Hall del Parador de Lleida PARADORES
El parador español con aire espiritual más espectacular: un convento del siglo XVIII con 53 habitaciones y alta cocina
Con el paso del tiempo también fue sede de la Facultad de Letras, museo y biblioteca; más adelante, fue declarado Bien Cultural de Interés Local
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Cada vez es más habitual dormir en un convento en España, pero pocos tienen los lujos de uno de los paradores más espectaculares de Cataluña.
Está en plena Lleida y es una joya arquitectónica que combina historia, cultura y gastronomía: el Convent del Roser.
Se trata de la particular transformación de un antiguo convento dominico que ahora hace las delicias de los viajeros más sibaritas. Aunque este no ha sido, ni mucho menos, su único cambio de uso.
Desde su inauguración como convento, en pleno siglo XVIII, este edificio ha pasado por etapas muy diversas.
Recuerdos del pasado
Ha sido refugio espiritual y residencia de clérigos, museo, universidad e incluso biblioteca. Y, a pesar de todo, mantiene buena parte de su estructura original, ahora reconvertida en parador.
El nuevo establecimiento hotelero ha sabido conjugar las antiguas paredes del edificio con servicios modernos, como salas de reuniones para eventos, gimnasio e incluso la cocina de un exquisito restaurante.
Las reformas
La transformación ha sido un proceso singular y, para muchos vecinos de Lleida, incluso chocante. Algunos todavía recuerdan el edificio como el lugar donde cursaron sus estudios universitarios, ya que el convento también funcionó como centro educativo.
El propio director del Parador de Lleida, Miquel López Llena, reconoce que le resulta “fascinante ver la emoción en los rostros de aquellos que vuelven como huéspedes, recordando sus días de juventud aquí”.
Parador de Lleida
Pero no todo en su historia es tan agradable de recordar. El entonces convento de Santo Domingo, perteneciente a la Orden de Predicadores, quedó marcado por la tragedia apenas unas décadas después de su construcción.
Fue durante la Guerra de Sucesión. En pleno asedio de Lleida, el convento ardió en llamas y murieron más de 700 personas que se refugiaban en su interior. Posteriormente, entre 1723 y 1752, se llevó a cabo su reconstrucción.
Facultad y bien patrimonial
Poco más de un siglo después, otro episodio histórico volvió a cambiar el destino del edificio. La desamortización de Mendizábal provocó que el antiguo convento dejara de tener uso religioso para convertirse en un espacio civil. El primero de esos usos fue el de Facultad de Derecho de Lleida, ya en el siglo XIX.
Con el paso del tiempo también fue sede de la Facultad de Letras, museo y biblioteca. Más adelante, fue declarado Bien Cultural de Interés Local y, en 2003, pasó a manos de Paradores de España para iniciar su gran transformación.
El cambio a hotel
Los temores iniciales sobre una posible pérdida de identidad arquitectónica desaparecieron pronto. El Convent del Roser volvió a brillar gracias a una rehabilitación meticulosa que combinó la solemnidad de su arquitectura original con las comodidades modernas de un alojamiento de lujo.
La restauración, que se prolongó durante más de 15 años, respetó la estructura original del convento. Se conservaron tanto la iglesia como el claustro, adaptándolos a las necesidades contemporáneas.
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El resultado es un parador con 53 habitaciones amplias y luminosas, una acogedora cafetería y varias salas de reuniones, todo ello organizado alrededor del claustro cubierto, convertido ahora en un elegante patio central.
Pero no todo es historia y descanso para los huéspedes. Como todo buen alojamiento de lujo, el Parador de Lleida también destaca por su propuesta gastronómica.
Cómo es el hotel
En el antiguo espacio de la iglesia se encuentran no solo la recepción del hotel, sino también el comedor del restaurante L’Aplec, separados únicamente por una delicada celosía de madera que armoniza con el entorno histórico.
Y si hay algo que define su cocina es la apuesta por la alta gastronomía. Al frente de los fogones está el reconocido chef Paco Vidal.
Qué comer
El cocinero propone platos que reivindican la riqueza de la cocina catalana, desde escalivadas y xatonadas hasta pescados frescos del Mediterráneo y carnes selectas, sin olvidar los tradicionales caracoles a la llauna.
Además, la experiencia gastronómica adquiere otra dimensión cuando se disfruta en la nave principal de una antigua iglesia medieval.
Parador de Lleida EFE
El comedor resulta especialmente impresionante. Los ábsides y las capillas funcionan como reservados, mientras que la antigua sacristía, decorada con frescos originales, alberga el bufé de desayunos.
Por último, cabe destacar que el convento mantiene parte del legado cultural que siempre lo ha acompañado. Sus muros se adornan con cartones de la Real Fábrica de Tapices, una decoración que aporta un carácter artístico único al conjunto.
Cómo llegar
Llegar hasta aquí es, además, muy sencillo. Desde Barcelona y Tarragona se tarda menos de hora y media por la A-2, y aún menos en tren.
Lleida cuenta con conexiones de alta velocidad operadas por distintas compañías ferroviarias, con trayectos que rondan una hora o incluso menos, dependiendo del origen.