Algunos pueblos destacan por su patrimonio, otros por el entorno natural que los rodea y algunos por su tradición gastronómica que sigue intacta y viva sin importar el paso de los años.
En la comarca del Ripollès se encuentra una localidad que reúne estos tres factores.
Camprodon, pueblo gerundense
El municipio no solo conserva uno de los conjuntos históricos más atractivos de todo el Pirineo catalán, sino que allí se encuentra el obrador de una de las galletas más antiguas de España, la fábrica Birba.
Se trata de Camprodon.
Galletas Birba
Este pueblo lleva décadas vinculado a la tradición galletera. La elaboración de los culces empezó en 1893, cuando la familia Birba empezó a producirlas durante los meses de invierno para mantener la actividad económica, ya que regentaban inicialmente un negocio de ultramarinos.
El origen artesanal todavía acompaña a la identidad de la marca. Las galletas, que ahora se tratan de uno de los grandes emblemas de la zona, se elaboraban en un pequeño obrador situado en el sótano de la casa familiar.
133 años elaborando galletas
Con el paso de los años y gracias a la popularidad que iban ganando gracias a la cuidadosa selección de materias primas y calidad de productos, levantaron la primera fábrica en el centro del pueblo en 1929.
Tras varias etapas de reconstrucción y modernización, la fábrica actual cuenta con más de 7.000 metros cuadrados en la que hay hornos originales todavía en uso.
Patrimonio medieval
Camprodon se trata de una localidad muy completa, no solo vive de su dulce atractivo turístico. El pueblo conserva un importante patrimonio histórico digno de visitar.
Una de las construcciones más emblemáticas es el Monasterio de Sant Pere, con una fundación datada en el siglo X. Durante la Edad Media fue un aspecto clave para el crecimiento económico de la localidad.
Historia viva
Junto al monasterio destaca el Pont Nou, uno de los iconos visuales más definitorios del encantador destino. El puente de piedra fue construido en el siglo XII y sirvió como una forma estratégica de conectar el pueblo hacia La Cerdanya.
Alrededor del distintivo pueblo se encuentra el casco histórico, el mismo que todavía mantiene plazas, calles y edificios en los que se respira la historia acumulada desde hace siglos.
Emblemas del pueblo
Otros emblemas patrimoniales del pueblo son la Iglesia de Santa María, construida en el siglo XIV, y la Ermita de Sant Antoni, levantada en el punto más elevado de la localidad, a alrededor de unosb.
En la ermita se encuentra una de las mejores vistas panorámicas del valle, esta es la razón por la que se ha consolidado como uno de los rincones más visitados del municipio.
Montaña y naturaleza
Además de su legado patrimonial y de su tradición pastelera, Camprodon se ha consolidado con el paso del tiempo como uno de los destinos más reconocibles del interior de Girona.
Su ubicación en plena montaña, el aire limpio del valle y la combinación entre historia y paisaje lo convierten en una escapada especialmente atractiva para quienes buscan algo más que un simple paseo.
La combinación perfecta
El pueblo ofrece esa mezcla difícil de encontrar entre identidad local y atractivo turístico. No se trata solo de un bonito destino, sino de una localidad que ha sabido conservar su personalidad y tradición propias.
Visitar esta localidad del Ripollès permite combinar en un mismo viaje patrimonio, gastronomía y naturaleza.
Pasear por sus calles, descubrir sus edificios históricos y acercarse a una tradición tan arraigada como la de Birba convierte la escapada en una experiencia mucho más completa.
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