La Garrotxa (Girona) es conocida por ser tierra volcánica. Hace miles de años que sus conos están dormidos, pero sus paisajes y sus pueblos siguen vivos.
Olot, que es la capital, y Castellfollit de la Roca, construido sobre un acantilado, son los rincones más conocidos de la zona, junto con Les Planes d’Hostoles y la Fageda d’en Jordà. Pero hay mucho más.
Uno de esos pueblos por descubrir es Sant Joan les Fonts, que reúne en un mismo paisaje algunas de las señas de identidad más reconocibles de esta tierra: volcanes de hasta 600.000 años, un monasterio románico, un puente medieval y un entorno fluvial que ha ido esculpiendo la roca durante siglos.
El municipio conserva un patrimonio medieval notable, con dos elementos especialmente visibles. El primero es el monasterio de Sant Joan les Fonts, un templo románico cuyos orígenes se remontan al siglo XI y cuya iglesia actual fue consagrada en el año 1117.
Conexión francesa
Su historia es particular. Nace como priorato benedictino vinculado a la poderosa abadía de San Víctor de Marsella. Este hecho hizo que durante siglos el cenobio fuera clave en la organización religiosa de esta zona.
A nivel arquitectónico, el templo es reflejo del estilo románico de la época, con una particularidad: buena parte está realizada con la misma piedra volcánica que formó las coladas de lava visibles en el municipio.
Espacio protegido
Con ella se hicieron las tres naves del templo, donde se alojan una pila bautismal románica del siglo XII y varios capiteles esculpidos que permiten apreciar la calidad artística de la época.
Su valor es tal que, desde hace décadas, está protegido como Bien Cultural de Interés Nacional. Aunque Sant Joan les Fonts ofrece mucho más.
Más allá de eso, el casco urbano conserva la escala de un pueblo en el que la vida diaria sigue muy vinculada al entorno, aunque sin grandes monumentos. Con una excepción.
El puente medieval sobre el Fluvià es otra de las imágenes más reconocibles del municipio. De origen gótico y levantado sobre una estructura anterior, ha servido durante siglos para comunicar las dos orillas del valle.
Una lava milenaria
Lo cierto es que el gran atractivo geológico del pueblo está un poco a las afueras, en las Tres Colades de Lava, un espacio donde pueden observarse tres flujos volcánicos superpuestos.
La colada más antigua se remonta a hace unos 600.000 años, la segunda a unos 150.000 y la tercera a unos 120.000, lo que convierte el lugar en una especie de archivo natural de la evolución volcánica de la comarca.
Ruta circular
Esa superposición de materiales fue modificando el terreno a lo largo de cientos de miles de años, hasta dar lugar a este paisaje.
Una ruta circular recorre este entorno durante más de seis kilómetros y suele completarse en unas tres horas y media, con un nivel accesible para la mayoría de visitantes.
El río Fluvià es otra clave del paisaje de Sant Joan les Fonts. Más allá del puente, su acción erosiva sobre las coladas de lava ha creado saltos espectaculares.
También aparecen remansos y rincones donde el cauce se entrelaza con la roca basáltica, generando algunos de los espacios más reconocibles del municipio.
Molí Fondo
Otro de los puntos más conocidos del itinerario es el Molí Fondo, un antiguo molino situado junto a una pared de columnas basálticas.
Estas estructuras geométricas se formaron por el enfriamiento de la lava y constituyen una de las imágenes más llamativas de Sant Joan les Fonts.
Boscarró
El espacio del Boscarró completa esta lectura geológica. Allí se aprecia con claridad cómo se enfría la lava y qué formas adopta al solidificarse, lo que convierte la zona en un punto muy útil para entender el vulcanismo de la Garrotxa.
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