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En Cataluña, se cuentan por decenas los municipios que no alcanzan los 100 habitantes, pero entre todos ellos hay uno que destaca por encima del resto.

Montlleó bate todos los récords de despoblación. En este pequeño núcleo de la provincia de Lleida solo queda una persona empadronada.

Situado en lo alto de una colina del municipio de la Ribera d’Ondara, en la comarca de la Segarra, Montlleó da la impresión de ser un pueblo abandonado.

A simple vista, nadie diría que allí vive alguien. Las casas de piedra aparecen cerradas, algunas parcialmente en ruinas, y las calles, sin asfaltar, están tomadas por la vegetación y el silencio.

Un pueblo que parece abandonado

El núcleo se alza a unos 677 metros de altitud, dominando un paisaje abierto y agrícola, con amplias vistas sobre la Plana de Lleida.

El aislamiento y la falta de servicios explican en gran medida su declive. Hoy no hay comercios, ni bares, ni escuela, ni ningún tipo de equipamiento. Tampoco hay transporte público regular ni actividad económica.

La iglesia de Santa Maria de Montlleó

Uno de los pocos edificios que se mantiene en pie con cierta dignidad es la iglesia de Santa Maria de Montlleó.

De origen medieval, es el principal elemento patrimonial del núcleo y un punto de referencia visual en el paisaje. Su campanario se alza sobre las casas y refuerza la imagen de pueblo detenido en el tiempo.

Iglesia de Santa Maria de Montlleó WIKIPEDIA

Aunque no se utiliza para el culto y su interior es muy austero, la iglesia simboliza la historia del lugar y recuerda que Montlleó fue, durante siglos, una comunidad organizada en torno a este edificio.

La casa habitada

En medio de este escenario, hay una excepción. Cal Mestres es la única vivienda del pueblo que sigue habitada. Es la única casa que mantiene vida diaria en Montlleó, el último reducto de un núcleo que llegó a tener varias familias y una comunidad estable.

Todo lo demás permanece cerrado o en estado de abandono. Apenas se conservan una decena de casas, las mismas que tuvo históricamente el pueblo, distribuidas de forma compacta alrededor del punto más alto de la colina.

Desde lejos, lo que más destaca es el campanario de la iglesia, visible desde varios kilómetros a la redonda, junto a la única vivienda habitada.

Quién es el único vecino

La persona que vive en Montlleó no es originaria del pueblo. Procede de Cervera y se instaló allí hace más de 13 años, cuando el núcleo ya estaba completamente despoblado.

Llegó sabiendo que no había vecinos, ni servicios básicos ni infraestructuras modernas. Fue, directamente, a la aventura. Durante años vivió sin luz ni agua corriente.

El pueblo de Montlleó SOM SEGARRA

No fue hasta hace aproximadamente cinco años cuando pudo disponer de estos suministros básicos, lo que da una idea del grado de abandono institucional del lugar.

Aun así, decidió quedarse. El único montleonés actual ha optado por el anonimato y evita cualquier protagonismo público.

Un núcleo que nunca fue grande

En cualquier caso, esta despoblación no es algo nuevo, al menos aquí. Montlleó nunca fue un pueblo numeroso. Su población siempre fue reducida y ligada a la agricultura de secano y a una economía de subsistencia.

En el siglo XIX apenas llegó a tener unos 67 habitantes, una cifra modesta incluso para los estándares de la época. Con el paso del tiempo, la mecanización del campo, la falta de oportunidades y el éxodo rural aceleraron su despoblación.

Primero se marcharon los jóvenes, luego las familias y, finalmente, los últimos vecinos. Durante años, Montlleó quedó completamente vacío, hasta la llegada del actual habitante.

Hoy, el municipio ofrece una imagen extrema de la despoblación rural. No es un pueblo turístico ni restaurado, ni un ejemplo de reconversión rural.

Montlleó es, simplemente, un núcleo que ha quedado al margen de todo. Su estado de conservación, relativamente estable pese al abandono, lo diferencia de otros pueblos en ruinas totales, pero bien merece una visita.

Cómo llegar

No es difícil llegar: el pueblo está a una hora y cuarto de Lleida y a una hora y media de Barcelona. Se va por la A-2 hasta la salida de Cervera.

Desde allí, se continúa por la L-303 en dirección a la Ribera d’Ondara y, a la altura del núcleo de Sant Antolí i Vilanova, se toma el desvío hacia el camino de Briançó a Montlleó.

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