Los castillos suelen asociarse en el imaginario colectivo con imponentes estructuras de piedra, torres de vigilancia y pasillos cargados de historia nobiliaria. Sin embargo, en la provincia de Girona, existe una fortificación que rompe los esquemas.
Es la fortaleza medieval abalaustrada más grande de Europa y, además, guarda un secreto que parece extraído de una novela de aventuras: una red de canales navegables que discurren por las entrañas del edificio.
Se trata del Castillo de Sant Ferran, una obra maestra de la ingeniería militar del siglo XVIII que esconde en su subsuelo lo que muchos ya denominan la "Catedral del Agua".
La construcción del castillo se inició en 1753 y finalizó en 1766, en un contexto histórico marcado por la inestabilidad fronteriza con Francia. Su diseño no fue producto del azar, sino de una planificación logística milimétrica.
Cuánta gente vivía allí
La fortaleza se proyectó para ser una ciudad autosuficiente, capaz de albergar de forma permanente a una guarnición de 4.000 soldados y, en casos de asedio extremo, hasta a 12.000 personas.
Para garantizar la supervivencia de tal volumen de población durante meses de aislamiento, se construyó un complejo sistema hídrico bajo la Plaza de Armas. Cuatro inmensas cisternas de piedra permiten almacenar la asombrosa cifra de 9 millones de litros de agua.
Una experiencia diferente
Estas reservas, diseñadas para resistir los asedios más severos de la época, han resistido hasta hoy en un estado de conservación excepcional. De hecho, más allá de por su historia y sus dimensiones, estos canales son hoy uno de los principales reclamos turísticos de la instalación.
Y es que lo que en el siglo XVIII era una reserva estratégica de vital importancia, hoy se ha reconvertido en una experiencia lúdica y cultural. El Castillo de Sant Ferran ofrece la posibilidad de adentrarse en sus profundidades a bordo de lanchas neumáticas.
Canales del castillo de Sant Ferran
El recorrido permite navegar en silencio por las cisternas, donde la acústica del lugar y el reflejo de las bóvedas en el agua quieta generan una atmósfera solemne y una simetría visual hipnótica.
Esta actividad, que requiere reserva previa, permite a los visitantes comprender la magnitud de la obra. El techo de estas cavidades se sostiene mediante un sistema de pilares y arcos de piedra perfectamente alineados que, vistos desde el nivel del agua, justifican el apelativo de "catedral sumergida".
Dimensiones del castillo
Más allá de sus canales subterráneos, el Castillo de Sant Ferran es un monumento de dimensiones hercúleas.
Sus dos recintos ocupan una extensión de 550.000 metros cuadrados (unas 32 hectáreas), lo que lo sitúa como la fortaleza de la época moderna más extensa de Europa.
El interés de Dalí
Cada rincón del complejo revela la magnitud de su propósito defensivo, desde sus kilómetros de galerías subterráneas hasta sus famosas caballerizas.
Estas últimas constituyen otro de los grandes atractivos del recinto. Se trata de una nave diáfana de dimensiones récord capaz de alojar simultáneamente a 500 caballos.
Patio del Castillo de Sant Ferran
El espacio, que aún conserva los pesebres de piedra originales, llegó a ser habitat del mismísimo Salvador Dalí, aunque solo por un tiempo. El pintor realizó allí su servicio militar en el año 1927.
Hoy, el castillo ya no tiene uso militar, sino patrimonial y turístico. El castillo se puede visitar a un coste de diez euros. La entrada incluye, además de la navegación, la posibilidad de realizar un recorrido autoguiado por el resto de la superficie de la fortaleza.
Cómo llegar
Ubicado al oeste del centro urbano de Figueres, el acceso al castillo es sencillo para quienes se desplazan desde otros puntos de Cataluña.
Desde Barcelona, el trayecto en coche por la autopista AP-7 hasta la salida 4. Se sigue por la N-260 hasta Figueres y, una vez en la ciudad, se siguen las señales que guían directamente al castillo.
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