Mirador del Semáforo

Mirador del Semáforo TURISME BAIX LLOBREGAT

Viajes

Ni el Tibidabo ni los búnkers del Carmel: el mirador más especial de Barcelona está a media hora de la ciudad

La historia del lugar quedó marcada por la política nacional en 1939, cuando el régimen franquista disolvió el cuerpo de carabineros

Más noticias: La ruta con pasarelas colgantes que deja sin aliento en España: 12 kilómetros entre desfiladeros, puentes y naturaleza

Llegir en Català
Publicada

Noticias relacionadas

Para tener las mejores vistas de Barcelona no hace falta subirse a ninguna montaña. Son muchos los barceloneses y turistas que suelen subir a los búnkers del Carmel, al Tibidabo o a cualquier punto de la montaña de Collserola.

Es mejor irse un poco más lejos y acercarse a la playa para conseguir una panorámica completamente diferente y mucho más original. En el Delta del Llobregat lo saben bien.

Allí, cerca del aeropuerto y rodeado de humedales y aves varias, se encuentra uno de los secretos mejor guardados del área metropolitana: el Mirador del Semáforo.

Conocido por los aficionados de los aviones, este espacio es una de las mejores y más singulares alternativas a los miradores tradicionales de la ciudad. Además, sin muchos turistas.

Espacio con misterio

Por otro lado, aquí no solo hay vistas, también se encuentra un edificio tan bucólico como misterioso, que se eleva entre la vegetación y la arena a escasos metros del Mediterráneo.

Es una estructura icónica de ladrillo visto cuya historia se remonta al año 1887. Desde aquí se controlaba el famoso semáforo que da nombre al lugar.

Un lugar particular

La función principal de esta construcción era garantizar la seguridad náutica de la costa barcelonesa, controlando el tráfico marítimo en una zona históricamente compleja para la navegación.

A través de un sistema de banderas y, posteriormente, mediante el uso de un telégrafo óptico, el personal destinado en el edificio mantenía una comunicación constante con los buques que surcaban el litoral y con el castillo de Montjuic.

Mirador del Semáforo

Mirador del Semáforo

Esta red de vigilancia era crucial para alertar sobre naufragios o accidentes, convirtiendo al edificio en un faro de auxilio en tiempos donde la tecnología digital era inexistente.

A partir de 1910, el uso del edificio evolucionó para albergar a los oficiales del cuerpo de carabineros, quienes tenían su cuartel general a escasa distancia.

Punto estratégico

La ubicación del Semáforo no era casual; se sitúa estratégicamente a tres metros sobre el nivel del mar, una elevación necesaria para proteger la construcción de las mareas y las crecidas del delta.

En la actualidad, una rampa de madera permite a los visitantes acceder a lo que queda de su estructura, que funciona como un balcón privilegiado hacia una playa natural cuyo acceso está restringido al público para preservar la fauna local.

Qué queda

De este modo, el antiguo esqueleto arquitectónico actúa hoy como una barrera protectora de la biodiversidad y como refugio para diversas especies de aves.

El conjunto histórico se completa con las ruinas del antiguo cuartel de los carabineros, situado en las inmediaciones.

Este cuerpo de seguridad fue creado con la doble misión de vigilar la costa y combatir el contrabando, especialmente de tabaco, que proliferaba en las zonas pantanosas del delta.

Sin embargo, la vida en este destino era extremadamente dura para los agentes y sus familias. Debido a la proximidad de aguas estancadas, muchos de sus habitantes contrajeron paludismo, enfermedad transmitida por los mosquitos que antaño poblaban estas tierras.

La Guerra Civil

La historia del lugar quedó marcada por la política nacional en 1939, cuando el régimen franquista disolvió el cuerpo de carabineros por su lealtad al bando republicano, pasando las instalaciones a manos de la Guardia Civil hasta su abandono definitivo en la década de 1970.

Para quienes desean conocer este enclave, la región ofrece una ruta circular de aproximadamente siete kilómetros que destaca por su accesibilidad y su valor paisajístico.

El recorrido es totalmente llano y está señalizado en dirección al Mirador de la Bunyola y se puede hacer a pie, en bicicleta o incluso con cochecitos de bebé.

Al ser una zona protegida, los horarios de acceso varían según la temporada, cerrando a las cinco de la tarde durante los meses de invierno y extendiéndose hasta las siete durante el periodo estival.

Cómo llegar

El acceso a este tesoro del Delta del Llobregat es sencillo tanto en transporte privado como público. Aquellos que opten por el coche pueden utilizar el aparcamiento de Cal Tet, en El Prat de Llobregat, tras desviarse de la carretera de Castelldefels.

Por su parte, el transporte público ofrece combinaciones eficientes a través de la red de Renfe hasta la estación de El Prat, conectando con el servicio de autobús PR3. Incluso es posible llegar mediante la línea L9 del Metro, realizando una caminata previa que permite al visitante imbuirse gradualmente en el ambiente de calma que caracteriza a este rincón.