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La Costa Brava está repleta de grandes playas y calas escondidas, pero pocas resultan tan pequeñas y singulares como Cala d'en Malaret.

Es diminuta: su franja de arena y roca apenas alcanza los 17 metros de longitud y sus 15 metros de ancho, unas dimensiones que la convierten en uno de los rincones más íntimos y singulares del litoral gerundense.

Los acantilados que la limitan en ambos extremos crean una sensación de espacio cerrado, casi recogido, que contrasta con la amplitud habitual del litoral.

Eso tiene otra ventaja: al estar tan resguardada, el agua suele mantenerse en calma, lo que la convierte casi en una piscina natural al aire libre, especialmente en días sin viento.

Aguas claras

Eso, sumado al color turquesa que allí adquiere el Mediterráneo, le da una claridad al agua ideal para observar el fondo con facilidad, incluso desde la orilla.

Eso hace que mucha gente que practica snorkel se acerque a ella, también los aficionados al submarinismo. Es perfecta para los más novatos porque no hay necesidad de alejarse demasiado para apreciar los pequeños peces que habitan en su rocoso fondo marino.

Poca dificultad

El acceso contribuye a mantener este carácter particular. No se llega directamente en coche, sino que es necesario recorrer a pie un tramo del camino de ronda, el histórico sendero que recorre la costa y conecta distintas calas.

Este paseo, de dificultad moderada, introduce una transición progresiva desde un entorno más abierto hacia un espacio más íntimo. La llegada no es inmediata, y ese pequeño esfuerzo influye en la percepción del lugar, que se presenta como un destino más reservado.

En cualquier caso, Cala d'en Malaret forma parte de un conjunto de pequeñas playas situadas en el entorno de Fornells, un sector que ha conservado una cierta discreción dentro de la Costa Brava.

A corta distancia se encuentran otras calas conectadas por el mismo sendero, lo que permite encadenar varios puntos en un mismo recorrido.

Playa sin servicios

Lo que sí sucede aquí es que no hay servicios permanentes en la cala condiciona su uso. No hay instalaciones turísticas en la arena, lo que obliga a planificar la visita con antelación y limita la permanencia prolongada de grandes grupos.

Este aspecto, junto con el acceso a pie, contribuye a mantener una ocupación más contenida que en otras playas más accesibles. Aun así, durante los meses de verano, su tamaño hace que el espacio disponible se complete con rapidez.

Los colores del agua

Y luego está la luz. A lo largo del día, los rayos modifican la percepción del agua, intensificando los contrastes y aportando diferentes matices según la hora.

Eso, sumado a la ausencia de grandes construcciones en primera línea, contribuye a mantener una imagen relativamente intacta de esta cala, algo ya poco habitual.

Lo que sí guarda el entorno inmediato es una conexión con la historia del turismo en Cataluña. Muy cerca se encuentra la casa conocida como El Paradís, vinculada a Bonaventura Sabater, “Xiquet”.

Según la tradición, fue en este tramo de costa donde comenzó a difundirse el término “Costa Brava”, que con el tiempo se convertiría en la denominación de todo el litoral de Girona.

Cómo llegar

La capital queda a unos prácticos 50 minutos. Se coge la C-66 en dirección a La Bisbal d'Empordà y se continúa después por la C-31 hasta Begur. Una vez allí, hay que seguir las indicaciones hacia la zona de Fornells y Aiguablava.

Desde Barcelona es una hora y media o un poco más de viaje, especialmente en verano. Se ha de tomar la autopista AP-7 hasta enlazar posteriormente con la C-35 y la C-66 hacia Begur.

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