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En lo más profundo de la sierra de l’Albera, donde la provincia de Girona roza la frontera con Francia, se esconde una silueta imposible. Entre la espesura del bosque mediterráneo emerge una fortaleza que desafía la lógica y el tiempo.

No estamos en los Cárpatos ni en una novela gótica, aunque lo parezca. Se trata del Castillo de Requesens, una de las joyas arquitectónicas más fascinantes y desconocidas del patrimonio catalán.

Escenario de película

Su aspecto es tan exagerado y teatral que muchos visitantes dudan de su autenticidad. La fortaleza domina los valles meridionales del monte Neulós con una presencia imponente.

Castillo de Requesens | WIKIPEDIA

Esta estética dramática cobra una fuerza especial en febrero. La luz de invierno y la ausencia de hojas permiten contemplar su estructura pétrea, extraída de la misma montaña, con una nitidez que el verano esconde.

El capricho de Dalí

La belleza inquietante de Requesens no pasó desapercibida para Salvador Dalí. El genio se obsesionó con esta fortaleza para cumplir la promesa hecha a su musa, Gala: regalarle un castillo.

Dalí intentó comprarlo, fascinado por su ubicación y su arquitectura de fantasía. Sin embargo, tal y como relatan las crónicas locales, la negativa de los propietarios le obligó a desistir. El artista acabó adquiriendo el Castillo de Púbol, dejando Requesens en un olvido romántico.

Historia convulsa

El origen del enclave se remonta al siglo XI, cuando Gausfred II de Roselló levantó la primera fortificación. Fue un nacimiento polémico, marcado por las disputas territoriales con los condes de Empúries.

Castillo de Requesens

Durante siglos, el edificio fue objeto de asedios, batallas y cambios de manos, pasando por los vizcondes de Rocabertí. Su importancia estratégica lo convirtió en blanco de saqueos constantes hasta quedar prácticamente en ruinas.

Reconstrucción romántica

Lo que hoy vemos es, en realidad, un sueño arquitectónico del siglo XIX. Fue Tomás de Rocabertí quien inició la titánica tarea de reconstruirlo como residencia de verano, un proyecto que culminarían sus herederos.

La obra no buscó la fidelidad arqueológica, sino la espectacularidad. Se adoptó un estilo neomedieval con influencias románticas, muy al gusto de la época, creando una fortaleza idealizada con torres almenadas y patios nobles.

Laberinto de piedra

El resultado es un complejo de tres recintos fortificados que fusiona bases del siglo XI con añadidos modernos. Destaca la Torre del Homenaje, que marca la verticalidad del conjunto, y una red de torres cilíndricas que dibujan su perfil único.

Arcos del castillo de Requesens WIKIPEDIA

En su interior, el diseño gira en torno a un gran patio central que distribuye la vida del recinto. Escaleras de piedra, galerías porticadas y vigas de madera noble recrean la atmósfera de un palacio habitable en mitad de la nada.

Superviviente de guerra

Una curiosidad histórica es su papel durante la Guerra Civil. El castillo fue ocupado por un batallón franquista, pero, afortunadamente, la estructura no sufrió daños graves durante el conflicto, manteniéndose casi intacta hasta hoy.

Actualmente, la propiedad pertenece a los duques de Medinaceli, herederos de aquel linaje. Aunque no residen allí, la gestión actual permite que el castillo no sea víctima del vandalismo que sufrió en el pasado.

Acceso y visita

El castillo se encuentra en el término municipal de La Jonquera, pero el acceso natural se realiza desde Cantallops. Hay que recorrer una pista forestal de unos 7 kilómetros, transitable con precaución.

El castillo de Requesens EMPORDÀ TURISME

Es vital saber que no se puede visitar por libre. El acceso está regulado y solo es posible mediante visitas concertadas, generalmente en fines de semana.

Reserva obligatoria

Para conocer sus secretos, desde las caballerizas hasta la capilla de estilo románico reinterpretado, hay que reservar. El precio de la entrada ronda los 8 euros.

Las visitas permiten recorrer los pasos de ronda y subir a las torres. Desde allí, las vistas son infinitas: en días claros se domina todo el Alt Empordà hasta el mar, justificando por qué este lugar enamoró a Dalí y sigue fascinando a quien lo descubre.

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