Pocas calas de la Costa Brava pueden decir ya que están poco concurridas. La prensa especializada y los creadores de contenido llevan años hablando de todos los rincones a los que ir.
Cala Margarida no es una excepción. Sin embargo, sus características permiten que sea un lugar no masificado por el turismo. Aquí, la esencia de Palamós todavía se respira.
Un discreto paseo marítimo, las casitas de pescadores que lo visten y el relieve rocoso de su costa han ayudado a su conservación.
La cala es muy reducida, de apenas 100 metros de largo y una anchura media de apenas diez metros, en función de la bravura del mar. Todo queda muy recogido.
La arena
Pero su característica principal no es esa, sino su forma. El arenal no es tal. Si bien está formado por arena gruesa, aquí predominan las piedras de gran tamaño y formas redondeadas, producto de la erosión del mar.
Solo hace falta ver las imágenes que circulan por internet e incluso las que tienen los portales de turismo oficiales. ¿Es eso lo que la hace menos concurrida? Sin duda.
Dónde está
Las grandes piedras y la poca arena hacen menos posible extender la toalla o caminar descalzo por la orilla. Cala Margarida es para estar sentado y dejarse mojar por las aguas del Mediterráneo, como si uno fuera una roca más.
La poca gente y su emplazamiento ayudan a reforzar esa sensación de intimidad. Se encuentra justo detrás del puerto Marina de Palamós, en el arranque del Cap Gros, donde la costa empieza a ganar altura y a dibujar una línea más abrupta sobre el mar.
Cala Margarida
Pero si la marina y los acantilados que ascienden hacia el Camí de Ronda la limitan por los costados, la fila de casetas marineras que hay en el paseo acaba de conformar su imagen de postal.
Estas construcciones, algunas de ellas ahora convertidas en viviendas con locales comerciales y restaurantes en sus bajos, fueron en su origen refugio para pescadores. Aquí vivían o dejaban sus útiles de trabajo para salir a faenar.
Aguas transparentes
Pese a su cambio de uso, las casetas mantienen la estética tradicional del lugar y conservan esa imagen reconocible de pueblo de pescadores que fue en su día Palamós.
Este es el marco perfecto, pero queda una última cosa: el mar. Al quedar apartada de los bañistas y contar con esas piedras como arenal, hay poca gente, sí, pero el agua también es más cristalina.
Los islotes
Si bien no hay muchos bañistas tumbados al sol, sí se ven varios dentro del agua. Los aficionados al snorkel encuentran aquí un lugar ideal para explorar el fondo marino con relativa facilidad.
Y ya para los nadadores de fondo e instagramers, la imagen de postal: los pequeños islotes que hay frente a la Cala Margarida y que también tienen su protagonismo.
Tienen nombre, como cualquier isla. La Negra y la Figuera Borda son los más populares. ¿Tienen interés? Submarino e histórico.
Explorar la zona
Estos islotes no son más que peñascos en medio del mar. Eso sí, dan una silueta muy peculiar a una zona ya de por sí particular de Palamós, reforzando la imagen marinera de Cala Margarida.
Luego el visitante puede seguir explorando la ciudad o tomar el Camí de Ronda que bordea el Cap Gros y descubrir otras calas cercanas. O, si no, descubrir los bares y restaurantes del paseo y disfrutar de las vistas.
Cómo llegar
Lo curioso es que sea un lugar tan apacible, y más cuando se llega tan fácilmente. La cala está a menos de 45 minutos de Girona. Se toma la C-65, se enlaza con la C-31 y se llega hasta Palamós.
Desde Barcelona no es mucho más: una hora y media. No es necesario ir por la AP-7, también se puede acceder por la C-32. Una vez en el municipio, hay que ir hacia el puerto Marina de Palamós y el entorno del Cap Gros, donde se encuentra la Cala Margarida.
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