La naturaleza es increíble. Montañas que desafían las leyes de la gravedad, minas de sal, volcanes y cuevas profundísimas son solo algunos de sus ejemplos.
Cataluña tiene todo eso, pero también una zona donde la tierra se abre bajo los pies del senderista y se asoma hasta 30 metros de profundidad. Esto sucede en Tarragona, donde, además, uno puede bajar a ver qué hay. Y sin riesgo.
Los locales conocen muy bien esta zona. Se encuentra en las Montañas de Prades, en la sierra de la Mussara, no muy lejos de la capital.
Allí se esconden els Avencs de la Febró, uno de los paisajes más sorprendentes de Tarragona: una gran grieta de unos 250 metros de longitud y entre 25 y 30 metros de profundidad, y apenas 7 metros de ancho.
Cómo se formó
Las redes van llenas de vídeos con imágenes increíbles. Parece un paseo por algún planeta del espacio. Un lugar tan increíble como real.
De hecho, este corredor natural no es más que una obra de la naturaleza. La erosión del terreno durante siglos ha creado este paseo entre grietas, tan corto como intenso.
Qué es un 'avenc'
El lugar no es solo espectacular por sus rocas. La ruta hasta ellas combina bosque, algo de aventura y la sensación de caminar literalmente entre paredes de los “avencs”. La pregunta es: ¿qué son?
Esta palabra catalana designa una sima o cavidad profunda que se abre hacia el exterior a través de un pozo o conducto casi vertical. Suelen formarse, como esta, por la erosión de las rocas a lo largo del tiempo.
Eso es precisamente lo que ofrece el Avenc de la Febró: una fractura en la montaña por la que se puede caminar alrededor de 300 metros, rodeado de paredes que superan los 30 metros de altura.
El contraste es notable: arriba, el típico paisaje forestal de la Mussara; abajo, un ambiente fresco, húmedo y umbrío, donde la luz entra a golpes y la temperatura desciende varios grados.
El recorrido
Lo mejor de todo es que estas grietas se pueden recorrer. Y fácilmente. Son apenas seis kilómetros que se completan en poco más de dos horas y media, sin mucha dificultad.
La excursión comienza en una zona de aparcamiento habilitada junto a la carretera. Desde allí se cruza la vía y se toma un camino de tierra señalizado con un poste repleto de carteles.
Indicaciones
La ruta a las grietas es la que indica hacia la Febró. Desde este punto de partida hay que seguir las marcas de sendero pintadas en blanco y amarillo, que acompañan buena parte del recorrido.
A los diez minutos de empezar, uno ya está en plena naturaleza, en medio del bosque. En una pequeña bifurcación, el sendero se divide y ofrece dos alternativas para llegar al objetivo.
La más directa toma el desvío de la derecha, perfectamente señalizado con las marcas de pintura y una señal de peligro de incendio.
La segunda opción consiste en seguir la pista principal unos minutos más, hasta encontrar, a la derecha, un árbol con un cartel que invita a “escuchar el silencio”, que acaba encontrándose con la primera.
Los caminos
Una vez coinciden los dos caminos, el sendero continúa entre pinos y rocas. Es importante prestar atención a las marcas blancas y amarillas, ya que en un punto hay que abandonar la pista principal y girar a la derecha por un sendero más estrecho.
Tras unos cinco minutos, el bosque se abre ligeramente y aparecen varios trazos de camino. Frente a un árbol marcado, un pequeño sendero se dirige hacia el borde del terreno: es el acceso a la grieta.
La grieta
A primera vista, parece que el camino se corta en un pequeño precipicio, pero unas rocas grandes permiten descender. No es peligroso, no requiere material técnico, pero sí precaución.
Es así como se llega al umbral de la grieta. Se nota por dos cosas: el camino se hace más oscuro y, además, a medida que se baja, la temperatura empieza a caer.
La humedad aumenta y el ambiente cambia respecto a la parte superior. Uno siente, nota, percibe y ve que está en medio de una grieta. Y luego llega el momento importante.
Lo más impactante de esta ruta no es mirar hacia abajo, sino hacia arriba. Desde el interior de la grieta se alza la vista y se observa, a lo lejos, el cielo azul escoltado por las paredes altísimas de la montaña abierta. Un cañón cerrado en el que uno se siente muy pequeño.
Caminar entre rocas abiertas
Lo curioso es que todas estas sensaciones transcurren en un periodo corto de tiempo y en un trayecto muy reducido. El Avenc de la Febró tiene una longitud de 300 metros, un pasillo rocoso casi rectilíneo y sobrecogedor.
Cuando uno pasea por allí siente muy cerca todas estas paredes abiertas en medio de la roca, cubiertas de musgo y líquenes, adornadas con raíces aferradas a la piedra y pequeñas filtraciones de agua en algunos puntos.
Pero aún hay más. En el interior de la grieta, en el margen izquierdo según se avanza, se abre la entrada a la Cova Gran, una cavidad que añade un punto extra de aventura.
El acceso es relativamente estrecho al inicio, pero tras los primeros metros el espacio se amplía en una gran sala interior. Eso sí, para adentrarse en la cueva es mejor llevar linterna. Una guinda perfecta para cerrar la excursión.
Cómo llegar
Disfrutar de este espectáculo natural no es solo fácil por el sendero que llega hasta allí, sino que además es muy accesible. Se encuentra a poco más de una hora de Tarragona y a una hora y 45 minutos de Barcelona.
Desde la capital, se toma la AP-7 hasta Tarragona y, desde la vieja Tarraco, se accede a la T-11 hasta el desvío por la C-14 que lleva a Montblanc.
El parking de inicio de la ruta a els Avencs de la Febró se encuentra en un descampado habilitado junto a la carretera T-704 (Coll del Pla de l’Agustenc o Parking Cova la Febró).
Desde Tarragona ciudad, el trayecto es de unos 70-75 km por la T-11 hacia Reus, enlazando con la C-14 hasta Montblanc, y luego se toma el desvío a la C-14B/TV-7041 hacia La Febró. El parking se halla en la T-704.
