El pueblo catalán que inaugura el Grand Prix, Polinyà

El pueblo catalán que inaugura el Grand Prix, Polinyà CRÓNICA GLOBAL

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El pueblo catalán que inaugura el Grand Prix: una iglesia románica de 900 años, decenas de masías históricas y más de 80 elementos patrimoniales

El término municipal alberga un entramado subterráneo compuesto por antiguas minas de agua

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Ha tenido que pasar medio mes de julio y que España llegara a semifinales del Mundial para que empezara, pero ya está aquí. El Grand Prix vuelve un año más a TVE y se estrena con la participación de un pueblo catalán, Polinyà.

Este municipio de la provincia de Barcelona, conocido por su importancia en el sector industrial, se enfrenta a una delegación de Cantalejo (Castilla y León) este 13 de julio. Hay que ver cómo le irá.

A nivel municipal no le va mal. Al menos si se obvia el último incidente en la piscina municipal. Pero por cosas bonitas, las tiene. Son muchas y de un gran valor patrimonial.

El catálogo oficial de la población recoge más de 80 elementos de interés que abarcan desde vestigios de la antigüedad, como su iglesia románica, hasta notables ejemplos de arquitectura popular, como sus masías.

El gran monumento

El monumento más importante es, sin duda, la iglesia de Sant Salvador. Se trata de una construcción de más de 900 años y de estilo románico, de gran valor.

Las primeras referencias sobre el templo se remontan al siglo XI, aunque su consagración oficial se dio en el año 1122.

Cómo es la iglesia

A pesar de que el edificio ha experimentado diversas ampliaciones, modificaciones y restauraciones barrocas y contemporáneas para adaptarse a las necesidades de cada época, la esencia medieval y románica perdura y permanece visible de forma nítida.

El ábside semicircular, característico del románico catalán, y ciertos detalles de la piedra original en sus muros perimetrales recuerdan el origen de una comunidad que comenzó a articularse en torno al templo mucho antes de la revolución industrial.

Iglesia de Sant Salvador de Polinyà

Iglesia de Sant Salvador de Polinyà WIKIPEDIA

Como solía pasar en la Edad Media, la iglesia se situó en uno de los puntos más elevados del municipio para dominar el núcleo urbano. Y aún sucede así.

La silueta de Sant Salvador sigue ejerciendo como el faro identitario de la población y se ve de lejos, majestuosa entre masías y polígonos.

Identidad rural

Pero iglesias tienen todos los pueblos, al menos en España. Polinyà tiene mucho más, y tiene que ver con el paisaje que le rodea.

A pesar de estar a poco más de media hora de Barcelona, los terrenos de la zona son fértiles y durante siglos la explotación de la tierra fue su motor económico. Algo que parece lejano cuando ahora los polígonos y zonas industriales se hacen más presentes.

Masías y apellidos

Hace falta mirar algo más lejos para ver de dónde viene la riqueza de Polinyà. La decena de masías dispersas por todo el término municipal dan testimonio de que, en su día, era el campo lo que daba valor a esta tierra.

Nombres como Can Fontanet, Can Querol, Can Marata, Can Monistrol o la Torre Martí son los de los apellidos ilustres del lugar y los de sus masías, complejos arquitectónicos que narran la evolución de la vida campesina.

Masia Can Querol de Polinyà

Masia Can Querol de Polinyà WIKIPEDIA

Estas construcciones típicas catalanas son de un indudable valor. Sus grandes portales adovelados de piedra, los patios interiores que distribuían la actividad diaria, los antiguos pozos y esos relojes de sol grabados en las fachadas principales hablan del pasado.

Algunas de estas fincas funcionaron como grandes centros de producción vinícola y cerealística. Hoy ya no tanto, pero subsisten como valiosos ejemplos de la arquitectura popular catalana, adaptados en muchos casos a nuevos usos.

Del campo a la industria

Esta misma memoria agraria también se respira en las dimensiones recoletas del casco antiguo.

Aunque el desarrollo urbano e industrial del siglo XX transformó el entorno de manera radical, el callejero central todavía conserva rincones que reflejan el paso de aldea a núcleo residencial.

Minas de agua

Las fachadas de las viviendas tradicionales, con sus vanos sencillos y estructuras de piedra y mortero, ayudan a recomponer la escala humana de un pueblo que dependía por completo de los ciclos de la tierra y de la gestión del agua.

Precisamente, la ingeniería del agua constituye otro de los capítulos patrimoniales más singulares y menos evidentes de la zona. El término municipal alberga un entramado subterráneo compuesto por antiguas minas de agua, pozos de gran profundidad y canalizaciones diseñadas para optimizar el riego.

Vista aérea de Polinyà

Vista aérea de Polinyà

Estos elementos, vitales en una época en la que la subsistencia agrícola dependía de la regularidad hídrica, forman una red arqueológica industrial de primer orden que merece la pena conocer.

Ruinas prehistóricas

Luego están los diversos yacimientos arqueológicos que atestiguan asentamientos humanos muy anteriores a la época medieval, confirmando que la llanura del Vallès ha sido un espacio de paso y asentamiento constante desde la prehistoria.

No se encuentran en el pueblo, no son muy vistosos, pero hablan de la importancia milenaria de la zona, más allá de la industria. Y es que, a pesar de ser una zona industrial más del entorno de Barcelona, Polinyà tiene mucha historia.

Cómo llegar

No se sabe si el Grand Prix se fijará en ella, aunque uno siempre se puede acercar a conocer la población. Está a media hora de Barcelona. Se coge la C-58 hasta Sabadell y Terrassa para luego enlazar con la carretera B-142, que lleva hasta Polinyà.

Girona tampoco queda muy lejos, a poco más de una hora. En este caso se va por la AP-7 hasta llegar a las proximidades de Barberà del Vallès, donde se conecta con la C-58 y la citada B-142.