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Explorar la naturaleza ofrece a veces la posibilidad de pisar terrenos que parecen sacados de otra era geológica. En el norte de la península existe un paisaje fascinante que permite adentrarse literalmente en las entrañas de la tierra.

Lejos de las típicas montañas escarpadas de roca, este rincón esconde una formación circular perfecta teñida de un verde intenso. Se trata de un volcán dormido que invita a los senderistas a descender hasta su mismísimo corazón.

El corazón de la tierra

Caminar por el borde de esta inmensa depresión natural es una experiencia que impone un profundo respeto al viajero. La suave bajada hacia el centro está flanqueada por frondosos bosques que cambian de color con cada estación del año.

El protagonista en cuestión es el cráter del Volcán de Santa Margarida, la gran joya del Parque Natural de la Zona Volcánica de La Garrotxa. Esta maravilla geológica se encuentra ubicada en la provincia de Girona, rodeada de un entorno rural inigualable.

El secreto del cráter

La mayor sorpresa para quienes completan el descenso no es solo la inmensidad del espacio natural que los envuelve. Justo en el centro exacto de la explanada descansa una solitaria y fotogénica ermita románica de piedra oscura.

Este pequeño templo, dedicado a Santa Margarita, es el responsable histórico de dar nombre a toda la montaña. Supone un contraste arquitectónico brutal ver un edificio religioso levantado directamente sobre el antiguo conducto de fuego.

Naturaleza en letargo

Aunque la paz y el silencio reinan actualmente en el lugar, los estudios confirman el pasado violento de esta formación. Se calcula que su última erupción tuvo lugar hace aproximadamente unos 11.000 años, modelando el paisaje actual.

Las dimensiones de este gigante en letargo dejan sin palabras a cualquier excursionista que se acerque a visitarlo. El perímetro del cráter mide unos 2.000 metros, creando un inmenso anfiteatro natural forrado de espesa vegetación.

Una ruta para todos

Acceder a este espectacular recinto es relativamente sencillo y no requiere de conocimientos técnicos de montañismo. La ruta de senderismo principal está perfectamente señalizada y es un trazado ideal para disfrutar de una mañana en familia.

El camino de ida y vuelta desde el aparcamiento habilitado se puede completar tranquilamente en poco más de una hora. Es una experiencia obligatoria para tachar de la lista de aventuras pendientes en el interior de la comunidad catalana.

El origen del enorme cráter

La forma de este anfiteatro no es casualidad, sino el resultado de una violenta erupción freatomagmática. Este agresivo fenómeno se produjo hace milenios cuando el magma hirviendo entró en contacto con aguas subterráneas, generando una explosión colosal.

Esta tremenda detonación reventó la montaña original y dejó a su paso el profundo hueco circular que hoy pisamos. Gracias a la fertilidad de las cenizas, el cráter alberga hoy una flora muy rica, combinando vegetación mediterránea y especies de montaña.

Un entorno de película

La excursión no estaría completa sin acercarse a su vecino inmediato, el imponente volcán del Croscat. Reconocido como el más joven de la Península Ibérica, su ladera presenta un tajo geológico espectacular que deja sus entrañas a la vista.

Volcán del Croscat

A escasa distancia de estos gigantes se extiende la famosa Fageda d'en Jordà, un bosque de hayas único en Europa. Esta masa forestal crece de forma excepcional sobre una escarpada colada de lava, creando un paisaje digno de un cuento de hadas.

Completar el recorrido entre los dos volcanes y el bosque permite realizar una ruta integral inmejorable. Es sin duda el plan perfecto para los amantes de la geología y de los paseos sosegados en plena naturaleza.

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