¿Sabes realmente cómo pisas cuando corres? La mayoría de runners no lo sabe. Y esa es, según los especialistas, la razón por la que cada primavera las consultas de podología se llenan de corredores que llegaron al médico por el camino equivocado: el del dolor.
El running es hoy uno de los deportes más practicados en Cataluña. El calendario no para de crecer: el Maratón de Barcelona ha cerrado sus 28.000 dorsales con semanas de antelación, la Cursa El Corte Inglés reúne cada mayo a decenas de miles de participantes en su edición número 45, y pruebas como la San Silvestre RACC de Badalona o la Mitja Marató de El Masnou congregan cada año a miles de corredores del área metropolitana. Con ese volumen de participación, también crece el número de lesiones que podrían haberse evitado. El problema no es correr. Es correr sin saber cómo pisa uno.
Fascitis, tendinitis, periostitis: el top 3 que ningún runner quiere ganar
La fascitis plantar, la tendinitis aquílea, la periostitis tibial, el neuroma de Morton, cualquier corredor habitual ha escuchado estos nombres, o los ha sufrido. Son las lesiones más frecuentes del pie y la pierna en runners y tienen algo en común: raramente aparecen de golpe. Se construyen, kilómetro a kilómetro, sobre una base que nadie revisó.
Según el Runómetro de Runnea, el mayor estudio sobre running en España, la sobrecarga muscular es el problema más frecuente entre corredores aficionados en todos los niveles. Pero debajo de esa sobrecarga, casi siempre hay una causa mecánica que la origina. Ninguna de estas lesiones es inevitable. Todas tienen un denominador común: la pisada.
¿Pie pronador o pie supinador? Cómo pisas al correr (y cómo saberlo antes de lesionarte)
Cada vez que el pie toca el suelo al correr absorbe una fuerza de entre dos y tres veces el peso corporal. En una carrera de 10 kilómetros, eso son entre 8.000 y 10.000 impactos. Si el pie los gestiona bien, el cuerpo los redistribuye sin problema. Si prona en exceso o supina, esa fuerza se desvía y se acumula. El pie pronador, el que gira hacia dentro al apoyar, es el más frecuente entre los corredores lesionados. El pie supinador, que rueda hacia fuera, concentra el impacto en el borde externo y sobrecarga el tobillo. Ambas alteraciones pueden coexistir con años de carrera sin producir síntomas. Hasta que el cuerpo no puede más.
El error más habitual es tratar el dolor donde aparece sin buscar el origen. Se trata la fascitis con reposo y antiinflamatorios. Mejora. Y vuelve. Porque la causa, la pisada, sigue sin corregirse. La única forma de saberlo con certeza es un estudio biomecánico. En la Clínica Ricard Megías, referente en podología deportiva en Badalona, realizan análisis con más de 7.000 sensores a 120 imágenes por segundo. El resultado es un mapa tridimensional de la huella con un informe de recomendaciones personalizadas listo en 30 minutos, no solo un diagnóstico: es una hoja de ruta para actuar antes de que el dolor aparezca.
Con ese mapa en la mano, las decisiones se vuelven precisas: cambiar el tipo de zapatilla, añadir unas plantillas personalizadas o corregir un gesto técnico concreto. Pequeños ajustes que, aplicados antes de que aparezca el dolor, evitan semanas —a veces meses— de baja y de tratamiento.
Cinco cosas que todo runner debería saber sobre sus pies
1. El estudio de pisada va antes que las zapatillas, no después. Comprar zapatillas sin saber cómo se pisa es como graduar las gafas sin revisión visual. El calzado debe adaptarse a la biomecánica del pie, no al revés.
2. El dolor que dura más de tres días merece atención. La molestia puntual tras un esfuerzo es normal. El dolor que persiste, que aparece al levantarse o que cambia la zancada, es una señal que no conviene ignorar.
3. Las plantillas no son solo para quien ya tiene lesión. Cumplen una función preventiva igual de importante que la terapéutica. Corrigen la pisada antes de que el sobreesfuerzo se convierta en patología.
4. Más kilómetros no significa más riesgo, si se progresa bien. Los factores de riesgo reales son las sesiones de más de una hora, superar los 50 km semanales y cambiar de superficie sin adaptación previa. La progresión gradual protege más que cualquier zapatilla.
5. Las zapatillas y las plantillas tienen fecha de caducidad. La amortiguación de una zapatilla empieza a degradarse a partir de los 600-800 km, aunque el exterior siga impecable. Las plantillas, cada 12-18 meses.
El mayor riesgo del running no son los kilómetros
El running es uno de los deportes más beneficiosos para la salud cardiovascular, el control del peso y el bienestar mental. Nada de lo anterior pretende disuadir a nadie de calzarse las zapatillas. Pero sí de hacerlo a ciegas.
La mayoría de lesiones que acaban en consulta no llegan por mala suerte ni por exceso de kilómetros. Llegan porque nadie le dijo al corredor cómo pisaba. Y eso, hoy, tiene solución antes de que duela.
--
Contenido patrocinado
