El camino avanza sin pausa entre pistas forestales amplias, con la tierra seca crujiendo bajo las botas y el calor de Lleida pegado a la piel en los tramos más expuestos.
Nada hace sospechar lo que espera al final, hasta que aparece un banco de madera y, justo detrás, el vacío. El Mirador del Balconet se revela así, sin avisos previos, de golpe.
El pueblo como tal desapareció en 1970, cuando se fusionó con el municipio vecino de Avellanes para formar Les Avellanes i Santa Linya, aunque el entorno que rodea el mirador sigue siendo tan despoblado y silencioso como entonces.
Dónde dejar el coche
Para iniciar la ruta hacia el Mirador del Balconet conviene aparcar en una zona habilitada en un camino de tierra justo pasado el pueblo de Santa Linya.
El espacio es reducido y no caben muchos coches, así que si está completo, lo más correcto es dejarlo en el propio pueblo o en algún punto que no entorpezca el paso de vecinos o trabajadores del campo.
Una ruta fácil para toda la familia
El recorrido total es de 6,95 kilómetros ida y vuelta, con una duración aproximada de 2 horas.
La dificultad es baja, sin tramos complicados, lo que convierte esta excursión en una opción perfectamente para compartir en familia. El camino discurre por una pista forestal amplia que acompaña en todo momento, con el paisaje cambiando poco a poco a medida que se avanza.
El camino de ida, sin pérdida
Tras aparcar, justo enfrente aparece una casa de piedra y una bifurcación: hay que coger el camino de la derecha, dejando la casa a la izquierda.
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Desde ahí, la pista se extiende ancha y clara durante un buen rato, con algunas subidas puntuales que son cortas y no presentan dificultad real.
A lo largo del trayecto hay postes de madera con señales que indican la distancia restante hasta el mirador, una ayuda útil para calcular cuánto queda. El recorrido se hace ameno y, según quienes lo han hecho, más rápido de lo que su distancia podría sugerir.
La llegada al balcón sobre el vacío
Después de aproximadamente una hora caminando, una pequeña bajada conduce hasta un banco de madera, la señal inequívoca de haber llegado.
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Junto a él hay paneles informativos sobre la fauna y la flora de la zona, y justo al lado, una estructura de madera hace de barrera de protección frente al acantilado.
Desde ese punto exacto se abre un paisaje con el río pasando justo por debajo, montañas y vegetación a ambos lados, y con algo de suerte, la silueta de algún ave rapaz sobrevolando el cañón.
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Existe una zona donde se puede avanzar un poco más para ver los acantilados de cerca, aunque hay que tener cuidado, ya que el terreno puede resultar resbaladizo.
Lo que conviene llevar
Durante todo el recorrido no hay ninguna fuente ni lugar donde comprar agua o comida, así que es imprescindible ir preparado, especialmente en los días de más calor.
Un calzado adecuado también es fundamental, dado que algunos tramos de la pista pueden ser irregulares.
El regreso se hace deshaciendo el mismo camino de la ida, sin posibilidad de perderse, y se completa en otra hora aproximadamente.
Cómo llegar
El punto de partida de la ruta está en la población de Santa Linya (Lleida), muy cerca de Balaguer.
El acceso desde Barcelona en coche por la C-31 hacia El Prat de Llobregat, donde se toma la salida 195A para conectar con la autovía A-26 o A-2.
Se continúa por la A-2 en dirección a Lleida hasta Vilagrassa, donde se toma la salida 504 hacia la C-53 en dirección a Tàrrega. Posteriormente, se sigue por la C-12 y la LV-9042 hacia la LV-9043 en les Avellanes i Santa Linya.
El acceso final se realiza en coche hasta la zona de aparcamiento habilitada en el camino de tierra que sale del pueblo. Para quienes no vivan cerca, una buena opción es pasar la noche en Balaguer, a unos 20 minutos del inicio de la ruta.
