Iglesia de Santa Maria de Darnius EMPORDÀ TURISME
La iglesia medieval mejor guardada del Empordà: románica, fortificada y con más de 700 años de historia
Lo que convierte a este rincón en una rareza del patrimonio catalán es la profunda cicatriz arquitectónica que dejaron los conflictos de los siglos XVII y XVIII
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Existe un Empordà que no huele a sal ni entiende de calas masificadas. Un Empordà de interior, cercano a la Costa Brava, pero donde los campos de olivos y las carreteras secundarias roban el protagonismo al mar.
Es allí, cuando la región empieza a ganar altura y Cataluña se acerca a Francia, donde aparece la sierra de la Albera y, a su sombra, Darnius.
El pueblo, no muy conocido por quienes no son de Girona, es un rincón que custodia uno de los secretos patrimoniales más fascinantes y discretos del norte de Cataluña: la iglesia de Santa Maria.
A primera vista, el edificio confunde. Sus muros son demasiado altos, sus vanos demasiado estrechos y su silueta demasiado robusta hacen pensar en una fortaleza más que a una clásica pacífica iglesia parroquial rural.
La iglesia
Y es que Santa Maria de Darnius es un templo atípico y, además, un superviviente que aprendió a defenderse en tiempos de guerra.
Su origen se remonta a tiempos de conflicto, en plena Edad Media. Crónicas medievales del año 983 hablan de la existencia de una parroquia en este lugar.
Una base pasada
Algo queda de aquellos años. El imponente edificio actual toma su forma de las reformas que se ejecutaron en esa milenaria iglesia entre los siglos XII y XIII. Todo se hizo siguiendo los cánones del románico tardío catalán.
Así, la iglesia de Darnius presenta una sola nave de sillería granítica, sobria y rotunda, cubierta por una magnífica bóveda de cañón apuntada que invita a alzar la mirada hacia un ábside semicircular.
Darnius
De todos modos, la iglesia ya impacta antes de entrar. El paseante atento encontrará el corazón de este periodo en su portada. Allí, varias arquivoltas en degradación enmarcan un tímpano presidido por un crismón primitivo.
Sin embargo, el detalle más evocador se esconde al tocar la madera de sus batientes: la herrería original de hierro forjado, con sus formas espirales y volutas, sigue intacta, resistiendo el óxido de los siglos como si el tiempo se hubiera congelado.
Transformació del templo
Lo que convierte a este rincón en una rareza del patrimonio catalán es la profunda cicatriz arquitectónica que dejaron los conflictos de los siglos XVII y XVIII. La cercanía con la frontera francesa transformó el tranquilo valle en zona de guerra.
La respuesta de los vecinos de Darnius fue tan lógica como desesperada: si la iglesia era el edificio más fuerte del pueblo, tendría que convertirse en su castillo. Los muros originales se sobreelevaron para dar cobijo a un camino de ronda y una galería de tiro.
De iglesia a fortaleza
Justo encima de la delicada portada románica se construyó un voluminoso matacán de piedra provisto de aspilleras, diseñado para hostigar verticalmente a cualquiera que intentase derribar la puerta.
Incluso la antigua y ligera espadaña donde colgaban las campanas fue demolida para levantar una torre cuadrangular maciza, rematada con un tejado piramidal, que hacía las veces de torre de vigía. Fue casi un castillo.
Calle de Darnius.jpg
El templo sagrado se había convertido en un bastión militar. Alrededor de la iglesia todavía se respira esa disposición de la antigua sagrera.
Este espacio, que comprendía 30 pasos alrededor del templo, estaba protegido por el derecho eclesiástico de la época. Dentro de este radio, la violencia feudal estaba prohibida y los campesinos podían levantar sus graneros y casas a salvo de los saqueos.
Los secretos del castillo
Por suerte, esos tiempos pasaron y caminar hoy por Darnius es deambular por ese perímetro de paz medieval.
Allí, un pasadizo cubierto de piedra conecta los callejones del núcleo viejo e invita a una exploración pausada, libre del turismo de masas que suele saturar la Costa Brava.
Qué más ver
Uno puede acercarse a él, pero otra opción para completar la escapada a Santa Maria de Darnius es visitar el pantano de Darnius-Boadella, un polo de actividad recreativa e ideal para el senderismo.
Los más aventureros pueden continuar por las pistas forestales que ascienden hacia la sierra de la Albera para descubrir sus monumentos megalíticos y las ruinas del cercano castillo de Mont-roig.
Pantano de Darnius (Girona)
Cómo llegar
Llegar allí supone solo 40 minutos en coche si se parte desde Girona. Se toma la autopista AP-7 y, a la altura de Figueres, se enlaza con la carretera nacional N-II hasta el desvío que asciende al municipio.
El viaje desde Barcelona ronda ya la hora y media siguiendo la misma ruta.