Compañeros que estudian juntos frente a su universidad antes de un examen

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Cómo identificar las señales que podrían hacerte abandonar la universidad

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Sucede todos los años, sin importar que no sea lo ideal. Un estudiante ingresa en la universidad, con total entusiasmo. Tiene metas claras y grandes expectativas sobre su futuro. Sin embargo, abandona, decide que eso no es lo suyo. Es entonces cuando es oportuno preguntarse ¿Qué fue lo sucedió?

A diferencia de lo que muchos creen, la deserción universitaria no es una decisión repentina. Es el resultado final de la acumulación de dificultades académicas, emocionales, económicas y personales que fuerzan a los estudiantes a dejar sus estudios.

El NCES de Estados Unidos señala que el 40% de los alumnos universitarios no terminará la carrera que inició. El 62% de los que ingresaron a una institución de 4 años, concluirá sus estudios en 6. En las públicas la deserción llega al 64%, en las privadas al 70% y en los comunity colleges, cuyo programa es de dos años, el abandono es más frecuente aún.

Las instituciones de educación superior tratan de entender este fenómeno para aprender a detectar las señales y prevenirlas. Factores como el rendimiento académico, la integración de los estudiantes y el apoyo que reciben parecen ser algunos indicadores importantes.

Los estudiantes recurren a tutorías y bibliotecas digitales para apoyar sus trabajos académicos. En lo digital emplean recursos como el detector de plagio JustDone con el que revisan la originalidad de un documento, antes de entregarlo al docente de la asignatura. Sin embargo, valdría preguntar si es suficiente para sustentar el éxito en los estudios superiores.

¿Qué entendemos por abandono universitario?

No todos los alumnos que abandonan la universidad están renunciando necesariamente a los estudios superiores. Las cifras de deserción incluyen también aquellos estudiantes que cambiaron de carrera, los que se trasladaron a otra institución o el abandono formal de los estudios debido a problemas personales.

No obstante, dicha deserción apunta mayormente al abandono de un programa de estudio académico en el que se había matriculado inicialmente.

El problema afecta a las instituciones educativas de nivel superior, que pierde talentos en sus filas. También las trayectorias personales se ven perjudicadas, con consecuencias económicas indeseables para las instituciones, y para los estudiantes y sus familias.

El abandono comienza mucho antes de presentar la baja

Investigaciones sobre la permanencia estudiantil revelan que la decisión de abandonar los estudios no es repentina. Por el contrario, resulta de la acumulación de problemas que poco a poco mellan el compromiso con la carrera elegida.

Cuando se identifican dichos síntomas, aumenta la posibilidad de ayudar a los alumnos y prevenir que abandonen la universidad.

  • Disminución de la participación en clase: la reducción de la participación en las clases es una de las primeras señales del problema. Si bien está presente en las clases, el estudiante deja de participar en debates, no hace preguntas y reduce su intervención en actividades individuales y grupales. Las causas de esto pueden ser muchas, pero también puede ser indicio de que progresivamente está perdiendo la confianza o la motivación de estudiar.
  • Aumento de las ausencias: una asistencia irregular tampoco es una buena señal. Perderse de una clase eventual es normal. Pero si esto se hace frecuente, podría tener que ver con dificultades académicas, problemas personales, o con una desconexión creciente de la vida universitaria.
  • Retraso en las entregas: el hecho de que entreguen trabajos fuera de la fecha límite o que se acumulen las tareas pendientes, suele deberse a problemas de adaptación. A veces tiene que ver con una mala organización del tiempo. Pero en otros casos se debe al estrés, la ansiedad y la sensación de incapacidad de hacer frente a las exigencias académicas.

El rendimiento académico no cuenta toda la historia

Bajas calificaciones pueden indicar un riesgo de abandono, pero representa sólo una parte del problema.

Por supuesto, no todos los alumnos con notas bajas abandonan sus estudios, ni todos los que obtengan los mejores resultados están bien adaptados a la universidad.

Esta es la razón por la que hay que considerar otros factores que intervienen en este problema.

  • Pérdida de interés por la carrera: las dudas sobre la carrera elegida, o el sentir que algunas asignaturas no tienen sentido, podrían ser motivo para indagar un poco más en la situación de un estudiante. A veces su desmotivación tiene que ver con expectativas poco realistas. En otras, describe una orientación vocacional fallida o problemas para visualizar un futuro profesional.
  • Sensación de aislamiento: la integración en la comunidad universitaria es importante en la permanencia de los estudiantes. Si estos no logran vincularse con compañeros, docentes o grupos académicos, podrían aislarse y no identificarse con la institución.

Los factores que aumentan el riesgo de abandono

En el abandono universitario hay también otros factores que dan cuenta de su complejidad económica y social.

  • Dificultades económicas: costear la matrícula, el transporte, los materiales de estudio, o incluso el mismo alojamiento, dificulta en muchos casos la continuidad de los estudios. Para hacerles frente en muchos casos tienen que trabajar, lo que perjudica su continuidad en la asistencia a clases. Es un problema que fuerza incluso a los alumnos con un excelente desempeño a interrumpir su formación superior.
  • Problemas de adaptación académica: el cambio de la preparatoria a la universidad es un paso que no todos los estudiantes logran superar. Requisitos tales como la autonomía, el pensamiento crítico y la capacidad de gestionar grandes volúmenes de información, implican hacer uso de habilidades que muchos aún no han desarrollado.
  • Bienestar emocional: la ansiedad, el estrés y la presión por alcanzar el triunfo académico y el temor al fracaso, pueden mellar el rendimiento en las calificaciones. Si estos problemas no reciben atención, hay mayores probabilidades de que el estudiante deje sus estudios.
  • Compatibilizar estudio y trabajo: más de un alumno se ve en la necesidad de estudiar y trabajar. Pero incluso si esto puede dar cuenta de un profundo compromiso, también señala una gran carga de responsabilidades. Es lógico que estos estudiantes tengan problemas para asistir, o participar activamente en las clases.

El papel de los docentes en la detección temprana

Los profesores pueden ayudar a prevenir la deserción estudiantil. Están en posición de identificar señales, y en consecuencia orientar a los alumnos a un acompañamiento institucional.

  • Observar cambios de comportamiento: si un estudiante que tiene un buen desempeño súbitamente reduce su participación, presenta trabajos incompletos o acumula ausencias, puede tener problemas dignos de atención y apoyo.
  • Ofrecer retroalimentación constructiva: en estos tiempos hay una comprensión mayor del papel de las devoluciones docentes. El ideal es que sean claras, detalladas y que ayuden al alumnado a conocer sus fortalezas y debilidades. Es importante que las devoluciones sean respetuosas, que fortalezcan la confianza y que fomenten una buena experiencia educativa.
  • Favorecer el diálogo: los espacios en los que los estudiantes expresen sus inquietudes, es central en la detección temprana de problemas que pueden llevar al abandono en su formación. Una conversación a tiempo puede allanar el camino hacia soluciones oportunas.

¿Qué pueden hacer las universidades para reducir el abandono?

Las instituciones de formación superior pueden fortalecer la permanencia de los alumnos, con estrategias activas en la comunidad educativa.

  • Programas de tutoría: las mentorías ejercidas por docentes o estudiantes avanzados durante los primeros meses tienen el potencial de obrar maravillas reduciendo la deserción que suele ser mayor en los primeros meses. Mayormente resuelven dudas académicas, ofrecen orientación sobre la universidad y refuerzan el sentido de pertenencia.
  • Sistemas de alerta temprana: indicadores como la asistencia, el rendimiento económico o la participación en plataformas virtuales permiten a las universidades identificar alumnos en riesgo de abandono, e intervenir con una ayuda oportuna.
  • Servicios de apoyo integral: la orientación psicológica, el asesoramiento pedagógico, las becas y los programas de bienestar responden con gran efectividad a variadas necesidades de los alumnos, ayudándolos a permanecer en sus estudios.

¿Qué puede hacer el propio estudiante?

Si bien las instituciones pueden ofrecer un apoyo vital, como estudiante puedes hacer tu parte si tienes problemas de rendimiento en tus estudios.

Para empezar, pide ayuda a tiempo. No significa que estés fracasando. Sólo que necesitas ayuda con tus desafíos personales.

Apóyate en tus compañeros, y reúnete con ellos para compartir experiencias y estrategias. También desarrolla hábitos de estudio frecuentes, evitando que se te amontonen tareas durante los exámenes.

Quitarte peso de los hombros te permitirá sentirte a gusto, para poder ir por más en los años que aún debes transitar.

Permanecer en la universidad es un proceso compartido

Frecuentemente se cree que el éxito de un universitario depende aisladamente de su trabajo individual. Pero ahora se presta más atención a los factores que pueden ayudar o perjudicar su desempeño.

Las universidades deben promover mecanismos de acompañamiento, comunicación abierta y oportunidades de intervención temprana. Y los estudiantes tienen que saber cómo recurrir a la comunidad educativa para apoyarse y también apoyar a otros.

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