Vistas de La Llacuna PENEDÈS TURISME
El pueblo más enigmático de Cataluña: ruinas medievales, monasterios abandonados, pinturas prehistóricas y muchas fuentes
El municipio cuenta con castillo documentado desde el siglo X, una pieza clave en la defensa de la zona
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Ciertos pueblos consiguen condensar historia, patrimonio y naturaleza. Suelen estar en zonas de montaña o cerca de ellas. En Cataluña, por ejemplo, siempre se piensa en los Pirineos. La provincia de Barcelona también esconde algunos de ellos. Está en el interior, sí, pero no en el Montseny, sino en L’Anoia.
En esta comarca catalana se halla La Llacuna, un pueblo de 52 kilómetros cuadrados que se extiende por el bosque circundante y que alberga un patrimonio de relevancia histórica. Y solo cuenta con menos de 1.000 vecinos.
Sus habitantes viven en un antiguo núcleo medieval que, como muchos otros, está dominado por una fortaleza: en este caso, el castillo de Vilademàger, principal símbolo monumental del municipio.
Esta fortificación, documentada desde el siglo X, fue una pieza clave en la defensa de la zona. Separaba los condados cristianos de los territorios de Al-Ándalus.
Dónde está
Se construyó sobre una colina, a 700 metros de altitud, y, a pesar de que han pasado cerca de mil años desde entonces, el conjunto conserva lienzos de murallas, baluartes y una singular torre de homenaje de planta circular.
No está en el centro, sino a las afueras del municipio, pero existen varias rutas de senderismo que conducen hasta él. Vale la pena.
La plaza y sus fuentes
Lo que sí se encuentra en el núcleo urbano es el casco antiguo, cuyo entramado de calles gira en torno a su plaza Mayor porticada, que funcionó durante siglos como epicentro de ferias y mercados.
Pero si hay algo que sorprende de La Llacuna es su relación con el agua, estando a decenas de kilómetros del Mediterráneo. La riqueza hídrica de su subsuelo se evidencia en las más de 30 fuentes naturales catalogadas que se encuentran en todo el término municipal.
Todas tienen su nombre. Las más conocidas son la Font Cuitora, el Pla Novell, la del Teix, la de les Canals o la de les Clotes, que se encuentran distribuidas a través de una red de caminos de BTT o senderismo.
Estas rutas conectan también con algunas pequeñas ermitas rurales como las capillas de Sant Josep de Rofes y Sant Antoni de les Vilates, pequeños centros de devoción cercanos a masías aisladas de la zona.
Patrimonio de la UNESCO
También, en los alrededores del pueblo, permanece la impronta de las comunidades prehistóricas que poblaron estas montañas. Aunque poco conocidas, constituyen uno de los tesoros patrimoniales más notables y protegidos del lugar.
Las pinturas de Valldecerves forman parte del conocido Arte Rupestre del Arco Mediterráneo de la Península Ibérica, un conjunto distinguido como Patrimonio Mundial por la UNESCO.
Arte rupestre
Se trata de manifestaciones pictóricas de hace miles de años, con motivos de carácter esquemático y representaciones geométricas propias del arte postpaleolítico mediterráneo.
Los trazos conservados en la roca suponen el testimonio material más antiguo de la ocupación humana en esta área.
Iglesia de La Llacuna ANOIA TURISME
Pero si uno quiere más, siempre puede disfrutar de la sierra de Ancosa, donde se esconde un antiguo monasterio cisterciense abandonado: el monasterio de Santa Maria d’Ancosa.
Apenas queda mucho de él. Fundado en el siglo XII, su vida fue muy efímera debido a la persistente escasez de recursos hídricos, ya que en aquella época no se había aprovechado plenamente la riqueza del agua del subsuelo.
Monasterio abandonado junto a un árbol
Los monjes se vieron obligados pronto a abandonar definitivamente el cenobio y el templo empezó a deteriorarse. Ahora apenas quedan vestigios de la iglesia. Se observan algunas dependencias comunitarias y antiguas canalizaciones de captación hidráulica.
Y, cerca de allí, un elemento natural que da fama a la sierra: el Roble de Ancosa, un árbol centenario catalogado por sus proporciones extraordinarias.
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Las fiestas
Opciones para conocer este desconocido pueblo hay. Aunque siempre se puede optar por visitarlo durante alguna de sus festividades tradicionales, en las que los bailes populares, los desfiles de gigantes, el bestiario de fuego y las agrupaciones musicales son protagonistas.
Puede ser en la Fiesta Mayor, pero también en la Feria de Sant Andreu o en la Muestra de Embutidos y Vinos de Altura, donde se puede degustar producción artesanal de chacinería, carquinyolis y caldos de montaña.
Cómo llegar
Se puede llegar en coche desde Barcelona tomando la AP-7 y saliendo hacia Vilafranca del Penedès. Allí se enlaza con la C-15 en dirección Igualada y, a la altura de Sant Pere de Riudebitlles, aparecen los desvíos hacia la BP-2121 y posteriormente la BP-2126 hasta el municipio. Se llega en aproximadamente una hora.
Desde Tarragona el trayecto es de unos quince minutos más. En ese caso se circula por la A-27 en dirección Valls hasta el desvío hacia Igualada por la C-37. En las proximidades de Igualada se toma la C-15 o las vías locales que enlazan con la BP-2121 y la BP-2126 hasta La Llacuna.