A Cataluña le sobran los encantos. Hasta los homínidos de la prehistoria pasaron por aquí, y no es una exageración. Prueba de ello es que hay asentamientos del Paleolítico. Luego vinieron los romanos y así hasta hoy.
Hay restos varios por todo el territorio, incluida la Costa Brava. En esta zona del litoral catalán no solo se hallan las ruinas grecorromanas de Empúries, sino también un pueblo que ha enamorado a Chagall, Mick Jagger, Ava Gardner, Velencoso y tantos otros: Tossa.
Este municipio, ideal para recorrerlo a pie, tiene de todo. Desde ruinas prehistóricas hasta vestigios romanos, murallas y castillos medievales, además de calas de aguas transparentes para bañarse y quedar hipnotizado por su azul turquesa.
De ahí que tantos pueblos se asentaran aquí. Uno de los primeros en descubrir sus encantos fueron los romanos, que situaron allí el puerto de Turissa, del que aún se pueden ver algunos vestigios.
Primeros asentamientos
La Vila dels Ametllers es otro antiguo vestigio romano. Se trata de una villa de la época, del siglo I a. C., de la que también se conservan los cimientos y los mosaicos de sus suelos.
Más altas son las murallas que se conservan de la época medieval y del famoso castillo del siglo XII que preside una de las bahías más atractivas de la Costa Brava. Esta fortaleza, erigida a comienzos del siglo XIII, salvaguarda el municipio desde entonces.
Los piratas
El atractivo de la bahía de Tossa y la frecuencia del paso de barcos por sus costas la convirtieron en objetivo de ataques piratas, de ahí que se erigiera la fortificación para combatirlos.
Y lo hizo. Prueba de ello es que la construcción medieval ha logrado mantener prácticamente intacto su perímetro original de murallas almenadas.
Tossa de Mar
Estas estructuras se extienden majestuosamente sobre una prominente formación rocosa, por donde también se despliegan la muralla y sus siete torres, tres de ellas cilíndricas. La más destacada de todas es la Torre d’en Joanàs, que domina la bahía de Tossa.
La Torre de les Hores, ubicada justo en la entrada del patio de armas, le hace sombra. La Torre d’es Codolar o del Homenatge se alza junto al antiguo Palau del Batlle y es actualmente la sede del Museo Municipal. Asimismo, preside la cala es Codolar, una pequeña playa a la que solo se puede acceder desde el recinto amurallado.
Qué ver en Tossa
Pero más allá de su icónico castillo y de las murallas que lo rodean, la ciudad tiene mucho más que ofrecer. Sin ir más lejos, Tossa de Mar alberga el único ejemplo de una población medieval fortificada en la costa catalana.
La Vila Vella ha sido reconocida como Monumento Histórico-Artístico debido a su enorme significado histórico. Dentro del recinto se descubre una pintoresca trama de callejones estrechos, adoquines y una arquitectura encantadora.
Unión con Hollywood
Cabe destacar también la antigua iglesia de Sant Vicenç, edificada en el siglo XV en estilo gótico tardío, el museo municipal y el faro de Tossa.
Y luego queda descubrir su pasado cinematográfico. Por aquí pasaron estrellas de la talla de Elizabeth Taylor, pero, sin duda, la que más marcó a la localidad fue Ava Gardner.
Escultura de Ava Gardner en Tossa de Mar
La ciudad dedicó una estatua a la diva de Hollywood. Por un lado, sirve de homenaje a la actriz y, por otro, recuerda su paso por la ciudad durante el rodaje de Pandora y el holandés errante, película con la que enamoró a los vecinos de Tossa.
Algunos de sus habitantes todavía rememoran esos momentos en los que ellos o sus familiares hicieron de extras en la película. Tampoco faltan quienes comentan las fiestas que organizaba Gardner y la llegada entonces de Frank Sinatra, Mario Cabré y otros personajes famosos.
Otros famosos
Claro que un ciudadano ilustre que sigue yendo es Andrés Velencoso, para algunos, el monumento real de Tossa.
El modelo no solo nació y vive en la ciudad, sino que profesa su amor por ella allá donde va. Algo que contagió a su antigua pareja, Kylie Minogue, a quien le gustaba pasearse por Tossa.
Playas y calas
Pero si por algo sigue apareciendo en todas las guías de verano es, sin duda, por sus calas. La Platja Gran es, directamente, de postal: 370 metros de largo y 80 de ancho, con un paseo marítimo al fondo repleto de tiendas y restaurantes para todos los gustos.
Claro que Cala Pola empieza a hacerle sombra. Aunque esté a cinco kilómetros, llegar hasta allí por el camí de ronda es enamorarse del litoral catalán. Luego, uno puede continuar hacia el norte y dar con Cala Giverola o incluso avanzar un poco más hasta el espacio naturista de cala Futadera.
Cala Giverola
Al sur queda la cala del Senyor Ramon, una estrecha lengua de arena entre elevados acantilados que fascinan. Y, si se quiere caminar menos, más al sur aparecen las calas Llevadó o Es Codolar, ideales para practicar snorkel. Todo esto ha enamorado también a Marc Ribas.
Cómo llegar
Llegar hasta allí es fácil. Desde Girona se llega en menos de 45 minutos. La carretera principal y más directa es la C-65.
Desde Barcelona se tarda media hora más, aproximadamente una hora y cuarto. Hay dos vías de llegada. Por un lado, la AP-7 hasta la salida 9, que enlaza con la C-35 hacia la Costa Brava y, desde allí, seguir por la GI-681. La otra opción es ir por la C-32 y, a la altura de Lloret, continuar por la carretera de la costa, la GI-682, hasta Tossa de Mar.
Noticias relacionadas
- El pueblo catalán con nombre vasco que muchos desconocen: aguas bravas, senderismo, y un castillo declarado Bien de Interés Cultural
- La playa más desconocida de la Costa Daurada: más de un kilómetro de aguas cristalinas, calma y en la desembocadura de un río
- El pueblo marinero que puedes recorrer a pie: origen medieval del siglo XI y tiene una de las obras más peculiares de Gaudí
