Carretera de curvas CANVA
La carretera de los Pirineos más bonita y de las mejores del planeta: tiene 170 curvas, 50 kilómetros y las mejores vistas a más de 2.000 metros
A esa altitud, el viaje gana vistas: los bosques, las laderas y los prados se abren y el paisaje se vuelve cada vez más amplio
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No todas las carreteras con curvas son un infierno. Si bien no son idóneas para aquellos que se marean fácilmente, muchas de ellas recorren paisajes increíbles y sólo por ello ya merece recorrer estas vías.
Cataluña tiene muchas de estas carreteras, algunas van por la línea de la costa, pero con el calor del verano, nada mejor que hacer una ruta en coche por la montaña. Para hacerlo, hay una propuesta interesante, La C-28, que une Vielha con Esterri d’Àneu por el Port de la Bonaigua.
Conocida por muchos porque en invierno es una de las que más veces permanece cortada por la nieve, esta carretera de alta montaña tiene una de las mejores vistas de Cataluña.
Lo hace a través de un trazado muy serpenteante, con 170 curvas en menos de 50 kilómetros. Asimismo, se eleva hasta los 2.072 metros lo que permite disfrutar de bellos paisajes abiertos sobre el valle, razones suficientes que explican buena parte de su fama como ruta escénica.
El atractivo de la ruta
Su atractivo está en que combina conducción entretenida, cambio continuo de paisaje y una sucesión de pueblos araneses con mucho patrimonio, especialmente románico.
Todo en una de las comarcas más particulares de Cataluña, la Vall d’Aran, la única con clima atlántico de toda la comunidad autónoma, y sin estar cerca de ese océano. ¿Es eso lo que hace bonita a esta vía? En parte.
Conexión de altura
La C-28 suele considerarse una de las carreteras más bellas de los Pirineos porque sube de forma progresiva hasta el Port de la Bonaigua y ofrece, durante buena parte del recorrido, panorámicas despejadas del valle y de las montañas que lo encajonan.
Este paso conecta el Valle de Arán con el Pallars Sobirà y supera los 2.000 metros. A esa altitud, el viaje gana vistas: los bosques, las laderas y los prados se abren y el paisaje se vuelve cada vez más amplio, con una lectura clara del relieve pirenaico.
El gran hito del trayecto es el Port de la Bonaigua, donde la carretera alcanza la cumbre y donde hay grandes aparcamientos, un café-restaurante emblemático y el acceso a la estación de Baqueira-Beret.
Desde este punto la panorámica sobre la Vall d’Aran y los Pirineos se vuelve espectacular. No solo se ven los paisajes, sino toda la ruta serpenteante que se ha recorrido y que queda por recorrer.
Una comarca particular
En este camino se pasa por grandes bosques abiertos y se contemplan las numerosas cumbres que rodean la Vall d’Aran, lo que permite entender que este sea un destino ideal para el turismo de naturaleza y montaña.
Por muchos de ellos, se pasa al recorrer ese tramo de la C-28. La carretera atraviesa o conecta varios de los pueblos más representativos de la Val d’Aran, una comarca que reúne 33 núcleos y que conserva un fuerte carácter alpino y patrimonial.
Por dónde pasa
Entre ellos destacan Vielha, Betren, Escunhau, Garòs, Arties, Salardú, Gessa, Unha, Tredòs, Baquèira y, más arriba, la zona de Montgarri, además de otros núcleos próximos al eje de la carretera.
Entre las poblaciones que se ven en esta ruta en coche está Vielha, la capital de la comarca y el gran núcleo de entrada al valle. Le siguen Betren y Escunhau, que conservan el ambiente de pueblo aranés tradicional, con calles estrechas y arquitectura de montaña.
Un ciclsta en Baqueira Beret EP
Más arriba, Arties destaca por su imagen de postal y por su iglesia de Santa María, uno de los hitos del románico aranés. Merece igual una parada Salardú, muy conocida por la iglesia de Sant Andrèu, también de gran valor histórico.
Menos conocida es Unha, que completa ese pequeño corredor patrimonial donde la carretera permite enlazar paisaje y arte románico en pocos kilómetros.
El punto más alto
Ya en la zona alta, Baquèira es la zona más conocida, especialmente por la estación de esquí a la que van los reyes y los pijos catalanes. Asimismo, Tredòs funciona como antesala de la subida final hacia la Bonaigua.
La parte más espectacular del recorrido llega en el ascenso al Port de la Bonaigua, donde la carretera se retuerce en curvas enlazadas y herraduras hasta alcanzar los 2.072 metros y empieza el descenso hasta Esterri d’Aneu, ya en el Pallars y de una belleza única.