La borrasca Nils ha puesto en alerta a toda Cataluña. Rachas de más de 100 km/h azotan casi todo el territorio. Ya hay cinco heridos y se han suspendido clases en escuelas y universidades.
El panorama es grave. Ya hay cancelaciones de trenes y vuelos, ha habido incendios y hasta accidentes de tráfico. La situación se puede alargar hasta las 20 h de este jueves 12 de febrero. Y lo peor es que otro frente amenaza con más viento para este fin de semana.
Esta situación, en cambio, no es nueva para el pueblo con más viento de toda España. Está en Cataluña y, a pesar de ser poco conocido, tiene historias para escribir más de un libro.
Se encuentra en el Empordà (Girona), a tan solo unos pocos kilómetros de Francia. De hecho, en sus montañas, donde el Pirineo se une con el Mediterráneo, está la frontera entre ambos países. Se trata de Portbou.
El reino de la tramontana
Lo curioso es que, a pesar de ser uno de esos pueblos tranquilos de la Costa Brava –aquí no llegan turistas en masa–, sus vecinos son azotados por el viento casi a diario.
Ya lo dicen, la Costa Brava es el lugar donde la tramontana, el poderoso viento del norte, sopla con más virulencia, y Portbou es un claro ejemplo. Aquí el viento forma parte del paisaje y, para bien o para mal, marca la vida cotidiana.
Por qué hay tanto viento
¿Qué tiene este pueblo para que sople tanto y tan fuerte el viento? Su geolocalización. Portbou se asienta cara a cara con el Golfo de León, un emplazamiento expuesto a los vientos que vienen del Mediterráneo y que bajan por los Pirineos, aquí ya, de una altura más pequeña.
Es por eso que no es raro que las rachas de viento superen los 100 km/h; se han llegado a registrar ráfagas de hasta 173 km/h, una fuerza suficiente para volcar vagones de tren o hacer temblar las ventanas.
Este rincón de Cataluña es poco conocido por los turistas, Portbou
Esto condiciona la vida, como es obvio, pero también su arquitectura urbana. Por sus calles, los pasamanos son parte del mobiliario urbano: ayudan a los vecinos a enfrentarse a este fenómeno que sopla con furia varios días al año.
Es cierto que muchos de sus vecinos ya están acostumbrados, pero eso no quita que la vida sea difícil a veces. Hace dos años, el pueblo estuvo amenazado por un fuerte incendio y el viento dificultó sus labores de extinción.
Más allá del viento
La intensidad de la tramontana impidió que los servicios aéreos con aviones de ala fija pudieran intervenir. De allí que no siempre el viento juegue a su favor.
De todos modos, Portbou es mucho más que el pueblo con más viento de Cataluña y del resto de España. Tiene muchos otros atractivos turísticos y patrimoniales.
Estación de Portbou
Uno de los más apreciados es su estación de tren internacional. Inaugurada en 1929, es una joya arquitectónica que conserva la monumentalidad de otra época.
Su enorme marquesina metálica es tan grande que llega a parecer desproporcionada para el tamaño del pueblo, pero tiene un significado. Esta parada era obligatoria para todos los trenes de viajeros y mercancías que, en su día, cruzaban aquí la frontera.
Durante la Guerra Civil, esa misma estación fue escenario de drama y esperanza: miles de republicanos la atravesaron buscando refugio al otro lado.
Hoy, aún se pueden recorrer los senderos de montaña que utilizaron para huir, salpicados de antiguos puestos de vigilancia y restos de aduanas. Otro de los principales atractivos del lugar.
El eco de Walter Benjamin
Pero antes de salir del pueblo, el cementerio de Portbou bien merece una visita. En él se guarda una de las historias más conmovedoras y trágicas del exilio europeo.
En 1940, el filósofo alemán Walter Benjamin llegó hasta aquí, exhausto tras cruzar los Pirineos huyendo del nazismo. El problema es que, al llegar, el franquismo había ganado la Guerra Civil.
Monumento a Walter Benjamin en Portbou
Ante la imposibilidad de seguir hacia el exilio y el temor a ser entregado al régimen franquista, el pensador y matemático decidió acabar con su vida en este pueblo y se tiró al mar.
Su memoria se recuerda con el “Passages”, el sobrecogedor monumento del artista Dani Karavan, instalado junto al cementerio. El lugar, orientado hacia el mar y Francia, ofrece además una de las vistas más hermosas de la Costa Brava.
Qué ver y hacer
Por eso, más allá del viento, Portbou es un lugar a visitar. Además, cuenta con una vida muy interesante. El municipio crece de cara al mar y, a su encuentro, en el paseo marítimo, las terrazas de bares y restaurantes animan el lugar.
Sin ir más lejos, frente a la playa Gran, un chiringuito histórico se mantiene abierto incluso en invierno, resistiendo, como sus habitantes, al empuje constante de la tramontana.
Vistas de Portbou
Por último, y antes de abandonar Portbou, mejor subir al Coll dels Belitres y disfrutar de una panorámica desde lo alto. Este mirador natural, donde aún se conserva la garita de la frontera franco-española, ofrece una visión privilegiada del municipio.
No solo eso. Además de conectar con Francia, desde aquí arrancan también varias rutas que enlazan con el Parque Natural del Cap de Creus. Unos caminos que permiten pasar por acantilados y calas solitarias, y que, en su día, fueron antiguas sendas de contrabandistas y exiliados.
Cómo llegar
Para llegar solo hay que superar dos cosas: el viento y las horas de viaje hasta llegar allí. Es sencillo: desde Barcelona basta con ir por la autopista AP-7 hasta la salida de Figueres y seguir por la carretera N-260. Son dos horas de trayecto.
Casi una hora más requiere venir en tren, claro que el viaje tiene su encanto. No solo porque recuerda otros tiempos entre aciagos y llenos de esperanza, sino también por el lugar de llegada: la gran estación internacional. Un gran punto de partida para descubrir este bonito y ventoso pueblo que es Portbou.
Otra opción: en tren, el viaje es más largo, pero infinitamente más evocador: la llegada a su estación monumental es una experiencia en sí misma, un viaje al pasado de este pueblo fronterizo y ventoso, donde cada ráfaga de aire cuenta una historia.
