Al tener 600 kilómetros de costa, Cataluña no solo cuenta con muchas playas, sino también con numerosos paseos marítimos. Pero en Girona la situación es algo distinta.
Lo habitual en la Costa Brava es recorrer el Camí de Ronda y sus acantilados. Pocas localidades están conectadas realmente por un paseo marítimo como tal. Aunque hay excepciones.
Una de ellas es la que se encuentra entre Castell-Platja d’Aro y S’Agaró. Aquí el sendero costero deja de ser abrupto y escalonado para convertirse en un recorrido llano, tranquilo y elegante.
En realidad, este tramo forma parte del Camí de Ronda, aunque aquí adquiere una apariencia diferente. Se nota, además, que fue concebido pensando ya en el turismo. Fue proyectado en el primer tercio del siglo XX como una intervención paisajística vinculada al desarrollo residencial de S’Agaró.
Lejos del Camí de Ronda
La idea era crear un recorrido junto al mar que respetara el relieve del acantilado y, al mismo tiempo, ofreciera una experiencia de paseo ordenada, continua y visualmente coherente.
El resultado es un camino de trazado preciso, con escaleras suaves, tramos de piedra, balaustradas y pequeños miradores que se adaptan al terreno sin imponer grandes modificaciones topográficas.
Cambio de cara
La sensación no es la de caminar por un litoral salvaje, sino por un borde costero interpretado arquitectónicamente, donde cada curva del paseo abre una nueva perspectiva sobre el Mediterráneo.
A lo largo del recorrido, el paisaje cambia de escala con frecuencia. Hay tramos en los que el camino se eleva sobre el acantilado y permite contemplar el perfil de la costa, mientras que en otros desciende hasta casi tocar el agua.
Paseo Marítimo de Platja d'Aro
Esa alternancia hace que el paseo funcione como una sucesión de escenas: pequeñas calas, afloramientos rocosos, fondos transparentes, estrechas franjas de arena y vegetación mediterránea que se acerca hasta el borde del mar.
Las playas y calas que acompañan este tramo no son grandes extensiones urbanas, sino espacios más recogidos, encajados entre la roca y concebidos para una relación directa con el entorno.
Qué ver
En los días despejados, el agua muestra tonalidades muy claras y fondos rocosos que refuerzan la sensación de proximidad con el paisaje marino. El paseo permite ir descubriéndolos poco a poco, sin que ningún elemento rompa el equilibrio general del conjunto.
La arquitectura es uno de los rasgos que más definen este sector de la Costa Brava. Aquí destacan las villas residenciales construidas desde principios del siglo XX.
Las villas de S'Agaró
Predominan las construcciones de piedra vista, los muros encalados, las cubiertas de teja y los jardines con piscina. No son precisamente viviendas al alcance de cualquier bolsillo.
Entre las referencias más reconocibles se encuentra S’Agaró Vell, concebido como un conjunto residencial unitario.
Paseo marítimo de S'Agaró
Aquí, las viviendas se distribuyen siguiendo la línea del acantilado y manteniendo la continuidad visual del paseo.
A medida que avanza el recorrido aparecen casas con amplios jardines, algunos visibles desde el propio camino. En determinados puntos, el Camí de Ronda y su estética se imponen, con las copas de los árboles acercándose al borde del sendero.
Dónde comer
Tampoco faltan los restaurantes y algunos locales de ocio, especialmente en la zona de Platja d’Aro. En ellos se pueden degustar platos marineros como la fideuá, las paellas o el pescado fresco.
Y cuando cae la noche, algunos de estos establecimientos sirven cócteles y combinados que prolongan la actividad más allá de las horas de playa.
Cómo llegar
Mucha gente de Girona se acerca allí durante el verano, tanto de día como de noche. Está a poco más de media hora por la C-65.
Esta carretera constituye también el tramo final del viaje desde Barcelona. Para llegar, se toma la AP-7 y posteriormente la salida hacia la C-35, que enlaza con la mencionada C-65. El trayecto suele durar alrededor de una hora y media, siempre que el tráfico lo permita.
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