Ruinas del monasterio de Vallsanta SAGITARI LLIBRES
Parece Éfeso, pero es Cataluña: las ruinas medievales que transportan a la Turquía romana
El aislamiento del entorno y la estampa de los muros derruidos e integrados en el paisaje natural confieren al lugar esa atmósfera romántica
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El eco de la piedra antigua bajo el cielo abierto posee la capacidad singular de evocar parajes remotos y civilizaciones extintas.
Son muchos los conjuntos monumentales desnudos por el mundo. Los restos de muros y las arcadas expuestas a los elementos recuerdan de inmediato a grandes yacimientos como las célebres ruinas clásicas de Éfeso.
Eso es lo que sucede con la imagen de Santa Maria de Valldaura, cuyos restos crean un escenario de solemnidad mineral y columnas desprovistas de techumbre que recuerdan a los vestigios de la Turquía grecorromana.
En realidad, nada tienen que ver. Esta antigua iglesia catalana forma parte de una época mucho más reciente. Sus paredes forman parte del patrimonio medieval catalán.
Un monasterio especial
No queda mucho, apenas un antiguo cenobio cuyo devenir histórico difiere notablemente del de otros monasterios de la época. Aun así, la relevancia de este enclave es otra.
Si bien no está tan famoso ni concentró tanto poder como Poblet, este templo desempeñó un papel estratégico durante un episodio determinante de la historia. Y eso que era un monasterio femenino, algo muy denostado y poco común en la época.
Legado cisterciense
La trayectoria del lugar comenzó a dibujarse a partir de una drástica reorganización territorial de la orden del Císter.
El origen de la comunidad se hallaba originalmente en el monasterio de la Bovera, un establecimiento situado en las proximidades de Guimerà.
Monasterio de Vallsanta WIKIPEDIA
Las duras condiciones climáticas y geográficas de aquel emplazamiento primitivo comprometían la subsistencia y el crecimiento de las religiosas, lo que forzó a tomar la decisión de abandonar el recinto a principios del siglo XIII.
En el año 1231 se materializó la partición de la comunidad en dos grupos diferenciados con el fin de asegurar su viabilidad.
Refugio de monjas
Mientras una de las facciones permanecía en las tierras del valle esperando la edificación de un nuevo asentamiento definitivo, la otra parte de las monjas se trasladó hacia el norte, estableciéndose de forma provisional en las tierras de Santa Maria de Valldaura.
Este traslado convirtió al austero edificio en un refugio indispensable y en el eje de una transición institucional que cambiaría el mapa monástico de la región. Fue un periodo breve, pero decisivo.
Autorización papal
El monasterio funcionó como un santuario temporal mientras se gestionaban y avanzaban las obras de una sede definitiva en el Urgell, que recibiría el nombre de Vallsanta.
Los trabajos de construcción de este nuevo núcleo comenzaron hacia el año 1235 y, al cabo de poco tiempo, la comunidad obtuvo la pertinente autorización papal para unificarse de nuevo en el nuevo edificio.
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De este modo, la estancia en las tierras norteñas concluyó gradualmente a medida que las religiosas consolidaban su presencia en Vallsanta, que se erigió en el verdadero motor económico y espiritual de la orden en esa zona.
Durante las centurias siguientes, el destino de la comunidad ligada a este éxodo conoció tanto el esplendor como la decadencia.
Aportaciones reales
En los siglos XIII y XIV, el nuevo monasterio de Vallsanta experimentó una etapa de notable prosperidad, llegando a albergar a varias decenas de monjas y atrayendo el patronazgo de la alta nobleza y de la propia Corona de Aragón.
Destaca en los registros históricos la aportación económica efectuada por el rey Jaime I, destinada de manera específica a la edificación del claustro de la nueva sede.
Epidemias y otros desastres
Sin embargo, la crisis bajomedieval, marcada por severas epidemias y crisis demográficas, afectó profundamente a la estabilidad del cenobio, obligando a las religiosas a abandonar las instalaciones temporalmente en el siglo XV.
La despoblación y la paulatina escasez de vocaciones debilitaron la estructura hasta que, en 1589, las últimas monjas fueron reubicadas definitivamente por decreto de las autoridades cistercienses.
Monasterio de Santa Maria de Vallsanta SOM SEGARRA
La marcha definitiva de la comunidad sumió al asentamiento originario de Santa Maria de Valldaura en un prolongado proceso de abandono y olvido, quedando eclipsado por las crónicas de sus sedes sucesoras.
En la actualidad, las estructuras supervivientes muestran la sobriedad propia de la arquitectura románica y cisterciense, caracterizada por naves desnudas, arcos de medio punto con sólidas dovelas y paramentos de piedra que resisten el paso del tiempo.
Un recuerdo evocador
El aislamiento del entorno y la estampa de sus muros derruidos e integrados en el paisaje natural confieren al lugar esa atmósfera romántica y arqueológica que transporta idealmente al viajero a los paisajes monumentales de la antigüedad clásica.
Sus muros, sus arcos, su pasado parecen no querer marcharse. Como la Biblioteca de Celso de Éfeso, sus restos se mantienen firmes, imbatibles, oponiendo resistencia al paso del tiempo y al olvido.