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La masificación y el deterioro ecológico obligaron a clausurar de forma definitiva las famosas Cuevas de Can Riera, dejando a los excursionistas huérfanos de su Arizona particular.

Sin embargo, a muy pocos kilómetros, la comarca de l'Anoia custodia un secreto geológico de 64 hectáreas que replica con exactitud los horizontes del oeste americano.

El tesoro de Piera

Se trata de Les Flandes de Piera, un espacio natural donde la erosión ha esculpido un relieve caprichoso de tonalidades ocres y rojos intensos.

Este paraje se ha consolidado este 2026 como la alternativa perfecta para quienes buscan formaciones geológicas de impacto sin las restricciones de otros puntos.

Geología viva

El paisaje se define por un fenómeno técnico conocido como aixaragallament. Durante siglos, el viento y el agua han moldeado depósitos de arcilla y materiales calcáreos.

El resultado es un laberinto de barrancos, surcos y paredes onduladas que cambian de tonalidad según la luz, alcanzando su máximo esplendor visual durante el atardecer.

Pasado industrial

Antes de ser un reclamo para el senderismo moderno, Les Flandes fueron un pulmón económico clave para la zona. Las empresas extraían aquí la arcilla roja.

Piera cuenta con una dilatada tradición alfarera y cerámica que nació, precisamente, de la fragilidad y riqueza de estos depósitos sedimentarios del cuaternario.

Ruta para todos

Hoy, el entorno se ha transformado en una ruta de senderismo circular de unos 10 kilómetros que arranca desde el centro neurálgico del municipio.

Es un itinerario asequible para familias y aficionados, con un tiempo estimado de realización de menos de tres horas y un desnivel apto para niños.

Aventura en el barranco

Aunque es una ruta segura, el recorrido ofrece tramos de cierta aventura al adentrarse físicamente en el fondo de los antiguos barrancos arcillosos.

Allí, los senderos se vuelven estrechos y requieren atención, permitiendo al caminante tocar los imponentes paredones de tierra que parecen sacados de una película.

Patrimonio medieval

La experiencia comienza en la plaza de Catalunya de Piera. Antes de enfilar hacia la naturaleza, conviene cruzar la calle de Sant Sebastià para ver la historia.

Allí se ubica la Casa de la Volta, uno de los edificios más antiguos de la villa que aún conserva el portal de entrada de la muralla medieval.

Castillos y leyendas

El camino pasa junto al imponente castillo de Piera, documentado desde el año 955, y la iglesia de Santa Maria, añadiendo cultura a la caminata.

Castillo de Piera Wikipedia

Tras dejar atrás el núcleo urbano, el paisaje alterna campos de cultivo con zonas de ribera antes de entrar de lleno en la zona de erosión.

La Foradada

Uno de los hitos visuales del recorrido es La Foradada. Se trata de un curioso agujero esculpido por la naturaleza en el barranco del Torrent de la Venta.

Este punto sirve de antesala al núcleo central de Les Flandes, donde el color rojo comienza a dominar por completo el campo de visión del viajero.

Naturaleza y viñedos

Tras abandonar la zona de barrancos, el sendero asciende de nuevo hacia pistas amplias flanqueadas por masías tradicionales de gran valor arquitectónico.

El tramo final ofrece una estampa típica de la Anoia: viñedos infinitos que contrastan con la tierra roja, creando una paleta de colores única en Cataluña.

Área de picnic

Para cerrar la jornada, el camino pasa por la Font del Prat. Esta zona está equipada con mesas, ideal para reponer fuerzas tras la caminata realizada.

Es el punto de descanso preferido por los senderistas antes de regresar al casco antiguo de Piera para dar por finalizada la excursión dominguera.

Acceso rápido

Llegar a este "pequeño Colorado" es extremadamente sencillo. Desde Barcelona apenas se tardan 35 minutos tomando la A-2 y enlazando posteriormente con la B-224.

Desde ciudades como Manresa, el trayecto es de unos 45 minutos a través del Eix Transversal, lo que convierte a Piera en un destino estratégico.

Turismo responsable

A diferencia de otros espacios que han sucumbido al éxito, Les Flandes mantienen una esencia virgen, sin tornos de entrada ni visitas guiadas obligatorias.

La administración local apuesta por un senderismo libre y responsable para preservar la fragilidad de estas arcillas que son, hoy, el orgullo de l'Anoia.

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