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La piscina natural donde puedes encontrar lentejas: una balsa con cascada, rodeada de bosques y leyendas
Este paraje era un escondite de hechiceras y seres mágicos que realizaban aquí sus rituales
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¿Es posible encontrar lentejas en una piscina natural como si fueran pepitas de oro? En Cataluña, sí. Al menos si uno se acerca a una de las pozas más sorprendentes del Ripollès: el Gorg de la Malatosca.
El lugar, además, es todo un rincón digno de visita. La revista National Geographic le dedicó hace unos años un artículo destacando su belleza. Lo definía como "una balsa con cascada, rodeada de bosques y leyendas".
Si uno lo piensa, el Gorg de la Malatosca no tiene nada que lo distinga de otras piscinas naturales de Cataluña o de cualquier otro rincón: formaciones rocosas, vegetación frondosa y un salto de agua que alimenta la poza.
Hasta aquí, todo normal. Hasta que un día alguien encontró allí una lenteja. Al menos eso dice una leyenda de la zona que se aleja del cuento de hadas para hablar de brujas. Aunque de brujas buenas.
Qué dice la leyenda
Según la leyenda local, este paraje era un escondite de hechiceras y seres mágicos que realizaban sus rituales en el entorno boscoso que lo rodea.
En una de esas reuniones, una bruja dio a luz con la ayuda de una comadrona, a la que pagó con lentejas. La partera, disgustada por el pago, arrojó las legumbres al río Ter. Al día siguiente, descubrió que una lenteja se le había quedado prendida en el delantal, pero se había transformado en oro.
Piscina con encanto
¿Hay oro en esta increíble piscina natural y de ahí la leyenda? No, pero gracias a este relato la poza adquirió un sobrenombre. También se la conoce como el Gorg de las Brujas.
Aunque esta historia ya es curiosa, el entorno de este pequeño paraje no es menos singular. Su nombre: valle de la Malatosca, del que esta balsa toma su denominación.
Gorg de la Malatosca
Precisamente, para llegar a esta piscina natural hay que recorrer el bosque. El sendero más frecuente para hacerlo es la Ruta del Hierro y del Carbón, una vía verde de 8,5 kilómetros que une Ripoll con Sant Joan de les Abadesses.
El itinerario es fácil y está bien señalizado. Aprovecha el antiguo trazado ferroviario y el terreno está tan bien preparado que permite recorrerlo a pie o en bicicleta, siempre siguiendo el curso del río Ter.
La ruta a la poza
El punto de partida más habitual es la antigua estación de tren de Sant Joan de les Abadesses, desde donde el camino discurre inicialmente por la carretera de Ogassa y se adentra en el valle de la Malatosca. Las indicaciones de madera que jalonan la ruta marcan el desvío hacia la poza.
Llegar hasta ella no requiere caminar mucho. Un recorrido sencillo de unos tres kilómetros entre ida y vuelta, con un desnivel suave, hace que sea apto para la mayoría de visitantes. Durante el camino, además, se cruzan varios puentes de madera sobre el Ter que facilitan la llegada al gorg mientras ofrecen panorámicas del entorno fluvial.
Así, poco a poco, se llega al destino. El arroyo de la Malatosca, afluente del Ter nacido en la sierra Cavallera, es el origen de la poza. El sonido del agua al precipitarse desde la cascada sirve de guía natural hasta llegar a ella.
Área de descanso
Una explanada situada a los pies del salto de agua ofrece la mejor perspectiva de la poza y su cascada, además de mostrar la construcción del antiguo molino situado en la parte alta del torrente.
El entorno está rodeado de bosques de vegetación frondosa que enmarcan la poza y contribuyen a darle un carácter recogido. Alrededor se han habilitado mesas de madera que facilitan la realización de pícnics con vistas a la cascada y la balsa.
Cómo llegar
Cabe decir que en verano siempre hay más gente, pero disfrutar de un baño en el Gorg de las Brujas vale la pena. Está apartado de todo, pero a poco más de una hora y veinte minutos en coche desde Girona. Se va por la C-66 en dirección a Olot hasta enlazar con la C-26 en dirección a Ripoll.
Si se viaja desde Barcelona, la carretera C-17 es la vía más directa hasta Ripoll. Allí se continúa por la C-26 hasta desviarse por la C-38, que lleva a Sant Joan de les Abadesses. Eso sí, desde la ciudad condal el trayecto ronda la hora y cuarenta y cinco minutos.