Banys de S'Agaró

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Ni Sa Tuna ni Garraf: la playa con las casetas más famosas de la Costa Brava y más de 100 años de historia

Estas estructuras marcaron el inicio de una transformación que acabaría convirtiendo la zona en uno de los destinos más exclusivos del Mediterráneo

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Las casitas de la playa de Garraf son tan conocidas que ya hasta salen en los anuncios de la selección. Sa Tuna, en Begur (Girona), es conocida por sus casas de pescadores que, pese a no ser de madera, le dan una imagen única.

Ninguna de ellas, en cambio, es tan peculiar como los Banys de S’Agaró, unas casetas de colores de la Costa Brava con más de 100 años de historia. Y lo mejor de todo es que no es de las playas más concurridas de la zona.

A pesar del nombre que reciben, estas casitas no están del todo en S’Agaró; en realidad pertenecen a la barriada conocida como Sant Pol. Aunque eso no quita que sean un símbolo del lugar; de hecho, son tal vez el rincón más fotografiado de la zona.

Lo son desde su creación, en 1919. En aquella época, cuando el turismo aún era un fenómeno reservado a una minoría acomodada, se instalaron las primeras casetas de baño sobre la arena de Sant Pol para ofrecer comodidad y privacidad a los veraneantes.

Primeros años

Aquellas estructuras marcaron el inicio de una transformación que acabaría convirtiendo la zona en uno de los destinos más exclusivos del Mediterráneo.

Los Banys son anteriores a buena parte de las casas y apartamentos que hoy definen S'Agaró. De hecho, se podría decir que fueron el pistoletazo de salida del desarrollo turístico del lugar.

La familia que está detrás

Tal vez por eso las casetas nunca se fueron. Más bien, se integraron en el proyecto urbanístico impulsado por la familia Ensesa, artífice de S’Agaró y de estos baños, que aún hoy siguen gestionando.

Su función original era permitir que los bañistas se cambiaran cómodamente antes de acceder al mar, algo habitual en aquella época. Y así siguen. No las costumbres, pero sí las casetas y su utilidad.

Todavía hoy es posible alquilar estos espacios, aunque se usan más para guardar utensilios y demás enseres. Además, con el precio se puede tener acceso a hamacas y otros servicios vinculados al uso de la playa.

De allí se sale a la bahía de Sant Pol, una amplia cala con forma de luna y arena dorada y gruesa, típica de la Costa Brava.

Cómo es la playa

Esta característica hace que las aguas del lugar sean más tranquilas y transparentes que en otros puntos del litoral. Lo saben bien sus bañistas y quienes tienen alguna barca.

Cuando se acude a esta playa, hay dos estampas típicas: las casetas de colores de los Banys de S’Agaró y las barcas fondeando no muy lejos de la orilla.

El entorno

A ambos extremos de la playa arranca, además, uno de los tramos más bonitos del Camino de Ronda, que la une con el resto de playas de S’Agaró por un lado y con Platja d’Aro por el otro.

Pero nada supera la imagen de estas casetas de colores. A pesar de que los tiempos han cambiado, así como se han renovado estas construcciones, su imagen apenas varía.

Playa de Sant Pol

Playa de Sant Pol JOAN COLÁS

Eso sí, ahora se encuentran a ambos lados de otro legado de la familia Ensesa, la Taverna del Mar, un restaurante que este 2026 cumple 90 años.

Tradición, gastronomía, playa, funcionalidad. Esas son las características básicas y clásicas del lugar. Porque, mientras muchas zonas costeras han cambiado radicalmente con los años, los Banys de S'Agaró mantienen su esencia original.

Un centenario

Tanto da que hayan pasado más de cien años desde su inauguración; su imagen sigue intacta y continúan representando una forma distinta de concebir el verano.

Quizá por eso continúan siendo uno de los lugares más especiales de la Costa Brava: un rincón donde la historia, la arquitectura y el mar conviven prácticamente igual que hace un siglo.

Cómo llegar

Lo curioso es que su exclusividad está en el coste del alquiler. Llegar a los Banys de S'Agaró es sencillo. Girona está a 40 minutos; solo hay que seguir la C-65 hasta Sant Pol.

Barcelona tampoco queda muy lejos, a una hora y media. En este caso, desde la capital catalana se toma la autopista AP-7 hasta la salida de Sant Feliu de Guíxols-Platja d'Aro, que enlaza con la C-65.