Mura

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El pueblo medieval más escondido de Cataluña: 232 habitantes, calles empedradas y una masía oculta dentro de una roca gigante

Un viaje en el tiempo a menos de 70 kilómetros de la ciudad para caminar entre saltos de agua y descubrir un alojamiento rural único en el mundo

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Hay pueblos que parecen haberse detenido en algún punto del pasado y no haber querido moverse de allí.

Mura es uno de ellos. Las calles son empedradas y estrechas, las casas se aprietan unas contra otras, y el silencio solo lo rompe el agua de alguna fuente cercana.

Lo que hoy es un tranquilo pueblo del Parque Natural de Sant Llorenç de Munt y L'Obac, en la comarca del Bages a unos 70 kilómetros de Barcelona, tiene sus primeras referencias documentadas en el año 978.

Las primeras casas empezaron a levantarse alrededor de la iglesia de Sant Martí, ya mencionada en el año 1088. Desde entonces, Mura ha vivido del cultivo de la uva, del carbón vegetal, de una fábrica textil que cerró en 1964 y, desde que en 1972 se creó el parque natural, del turismo.

Hoy tiene 232 habitantes, pero en temporada alta esa cifra puede acercarse al millar.

El camino empieza en la riera

El recorrido combina dos senderos: la Ruta de la Riera de Nespres y la Ruta Mes de Mil Fonts.

Desde el Centro de Información de Mura se baja hacia la riera, se cruza un puente de cemento y se coge el sendero a la derecha. Presta mucha atención al cartel que pone "CAMÍ" porque más de uno se lo pasa.

A pocos metros aparece un antiguo molino y justo enfrente el Área d'Esplai de la Riera de les Nespres, con barbacoas y mesas de pícnic que en días de buen tiempo ya huelen a leña desde primera hora de la mañana.

Una fuente detrás de otra

Lo que hace especial este camino es el ritmo, una fuente, un poco de subida, otra fuente, un detalle inesperado, otra fuente. Nunca pasa demasiado tiempo sin que haya algo que ver.

La Font de la Mascarosa cae en un hilo fino sobre una mesa de piedra. La Font de la Coma se esconde entre huertos y un gran castaño indica el desvío para no pasársela.

Font de la Mascarosa

Font de la Mascarosa

En el camino aparece también el Fot de Calç, un antiguo horno donde los vecinos extraían cal de la roca calentándola con leña hasta hacerla porosa y frágil. Es el tipo de detalle que recuerda que este paisaje no siempre fue solo para caminar.

Forn de calç

Forn de calç

Luego llega la Font del Foradot, probablemente la más bonita, una cavidad natural excavada por el agua con la fuente en su interior, fresca y recogida. Y cierra el tramo la Font del Formatget, que nace bajo la sombra de un gran platanero antes de que el sendero baje hasta la Iglesia de Sant Martí.

Iglesia de Sant Martí.

Iglesia de Sant Martí.

El pueblo, a medio recorrido

El camino pasa por el centro de Mura, y ese es el momento de parar a comer. Conviene reservar antes de salir porque los restaurantes se llenan rápido los fines de semana.

Después, el recorrido continúa por el paseo paralelo a la Riera de Nísperos, pasando por la Ermita de Sant Antoni (románica y abierta solo el día del santo). Siguiendo hasta el Gorg del Pare, un salto de agua con balsa de considerable belleza, por la Font del Rector y la Font de L'Escolà.

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Una masía del siglo XII dentro de una roca

La segunda parte de la jornada requiere coger el coche. Desde Mura se toma la BV-1223 hacia Pont de Vilomara y a 2,5 kilómetros hay un desvío señalizado. La pista es apta para cualquier vehículo.

Lo que aparece al llegar es difícil de creer hasta que se lo ves, el Puig de la Balma, una masía del siglo XII construida dentro del hueco de una gran roca, con los tejados incrustados en la piedra. Lleva 26 generaciones y combina alojamiento rural, restaurante y un museo sobre los instrumentos tradicionales de elaboración del vino.

Puig de la Balma.webp

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Cómo llegar

Mura está a unos 70 km de Barcelona por la C-16 hasta Manresa y luego por carretera local. El aparcamiento de inicio está junto al Centro de Información de Mura. Para el Puig de la Balma, se sale desde Mura por la BV-1223 hasta el desvío señalizado a 2,5 km del pueblo.

Conviene reservar mesa con antelación tanto en Cal Carter como en el restaurante del Puig de la Balma, especialmente en fin de semana.