Cataluña cuenta con algunas de las carreteras más espectaculares del noreste peninsular. El problema es que algunas de ellas son completamente sinuosas, no aptas para quienes se marean fácilmente.
En Barcelona hay varias de estas. La más conocida es, además, una de las más siniestras de Cataluña. Allí se concentra una de las leyendas más inquietantes del territorio.
Es contradictorio. Una de las rutas con una historia más oscura es también una de las más bonitas del mundo.
Lo es por sus vistas. La vía une Castelldefels y Sitges. Es, los catalanes ya lo sabrán, la antigua carretera del Garraf, la C-31.
Pocos kilómetros, muchas curvas
Se trata de un tramo corto de 23 kilómetros de longitud con 86 curvas y giros. En algunos de ellos hay áreas de descanso y parada para poder observar las vistas al Mediterráneo desde los acantilados por los que circula.
Su fama, además, es histórica. Durante años, la C-31 fue la única vía de conexión entre Castelldefels y Sitges, pero también el lugar donde se concentraban motoristas y conductores para realizar carreras ilegales.
Una carretera de película
Esta temeridad, prohibida por ley, acabó con muchas vidas. Una de las primeras razones que tiñen de negro la belleza de la carretera.
Eso no quita que, durante años, numerosas publicaciones especializadas en motor la destacaran entre las mejores carreteras de España para recorrer en coche o moto.
La carretera serpentea entre los imponentes acantilados del Parque Natural del Garraf, siempre con el Mediterráneo como telón de fondo. Un paisaje de película. Literalmente.
Sin ir más lejos, Daniel Monzón utilizó esta ruta como escenario para la adaptación cinematográfica de Las leyes de la frontera, de Javier Cercas. Pero no ha sido la única.
Espacio promocinado
La carretera ha sido escenario de otras producciones cinematográficas, anuncios e incluso series. Todo por su espectacular combinación de peligrosidad y belleza paisajística. Algo que la Garraf Film Commission promociona como localización para producciones de todo tipo.
Pero si algo ha alimentado la fama de esta carretera más allá de sus paisajes son las leyendas que circulan a su alrededor. Más concretamente, la de la "niña de la curva".
La leyenda de la niña de la curva
Cuenta el relato popular que su nombre es Melinda y que se aparece junto a la carretera durante la noche haciendo autostop. Algunos conductores aseguran haberla visto.
Dicen que la menor también aparece caminando sola en alguna de estas curvas, siempre pidiendo ayuda.
Carretera del Garraf
En algunas versiones, la niña desaparece al subir al vehículo. En otras, la historia es mucho más tétrica, porque la menor cuenta todo lo que le pasó.
Melinda habría nacido tras la muerte de su madre, vivido en una casa cercana a Jafra, un pueblo abandonado próximo al Garraf, y caído en un pozo. Otra versión sostiene que murió trágicamente cuando viajaba con su padre por esta carretera.
Relatos sin pruebas
Tras señalar la curva del suceso, ya sea para advertir al conductor de que extreme la precaución o para indicar el lugar del accidente, la niña desaparece. Según la leyenda, cuando el conductor mira hacia atrás para comprobar qué ha ocurrido con ella, pierde el control del vehículo y cae al mar.
Obviamente, como ocurre con tantas leyendas de carretera repartidas por Europa, nunca ha existido ninguna prueba que confirme estos testimonios. En cualquier caso, el relato ha pasado de generación en generación.
Qué se puede ver en el trayecto
Lo que sí se puede ver durante el recorrido son acantilados, playas escondidas y el perfil del Mediterráneo. También se encuentra el singular conjunto arquitectónico de las Bodegas Güell, en Garraf, una de las obras más llamativas vinculadas a Gaudí.
El propio Parque Natural del Garraf ofrece numerosas rutas senderistas que parten desde distintos puntos cercanos a la carretera y permiten explorar cuevas, dolinas, barrancos y antiguos caminos rurales que atraviesan el relieve kárstico y las montañas calizas del macizo.
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