El refugio de Lydia Bosch CRÓNICA GLOBAL
El refugio de Lydia Bosch: un pueblo de menos de 67.000 habitantes, cuna de la aviación española y con pozos artesianos desde 1893
Esta mezcla de villa-ciudad tiene una identidad que bascula entre el desarrollo agrario y turístico
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Lejos del ruido televisivo y de una carrera pública que la convirtió en un rostro muy conocido, Lydia Bosch conserva un refugio de origen en El Prat de Llobregat, a escasos kilómetros de Barcelona.
Aquí no la conocen por su nombre artístico, sino por el real, Lydia Boquera de Buen, “la hija de los Boquera”. Bosch fue el apellido artístico que, en su día, le puso el productor de televisión Chicho Ibáñez Serrador.
En cualquier caso, la actriz y presentadora disfruta aquí de una vida tranquila, alejada de los focos y al lado del aeropuerto, algo ideal si tiene rodajes en Madrid.
Tampoco está muy lejos de Barcelona, adonde podría desplazarse tanto en tren como en metro en apenas 15 minutos. Pero esta pequeña ciudad no solo se define por su proximidad a la capital catalana; tiene identidad propia.
Un gran pueblo, una ciudad pequeña
Con 66.474 habitantes, este municipio construye su identidad sobre la húmeda y fértil tierra del Delta del Llobregat. Eso sin contar con su relación con la industria y con una de las infraestructuras aeroportuarias más importantes de España: el aeropuerto de Barcelona.
La ciudad, además, tiene una historia relativamente reciente. La transformación que vivió en 1893 fue decisiva. Fue entonces cuando unas perforaciones realizadas en la plaza de la Vila hicieron brotar agua de un pozo artesiano con una fuerza que sorprendió a los vecinos.
El pozo que cambió todo
Aquel hallazgo marcó un antes y un después en un lugar que hasta entonces dependía en gran medida del secano.
La disponibilidad de agua subterránea permitió transformar los campos del delta y consolidar una nueva fuente de ingresos. Desde entonces, más allá de la ciudad, El Prat se define por el paisaje agrícola que lo rodea y que, con el tiempo, se convirtió en una de las despensas más productivas del entorno barcelonés.
Calle del Prat de Llobregat
Esa herencia agraria sigue presente en la ciudad. El Prat mantiene una relación muy estrecha con el cultivo de hortalizas y con una tradición gastronómica de gran prestigio.
De aquí salen productos como la Carxofa Prat, una variedad de alcachofa cultivada en la zona. A ello se suma el pollo Pota Blava, una raza aviar protegida por una Indicación Geográfica Protegida y muy presente en la cocina local y en la restauración catalana.
La llegada del avión
Todo ello es posible gracias a la combinación de suelos húmedos, sedimentos fluviales y la proximidad al mar de este municipio.
Pero El Prat no se explica solo por la tierra. También fue uno de los lugares donde despegó la aviación española.
De El Prat al mundo
En 1916 se inauguró el aeródromo de La Volateria, antecedente del actual aeropuerto y pieza clave en el desarrollo de las primeras rutas de correo aéreo entre Europa, África y Sudamérica.
Esa dimensión aeronáutica convirtió al municipio en un punto estratégico desde muy pronto, y todavía hoy sigue siendo una de las ciudades más ligadas a la actividad aeroportuaria de todo el país.
Casa Gomis, conocida también como La Ricarda, situada en terrenos afectados por la ampliación del aeropuerto / AJUNTAMENT DE EL PRAT
Por sus pistas pasaron también nombres que forman parte de la historia de la aviación y la literatura, como Antoine de Saint-Exupéry, que volaba para las líneas de Latécoère y hacía escala en el Delta del Llobregat.
Estos elementos son claves para entender un lugar como El Prat. El entorno actual conserva esa dualidad entre naturaleza y actividad aeroportuaria, algo que se aprecia claramente en la zona del río.
El parque natural
Situados junto a las pistas de despegue y aterrizaje, sobreviven todavía espacios naturales protegidos del Parc Natural del Delta del Llobregat, conocido por la presencia de aves migratorias.
También permanece aquí El Semàfor, un edificio del siglo XIX vinculado al control del tráfico marítimo y a la seguridad de la navegación en la costa. Algo que aún sorprende a quienes solo asocian El Prat con el aeropuerto.
Ciudad refugio
De todos modos, ambos elementos recuerdan que El Prat ha sido, al mismo tiempo, territorio de paso, de trabajo y de conservación.
También un refugio entre lo natural y lo urbano junto a Barcelona, algo que atrajo a Lydia Bosch y a su familia.