Cueva de Montserrat CANVA
La ruta secreta de Montserrat: 8 kilómetros de recorrido con dos cuevas, una roca suspendida y de los mejores miradores naturales de Cataluña
Este sendero menos transitado que condenso en pocas horas todo lo que hace singular a este macizo
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Esta excursión no tiene cumbre. No hay una cruz, ni un pico, ni un final evidente. Su valor está en otra parte: en la transformación progresiva del paisaje y en la manera en que este se revela por capas.
Dos cuevas. Un bosque. Y un arco de piedra que abre el horizonte desde un lugar mágico: Montserrat, una montaña que parece diseñada para exagerar.
Picos que se elevan como dedos de piedra, paredes verticales que cambian de color con la luz del día y senderos que se pierden entre bosques y agujas rocosas.
Pero más allá de los itinerarios más conocidos, existe una ruta menos transitada que condensa en pocas horas todo lo que hace singular a este macizo: bosque, cuevas y uno de los miradores naturales más impactantes de Cataluña.
Una ruta, dos cuevas
La excursión enlaza dos cavidades muy distintas entre sí, la Cova del Cabrit y la Cova de l’Arcada, en un recorrido que parece adentrarse en la intimidad del bosque para abrirse sobre un valle.
El inicio del camino es casi el de una ruta cualquiera, por un bosque de encinas, pinos y senderos de tierra que poco tiene que ver con los dedos rocosos que caracterizan las cumbres de Montserrat.
Sendero para el verano
La roca está cerca, pero aún permanece escondida bajo la vegetación, que ofrece un ambiente silencioso y una sombra constante, perfectos para resguardarse del calor cuando suben las temperaturas.
Es el tipo de inicio que no anticipa lo que vendrá después: un par de cuevas que uno no espera encontrar.
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La primera que aparece es la Cova del Cabrit, una cavidad pequeña, recogida y casi camuflada en la pared rocosa.
Es cierto que no tiene la monumentalidad de otros puntos de Montserrat, pero eso es precisamente lo que la hace distinta y más atractiva. Además, invita al recogimiento en una montaña como esta.
La Cova del Cabrit
Su interior es oscuro y fresco, con una sensación de abrigo natural. A algunos les produce cierta inquietud; a otros les despierta una sensación casi mística, algo habitual en una zona tan vinculada a la espiritualidad.
En cualquier caso, esta cavidad no invita a detenerse demasiado tiempo, pero sí a observar y entender mejor el paisaje.
Del bosque a la roca
A partir de aquí, el sendero gana altura y pierde frondosidad. La roca aparece y se impone con más presencia, mientras el paisaje empieza a insinuar la Montserrat que todo el mundo conoce.
A su vez, el camino se vuelve más expuesto, pero también ofrece mejores vistas. El valle empieza a intuirse entre los claros del bosque.
Montserrat
Entonces, sin previo aviso, aparece la Cova de l’Arcada. No es una cueva al uso, cerrada, sino un gran arco natural que se abre directamente hacia el paisaje. Es una especie de ventana excavada en la piedra.
El impacto es inmediato. La roca forma una especie de marco gigantesco a través del cual se despliega el valle de Montserrat y el relieve del entorno.
La Cova de l’Arcada
La luz, dependiendo del momento del día, transforma el lugar en un espacio cambiante: dorado por la tarde, más duro y contrastado al mediodía, y suave y difuso en los días nublados.
Así se disfruta de dos mundos: el del interior mineral de Montserrat y el del verde paisaje abierto del valle. Eso sí, hay que ir con precaución si se tiene vértigo: aquí no hay barandillas ni estructuras artificiales. Solo roca y vacío. En cualquer caso, no es un mirador construido, es un mirador descubierto.
Cómo llegar
Luego empieza el descenso, que puede hacerse deshaciendo el camino recorrido o por otros senderos. Por opciones no será. Igual que por formas de llegar.
Se puede acceder en coche por la A-2 hasta la salida de Collbató o El Bruc y seguir las indicaciones hasta la zona de Can Jorba, punto de partida habitual de esta excursión. Otra opción es tomar los trenes de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC), bajar en Monistrol de Montserrat y, desde allí, completar el recorrido hasta Collbató o Can Jorba en taxi o autobús local.