Escenario de teatro FACEBOOK
Confirmado: el teatro más pequeño del mundo está en Barcelona, tiene 30 butacas y abre dos días a la semana
Ubicado en una joya modernista del barrio de Gràcia, el Teatre més Petit del Món abre sus puertas en el salón del pianista Luis de Arquer
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Si Girona tiene la plaza más pequeña del mundo, Barcelona tiene el teatro más pequeño del mundo. Un escenario que presume de sus reducidas dimensiones.
Lo lleva en el propio nombre y es visible para todos aquellos que paseen un día cualquiera por el barrio más hipster: el Teatre més Petit del Món está allí, con todas sus letras en el número 25 de la calle de l’Encarnació del barrio de Gràcia, dispuesto a que la gente llene sus butacas.
No son muchas, solo 30, pero cuando se llenan aportan el calor necesario que necesitan los intérpretes. Claro que es así de pequeño porque en su día fue una vivienda, la del pianista y compositor Luis de Arquer.
Este catalán decidió, en 1999, convertir su casa en una sala de conciertos privada para recuperar el ambiente de los antiguos salones musicales del siglo XIX, donde intérpretes y oyentes compartían un mismo espacio sin apenas distancia física.
Aforo de la sala
Pero poco a poco la idea se fue abriendo y de los conciertos se pasó al teatro, un teatro de proximidad. Sus 30 butacas permiten vivir el espectáculo como si fuera en el salón de una casa, igual que hicieron en su día Claudio Tolcachir y Lautaro Perotti con Timbre 4 o Martín Flores Cárdenas con su Casa Teatro Estudio, ambos en Buenos Aires.
Los asistentes se sientan a escasos metros del piano y pueden seguir con detalle cada movimiento de las manos, la pulsación de los pedales y la intensidad con la que se interpreta cada pieza.
Arte como decoración
Además, la escala del espacio favorece una acústica cuidada, pensada para que el sonido conserve matices y llegue al público sin intermediarios ni artificios.
El interior también contribuye a reforzar esa sensación de singularidad. Las paredes están decoradas con frescos y pinturas de Cayetano de Arquer Buigas, padre del pianista y representante de una tradición artística vinculada a la cultura catalana.
Espacio del Teatre Més Petit del Món.jpg FACEBOOK
Porque la música sigue presente, tanto como el teatro y las artes plásticas. Una casa convertida en un escenario total, donde el entorno acompaña al repertorio y amplifica el carácter íntimo de la propuesta.
Lo curioso es que un teatro tan pequeño, el más pequeño del mundo, ha adquirido una fama que lo ha convertido en internacional. Medios como The New York Times se han acercado y le han dedicado reportajes.
Eco internacional
El autor del artículo publicado en el periódico estadounidense lo llegó a describir como una de las veladas musicales más encantadoras de la ciudad. Y la fama del Teatre més Petit del Món empezó a crecer.
El eco mediático ha favorecido la llegada de melómanos de distintas procedencias, interesados en una alternativa al turismo cultural más estandarizado y en un formato que prioriza la escucha atenta y el contacto humano.
Público en el teatro.jpg FACEBOOK
Pero la programación del teatro es limitada. El espacio abre dos días a la semana y mantiene una estructura estable que ha permitido celebrar más de 1.500 conciertos desde su inauguración.
Los jueves se ofrece el ciclo Solo Chopin, pensado para un entorno especialmente favorable a la música del compositor polaco, cuyos nocturnos y preludios encuentran en la intimidad del recinto un marco natural.
Qué hacen
Los sábados, el programa Solo Piano amplía el repertorio hacia otros autores clásicos e incorpora también composiciones propias e improvisaciones de Luis de Arquer.
En algunas funciones, el pianista toma como punto de partida notas sugeridas por los asistentes, una especie de concierto participativo o improshow llevado a la música.
Qué ofrece
El resultado es una experiencia que conserva la calidad técnica de un recital clásico, pero añade un componente espontáneo que refuerza el vínculo entre artista y audiencia.
Sin embargo, la velada no termina con la última pieza. Una de las señas de identidad del teatro es el encuentro posterior al concierto, durante el cual los asistentes pueden compartir una copa de champán y conversar directamente con el pianista.