La Asamblea Regional de Murcia, uno de los edificios modernistas más feos de España.jpg
El edificio modernista más feo de España: una copia de Gaudí de 831 metros cuadrados, críticas y polémica
El arquitecto quiso inspirarse en la famosa Pedrera de Barcelona y el fracaso fue sonado
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Inspirarse en los más grandes no siempre sale bien. Que se lo digan a Rafael Braquehais, un arquitecto que, fascinado por Gaudí, erigió uno de los edificios modernistas más feos de España.
La idea era buena; la base, también. El modernismo catalán es uno de los movimientos arquitectónicos más influyentes y admirados de la historia. Antoni Gaudí es su figura más representativa, pero también estuvieron Domènech i Montaner, Puig i Cadafalch, Jujol y tantos otros.
A todos ellos, la historia les salió bien. A Braquehais, indudablemente, no. En su intento de emular el modernismo fracasó. Y de qué manera.
Nacido en Cartagena, el arquitecto había soñado con dejar una huella duradera en su ciudad natal. Lo hizo, pero no precisamente por las razones que esperaba.
Formación
Lo hizo todo para conseguirlo. Se formó en Murcia y Madrid, donde adquirió las herramientas necesarias para acometer proyectos importantes. Los llevó a cabo en diferentes ciudades de España y con éxito.
Su fama fue creciendo y, en 1970, acabó siendo nombrado arquitecto municipal de Cartagena. Y allí todo cambió.
Idea soñada, idea fallida
Con su nombramiento, Braquehais quiso hacer algo para agradecérselo a la región. Así comenzó su obra más ambiciosa y la que le daría peor fama: la Asamblea Regional de Murcia.
Inspirado por los edificios más emblemáticos de Gaudí, como la Casa Batlló o La Pedrera, el cartagenero intentó crear una obra que estuviera a la altura del modernismo catalán, pero el resultado fue muy diferente al esperado.
Fachada de uno de los edificios más feos de España, la Asamblea Regional de Murcia
Todavía hoy, el edificio, situado en la avenida Alfonso XIII de Cartagena (Murcia), está considerado uno de los más feos de España.
La fachada, adornada con una escultura alegórica y decorada con azulejos y amplias zonas acristaladas, no logra transmitir la esencia del modernismo gaudiniano.
Mal ejemplo
A pesar de los esfuerzos por dotar al interior de un ambiente grandioso, con una ostentosa escalera de mármol y mosaicos marinos, la sensación general es que el edificio falla a la hora de captar la esencia de su inspiración.
Todo lo que podía salir mal salió peor. Lejos de convertirse en una obra maestra, la Asamblea Regional de Murcia acabó siendo un ejemplo de cómo la imitación sin una visión clara puede conducir al fracaso.
Las críticas
La prensa especializada fue particularmente crítica con el edificio. Los expertos destacan que, aunque Braquehais intentó emular a Gaudí, carecía de la capacidad necesaria para reinterpretar el modernismo de manera original.
Su uso excesivo de mosaicos y formas curvas, en lugar de crear armonía, generó una sensación de confusión visual que no ha sido bien recibida ni por los expertos ni por el público.
Interior de la Asamblea Regional de Murcia
La fachada, en particular, ha sido objeto de numerosas burlas, ya que muchos la consideran un intento fallido de imitar las sinuosas formas de La Pedrera.
El interior del edificio tampoco ha logrado redimir su imagen.
Cómo es el edificio
Aunque se intentó dotar de majestuosidad al hemiciclo con elementos neoclásicos y naturalistas, el resultado fue un espacio que no consigue transmitir la solemnidad que debería caracterizar a una institución parlamentaria.
Los vestíbulos, revestidos con estucados de cal al fuego, y los mosaicos que intentan evocar la conexión de Murcia con el mar tampoco han logrado el impacto deseado.
Arquitecto retirado
Para Braquehais, este proyecto representaba el sueño de su vida, pero las críticas fueron demasiado para él.
Desencantado por la recepción negativa, el arquitecto abandonó finalmente Cartagena y se retiró a Asturias, donde vive alejado del mundo de la arquitectura.
Fachada de la Asamblea de Murcia
A pesar de haber trabajado en otros proyectos notables, su nombre ha quedado tristemente asociado a la Asamblea Regional de Murcia, un edificio que, pese a sus buenas intenciones, nunca logró el reconocimiento que su creador deseaba.
Sin embargo, la Asamblea Regional de Murcia sí tiene cierto valor: es un recordatorio de que, en arquitectura, la imitación sin alma y sin un sello propio puede conducir al fracaso.