se levantó en su centro.
Qué más ver
Muy cerca, la Plaza Nova ofrece un vistazo a la vida comercial de antaño, ya que en tiempos pasados fue una plaza porticada llena de hostales que servían de refugio para mercaderes y comerciantes atraídos por la próspera industria del hierro y la lana de Ripoll. Y así se cierra el día de mercado perfecto.
Pero hay mucho más por ver: el carrer Perdut, la Casa Alòs, la calle de Les Vinyes. Pero para eso hace falta venir a Ripoll más de un día de mercadillo.