El pueblo que inspiró a Ruiz Zafón CRÓNICA GLOBAL
El rincón del Pirineo que conquistó a Ruiz Zafón: a 1.200 de altitud rodeado de lagos, montañas y paisajes de novela
El municipio vivió siglos de transformaciones, desde su fortificación en tiempos medievales hasta su consolidación como uno de los destinos turísticos más importantes de Cataluña
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Aunque haya fallecido, su legado continúa. Carlos Ruiz Zafón es uno de los autores más leídos en lengua española. La sombra del viento se ha convertido ya en un clásico de la literatura española.
En la tetralogía diseñada por el catalán, Barcelona tiene un papel clave en todas las obras, pero no es el único rincón de Cataluña que aparece.
Zafón se enamoró de un pueblo del Pirineo, hoy convertido en ciudad, lleno de lagos, montañas y paisajes de novela, que quiso incluir en sus escritos. Así, Puigcerdà es uno de los escenarios de El Juego del Ángel.
En este libro, el protagonista, David Martín, recorre sus calles, la estación de tren y el emblemático lago de la ciudad. Pero antes que él, fueron otros los que se fijaron en esta región.
Dónde está
Sobre una colina situada a 1.200 metros de altitud, el municipio parece más un pueblo que una ciudad. Sobre todo, por su ubicación y el paisaje que lo rodea.
Puigcerdà ofrece vistas privilegiadas al valle de la Baja Cerdaña, rodeado por el macizo del Cadí y la frontera francesa, y cuenta con una historia de casi un milenio, en la que las leyendas se funden con los hechos reales
Fortaleza
Por su ubicación estratégica, Puigcerdà vivió siglos de transformaciones, desde su fortificación en tiempos medievales hasta su consolidación como uno de los destinos turísticos más importantes de Cataluña. Todo ello aún se respira en sus calles.
Antes de ser la capital de la comarca de La Cerdanya (Lleida), Puigcerdà fue un punto estratégico, un lugar fronterizo tan disputado que se vio obligado a amurallarse.
Puigcerdà CATALUNYA TURISME
A pesar del paso del tiempo y de las distintas guerras que acabaron con las fortificaciones, el visitante todavía puede recorrer la Ronda dels Torreons.
Es cierto: poco queda ya de aquellas grandes torres de defensa. Batallas, bombardeos e incluso terremotos acabaron con estas edificaciones, aunque algunas aún resisten en pie.
Más allá de la guerra
Otro de los lugares de interés del municipio es el campanario de Santa María, que sobrevive como el último vestigio de una iglesia destruida durante la Guerra Civil.
Aunque la riqueza patrimonial de Puigcerdà va mucho más allá de las batallas. Así, uno puede disfrutar del Teatro Casino Ceretà o pasear por las plazas de Santa María y de los Héroes, donde convergen algunas de las arterias comerciales más activas de la localidad.
La estación de tren
Por último, perderse por las calles Espanya, Miquel Bernades y Mayor, repletas de tiendas y cafeterías, es una oportunidad para ver cómo ha cambiado el territorio desde entonces.
Claro que, si eso no es suficiente, uno puede tratar de localizar los diez puntos de la ciudad que aparecen en la novela, como la estación de tren, por ejemplo, que surge casi como un espejismo.
Estación de trenes de Puigcerdà Rodalies de Catalunya
Pero si hay un lugar clave de esta novela y de este rincón del Pirineo es el lago. “Me acerqué al borde y me detuve a contemplar el estanque congelado que se extendía a mis pies. La capa de hielo debía de tener un palmo de grosor y en algunos puntos relucía como cristal opaco…”, detalla el literato en su libro.
En realidad, este lago es artificial, pero sin duda es uno de los espacios más distintivos de la ciudad. Creado como una zona de recreo, se encuentra rodeado de grandes casas señoriales que recuerdan épocas de esplendor.
Un lago especial
En invierno, este espacio se convierte en un espejo helado que atrae tanto a vecinos como a visitantes, quienes disfrutan de la calma que emana de este rincón.
Junto al lago se extiende el Parque Schierbeck, el mayor espacio verde de la localidad, cuyo nombre honra a German Schierbeck, un diplomático danés que eligió Puigcerdà para construir su residencia de verano a mediados del siglo XIX. El parque es hoy uno de los puntos más concurridos y emblemáticos de la ciudad.
El entorno
Y si uno es más de novela romántica que del misterio de Ruiz Zafón, siempre puede aprovechar que se encuentra junto al lago para recorrer el Camino de los Enamorados, una senda que permite disfrutar de un paseo sereno, especialmente atractivo en otoño por sus árboles de hoja caduca.
Este camino se dirige hacia la frontera con Francia y pasa cerca de la iglesia de Sant Jaume de Rigolisa, un templo de estilo neogótico con un campanario de 17 metros de altura que añade un toque pintoresco al recorrido.
Vistas de las montañas de Puigcerdà
Y ya que se ha salido de la ciudad, nada mejor que echar un vistazo a su entorno. Puigcerdà está rodeada por un extenso valle que se extiende hasta los pies de los Pirineos y del macizo del Cadí.
Este espacio, con sus campos de cultivo y pueblos pintorescos, alberga una rica vida rural en la que conviven la ganadería, la agricultura y los pequeños productores locales. En el horizonte, las montañas nevadas y las amplias llanuras ofrecen un contraste que ha cautivado a vecinos y visitantes y que otorga a la comarca un aire de serenidad.
Paisaje cambiante
En invierno, la nieve cubre sus senderos y picos, permitiendo la práctica de deportes como el esquí y el hockey sobre hielo, disciplina que cuenta con un club local fundado en 1956.
Para quienes prefieren explorar la región a pie, el valle ofrece rutas de senderismo por caminos históricos como el Camino de Santiago y el Camino de los Buenos Hombres, que permiten descubrir tanto la historia de los cátaros como la riqueza natural de la zona.
Cómo llegar
Lo mejor de todo es que Puigcerdà está más cerca de lo que uno imagina. A pesar de encontrarse junto a la frontera francesa, el viaje desde Barcelona dura alrededor de una hora y 45 minutos. Lo habitual es tomar la C-16 en dirección al Túnel del Cadí y, una vez atravesado, seguir por la C-162 hasta llegar a la ciudad.
En tren, se puede acceder a Puigcerdà a través de la línea R3 de Rodalies, que conecta Barcelona con la Cerdaña en un viaje de aproximadamente tres horas. Así se llega de forma directa a uno de los escenarios de la novela de Zafón.