Cruzar el umbral de este establecimiento supone un impacto visual inmediato para el visitante. Las estanterías de madera se alzan repletas de frascos con etiquetas caligrafiadas y envases de marcas que desaparecieron hace décadas del mercado. El ambiente conserva la atmósfera genuina de los comercios de antaño, donde el producto se despachaba a granel y con trato cercano. La luz ilumina unos mostradores que han resistido el paso del tiempo sin alteraciones.
Aquí no existen los códigos de barras ni las pantallas táctiles, elementos omnipresentes en la experiencia de compra actual. Todo el género parece congelado en un periodo indefinido entre finales del siglo XIX y la posguerra española. Lejos de ser un museo aséptico tras una vitrina, el espacio invita a una inmersión total en la historia del consumo diario. Es un recorrido tangible que conecta con la memoria de generaciones pasadas.
El secreto desvelado
Este escenario de película se encuentra en Salàs de Pallars, un pequeño pueblo de la provincia de Lleida que ha apostado por el turismo de la memoria. El proyecto, conocido como Botigues Museu, nació de la iniciativa local para preservar el patrimonio comercial y evitar que el olvido se tragase la historia cotidiana de la comarca. No se trata de un único edificio, sino de un circuito urbano que recupera locales originales cerrados hace tiempo.
El conjunto forma parte del Centro de Interpretación del Antiguo Comercio (CIAC), una propuesta museística que se aleja de las grandes gestas históricas para centrarse en la evolución del consumo. Aquí se explica cómo la sociedad pasó de la venta a granel a la era de las marcas y la publicidad agresiva. Los visitantes recorren las calles empedradas del pueblo para entrar en estos espacios, que funcionan como cápsulas del tiempo dispersas por el casco antiguo.
Tesoros cotidianos
El itinerario incluye paradas obligatorias como la Farmacia, donde se conservan los muebles modernistas y los antiguos remedios que prometían curas milagrosas. También destaca la tienda de Ultramarinos y Coloniales, abarrotada de envases originales de marcas icónicas como el chocolate o los primeros detergentes, que despiertan la nostalgia inmediata de los mayores y la curiosidad de los más jóvenes.
La Barbería del Botigues Museu
Otros espacios recuperados son la Barbería, con sus sillones de cuero y navajas de afeitar, y el Estanco, que fue centro neurálgico de la vida social masculina. La ruta se completa con una imprenta, una mercería-perfumería y el Cafè Salon, un bar de época que sirve a menudo como punto de encuentro. Cada objeto expuesto es auténtico, rescatado y catalogado para mostrar la estética publicitaria que va desde el Modernismo hasta el Pop Art.
Datos prácticos
Para vivir esta experiencia es imprescindible la planificación, ya que el acceso a los locales no es libre. Las visitas son siempre guiadas y requieren reserva previa obligatoria, gestionada a través de la web oficial o por teléfono. Los recorridos suelen realizarse los fines de semana, con turnos principalmente los sábados y domingos por la mañana, y tienen una duración aproximada de 90 minutos.
El kiosko del Botigues Museu
El precio de la entrada general para adultos en 2026 se sitúa en nueve euros, mientras que los niños de entre 8 y 13 años pagan una tarifa reducida de cinco euros. Los menores de 8 años tienen acceso gratuito. El punto de inicio habitual es la Plaza del Mercado, donde el guía comienza a desgranar el contexto histórico antes de abrir las puertas de los establecimientos.
Regreso al presente
Finalizar el recorrido supone un choque de realidad al volver a conectar con el ritmo del siglo XXI. Sin embargo, la visita deja un poso de reflexión sobre la velocidad a la que cambia nuestra forma de vivir y consumir. Salàs de Pallars demuestra que la historia más potente no siempre está en los libros de texto, sino en las latas de galletas y en los mostradores de madera donde nuestros antepasados hacían la vida.
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