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El deseo de explorar entornos naturales singulares y de desconectar de las dinámicas urbanas encuentra su máxima expresión en los fenómenos geológicos que rompen la monotonía del paisaje.

Cuando se busca el contacto con la naturaleza y la evasión de la rutina diaria, los senderos que conducen hacia rincones esculpidos por la acción milenaria del agua ofrecen una alternativa de gran riqueza visual.

Entre estos destinos destaca un espacio donde la combinación de una caída de agua, una poza natural y una abertura monumental en la roca genera una de las estampas más llamativas del interior de la provincia de Barcelona, la Foradada de Cantonigròs.

Este paraje de la comarca de Osona se ha consolidado como un referente para el excursionismo debido, sobre todo, a la espectacularidad de su fisonomía.

Camino hacia la cascada

Una ruta peatonal debidamente señalizada conecta el núcleo urbano de Cantonigròs con esta profunda piscina natural.

El sendero presenta un nivel de dificultad bajo y apenas dos kilómetros de longitud entre la ida y la vuelta.

Cuánto se tarda

En menos de media hora a pie se alcanza el fondo del barranco, un espacio donde las aguas del torrente de la Rotllada caen de forma vertical sobre una cubeta rocosa excavada de manera natural en el cauce.

La denominación de este enclave describe con precisión su principal característica geológica: un gran orificio circular que la erosión continuada ha perforado en la pared de piedra con el paso de los siglos.

Un agujero en la roca

Esta singularidad aporta una fisonomía única al entorno y permite que la luz solar se filtre oblicuamente, ofreciendo una perspectiva lumínica poco común sobre el salto de agua.

Justo detrás y debajo de la cascada se abre una gran bóveda o cavidad cóncava en la roca, la cual conforma una especie de anfiteatro natural que acentúa la sonoridad del agua y define el carácter semicerrado del espacio.

El color del agua

Las aguas que se acumulan en la base adquieren tonalidades turquesas y verdosas muy intensas, un efecto que resalta al contrastar con los tonos grises, ocres y pardos de las altas paredes de piedra que delimitan el marco.

Las formaciones del entorno corresponden a estratos bien definidos de roca sedimentaria calcárea, cuya disposición en franjas horizontales es el resultado de la sedimentación prehistórica y el posterior modelado del viento y el agua, rasgos muy representativos de la geomorfología de la meseta del Collsacabra.

El entorno de la cascada

Por otro lado, la densa vegetación de ribera y los musgos que tapizan las paredes umbrías mantienen un microclima fresco y un elevado nivel de humedad ambiental incluso en los meses de mayor insolación.

El régimen fluvial del salto de agua es marcadamente estacional y depende de las condiciones meteorológicas del interior catalán, pero en época de lluvias la cascada sorprende.

Espacio protegido

Debido al incremento de la afluencia turística y con el fin de preservar la integridad biológica y geológica de este entorno protegido, el Ayuntamiento de L’Esquirol aplica un sistema de regulación de accesos.

Esta normativa establece una tasa ambiental de dos euros por visitante y limita el aforo simultáneo a un máximo de 50 personas en la zona de la poza.

La Foradada

Normas de acceso

Del mismo modo, para evitar la degradación del ecosistema, quedan restringidas actividades como el baño, la realización de pícnics y la circulación de animales domésticos si no van atados.

La visita al entorno de la cascada se complementa con otros atractivos históricos y paisajísticos situados a escasa distancia.

Qué más ver

En las inmediaciones del cauce aún subsisten los restos de piedra del antiguo Molí de la Foradada, una antigua infraestructura harinera que aprovechaba la fuerza del torrente.

En una escala geográfica más amplia, la zona cuenta con el mirador del Ter, una atalaya que ofrece vistas diáfanas sobre el encajonamiento del río, y con el monasterio románico de Sant Pere de Casserres, una joya del siglo XI ubicada en la punta de un meandro escarpado.

Asimismo, la ruta que conduce al Morro de l’Abella permite situarse sobre un vertiginoso acantilado con vistas panorámicas directas al embalse de Sau. Todo a un paso de Cantonigròs.

Hay que ir hasta el campo de fútbol municipal, punto donde se ubican el estacionamiento y el inicio del sendero peatonal. Llegar es fácil.

Cómo llegar

Hay una hora y cuarto desde Girona. Se va por la C-25, conocida como el Eix Transversal, hasta la salida hacia Roda de Ter y L'Esquirol. Desde allí, hay que seguir por la carretera C-153 hasta llegar al pueblo.

Si se parte desde Barcelona, es apenas un cuarto de hora más. Primero se toma la autovía C-17 en dirección a Vic para, posteriormente, enlazar con el Eix Transversal.

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