Jordi Cruz y su pueblo para pasar el verano CRÓNICA GLOBAL
El pueblo español donde veranea Jordi Cruz: una antigua villa de pescadores de más de 600 habitantes con casas blancas y calas de aguas cristalinas
La localidad gerundense donde el cocinero catalán desconecta lejos de los restaurantes y sus fogones
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La Costa Brava ha sido históricamente el refugio predilecto de artistas, intelectuales y figuras públicas que buscan la esencia más pura del Mediterráneo.
Aunque nombres como Cadaqués o Altea suelen acaparar los titulares cuando se habla de destinos con encanto, existe un rincón en el Baix Empordà que ha logrado preservar su autenticidad casi intacta frente al paso del tiempo.
Se trata de Calella de Palafrugell, la localidad que el chef Jordi Cruz ha elegido como su particular remanso de paz para desconectar de la intensidad que exigen sus restaurantes en Barcelona y las grabaciones del popular talent culinario MasterChef.
Cuando el calendario laboral se lo permite, especialmente tras el reciente arranque de una nueva edición del programa junto a Pepe Rodríguez y la incorporación de Delicious Martha, el cocinero catalán suele refugiarse en esta localidad gerundense.
Refugio de Jordi Cruz
No es extraño verle paseando por sus calles blancas junto a su pareja, la arquitecta Rebecca Lima, integrándose en un paisaje que parece haberse detenido en la época en que la pesca era el motor principal de la región.
Calella de Palafrugell está a apenas treinta minutos de la capital de la provincia y mantiene una población estable de unos seiscientos habitantes durante todo el año. Su pulso, eso sí, se acelera con la llegada del periodo estival sin perder por ello su atmósfera serena.
Vida en Calella
El corazón de este enclave late con fuerza en el casco antiguo y, de manera muy especial, en la playa de Port Bo. Conocida popularmente como la playa de las barcas, este espacio es el símbolo máximo de la fisonomía del pueblo.
Allí, las lanchas de los pescadores descansan todavía sobre la arena, justo frente a las fachadas encaladas y los icónicos soportales de Les Voltes. Estos arcos abovedados, que en el pasado servían de refugio y mercado para los marineros, ofrecen hoy sombra a los visitantes que recorren la primera línea de costa.
Calella YOUTUBE
La orografía de Calella es un catálogo de pequeñas calas y espacios para el baño que se suceden entre acantilados y pinos.
Muy cerca del centro se encuentran playas urbanas como Port de Malaespina, la Platja d’en Calau o la La Platgeta. Hacia el norte, el paisaje se abre ligeramente en la playa del El Canadell y Els Canyers, que ofrecen algo más de espacio para los bañistas.
Playas y calas
Para obtener una perspectiva completa de este conjunto arquitectónico y natural, el mirador de Manel Juanola i Reixach y la Punta dels Burricaires se erigen como puntos estratégicos desde donde se divisa el caserío blanco recortado sobre el azul intenso del Mediterráneo.
Más allá del baño y el descanso, Calella de Palafrugell ofrece una conexión profunda con la naturaleza a través del Camino de Ronda Costa Brava.
Exploración natural
Esta senda litoral es el principal aliado de quienes prefieren la actividad física, uniendo el pueblo con Llafranc y los Jardines de Cap Roig. Durante el recorrido, el caminante descubre calas escondidas de gran belleza, como la cala del Golfet, una pequeña joya rocosa situada a los pies del Espacio Natural Protegido de Castell-Cap Roig.
La playa de las Roques de Calella CALELLA FILM OFFICE
Es precisamente en este entorno donde se ubican los jardines botánicos de Cap Roig, un espacio con más de mil especies vegetales que sirve de escenario para el prestigioso Festival de Cap Roig.
La herencia histórica del municipio no solo se refleja en su arquitectura pesquera, sino también en el llamado camino de los Americanos, que une Calella, Llafranc y Llofriu. Esta ruta celebra el legado de aquellos emigrantes que cruzaron el Atlántico para hacer fortuna en Cuba y regresaron para dejar su huella en la cultura local.
Influencia cultural
Esta influencia se mantiene viva incluso en la música popular, con canciones que recuerdan la época indiana y que suelen entonarse en las calas íntimas del municipio tras una jornada de sol.
En el ámbito gastronómico, un terreno que Jordi Cruz conoce a la perfección, la zona destaca por su respeto al producto local y a la cocina del Empordà.
Gastronomía local
Las aguas cristalinas no solo invitan a practicar deportes acuáticos como el kayak o el esnórquel, sino que proveen la materia prima para platos emblemáticos como el suquet de peix, un guiso de pescado con patata y caldo potente enriquecido con una picada tradicional.
Los restaurantes locales también son especialistas en arroces marineros, arroz negro elaborado con pescado de roca y marisco, y las tradicionales fideuás.
Vista aérea de Calella de Palafrugell CALELLA FILM OFFICE
El paseo por el casco histórico revela un entramado de calles angostas y peatonales, como las de la Gravina o Les Voltes, donde las buganvillas adornan las fachadas blancas.
Cultura y tradición
Caminando sobre los adoquines se llega a la iglesia de Iglesia de Sant Pere de Calella de Palafrugell, una construcción modesta de torre cuadrada y nave única que sigue la tradición del blanco local.
Más allá de su valor artístico, este templo es reconocido por su excelente acústica, lo que lo convierte en la sede idónea para los conciertos estivales de las Juventudes Musicales de Palafrugell, una oferta cultural que explica por qué este rincón de la Costa Brava se ha convertido en el refugio predilecto de uno de los chefs más reconocidos del país.