Habla el extranjero Crónica Global Barcelona
Lector, ¿eres víctima del scrolling? ¿Miras compulsivamente noticias tontas en internet, pulsando la pantallita del móvil con el índice, enterándote de cosas que ni te van ni te vienen y perdiendo tu precioso tiempo? Yo también, yo sigo así a diario los ataques de los drones ucranianos que en campos devastados matan a soldados rusos que, solos o en pequeños grupos —el ataque en formación frontal por el campo de batalla o “zona de muerte” ya se ha vuelto imposible, precisamente por la amenaza de los drones—, intentaban infiltrarse tras las líneas del enemigo, hacen estallar sus tanques y camiones, o hacen arder centrales petrolíferas a 1.000 kilómetros de distancia, dándole un vuelco, por ahora, al signo de la guerra.
La impresión que deja esa avalancha de terribles imágenes de soldados que en el espacio geográfico llamado “trituradora de carne” ven llegar la muerte aérea y no les da tiempo ni siquiera de tener miedo, mientras yo voy en el metro, mirando el móvil, es de que Rusia, ahora, no avanza sino, más bien, retrocede. Se habla de que a consecuencia de la guerra su economía sufre mucho, y ha cundido en la población el descontento, hasta el extremo de que Vladimir Putin ya no se muestra tanto en público, pues tiene miedo de ser asesinado por un dron o por los suyos que, hartos de la guerra, le preparan un golpe de Estado.
Sería estupendo, no le perdono a Putin el vil asesinato de Navalny. ¿Pero qué hay de cierto en esas conspiraciones palaciegas? Es imposible saberlo, pero siempre podemos consultar a Mark Galeotti, que dirige la consultora Mayak Intelligence, es profesor honorario en la Escuela de Estudios Eslavos y de Europa del Este de la Universidad de Los Ángeles, California, y autor de una treintena de libros sobre Rusia. El más reciente se titula Forged in War: a military history of Russia from its beginnings to today [Forjado en la Guerra: una historia militar de Rusia desde sus orígenes hasta hoy] y ya está disponible. Ayer publicaba en The Spectator, venerable cabecera muy, muy conservadora, un artículo titulado “No, Rusia no está al borde de un golpe de Estado”.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en una imagen de archivo
“Por mucho que los líderes occidentales arremetan contra la desinformación rusa (que, sí, es un problema real), nunca deberíamos fingir que no es una calle de doble sentido. La repentina oleada de noticias que informan de que una convenientemente anónima «agencia de inteligencia europea» afirma que el Kremlin teme un golpe parece sospechosamente más una operación psicológica destinada a generar paranoia en la élite rusa que una evaluación seria".
“La afirmación es que la seguridad personal de Putin se ha reforzado de forma drástica, no solo para protegerlo de los cada vez más frecuentes y de mayor alcance ataques con drones ucranianos, sino, en particular, porque desde principios de marzo el Kremlin y el propio Vladímir Putin están preocupados por el riesgo de un complot o intento de golpe dirigido contra el presidente ruso".
“En concreto, se sostiene que Serguéi Shoigú, ministro de Defensa hasta 2024 y ahora secretario del Consejo de Seguridad del país, «está asociado con el riesgo de un golpe, ya que mantiene una influencia significativa dentro del alto mando militar»".
“El envejecido Putin puede temer, en efecto, un ataque directo ucraniano, y sus pretorianos del FSO, el Servicio Federal de Protección, son, como cualquier servicio de seguridad, profesionalmente paranoicos y sensibles a las preocupaciones de su protegido. Es totalmente plausible que la seguridad en torno al presidente se haya reforzado, independientemente de que consideren la amenaza plausible o probable. La reducción del desfile del Día de la Victoria del sábado próximo en Moscú parece responder a evitar crear un objetivo demasiado evidente para un ataque ucraniano".
“¿Pero un ataque contra Putin? Aunque al comienzo de la guerra Moscú sí intentó atacar a Volodímir Zelenski, desde entonces ha existido una moratoria bilateral tácita sobre ataques contra la alta dirección del enemigo. A pesar de las afirmaciones rusas de un intento de ataque contra una de las residencias de Putin en diciembre, ese acuerdo sigue en vigor. Si Kiev intentara atacar a Putin, y mucho menos matarlo, podría esperar una represalia brutal".
“Sin embargo, son los rumores sobre un golpe lo que inevitablemente ha atraído más atención y lo que parece menos creíble".
“El sistema de seguridad ruso está cuidadosamente organizado para minimizar el riesgo de un golpe. Diversas fuerzas militares y paramilitares se equilibran entre sí, y el FSO está repleto de leales y facultado para vigilar a quien considere necesario".
“Si bien Yevgueni Prigozhin y sus mercenarios de Wagner se sublevaron en 2023, aquello fue un motín, no un golpe: el objetivo no era derrocar al presidente, sino persuadirlo para que abandonara su apoyo a Shoigú. En cualquier caso, los alrededor de 2.000 hombres que se acercaron a Moscú no habrían tenido ninguna posibilidad de tomar la ciudad, y mucho menos de desalojar a Putin".
“Presentar a Shoigú como un posible golpista es especialmente ridículo. Con razón o sin ella, ha cargado con gran parte de las críticas dentro del estamento militar por la fallida invasión inicial y los posteriores fracasos de liderazgo, estrategia y suministro. Ha habido una campaña exhaustiva para destituir, procesar o apartar a sus allegados dentro del ministerio. Los oficiales con los que estaba asociado, incluido el jefe del Estado Mayor, Gerásimov, a quien él nombró, se han distanciado de él de forma evidente".
“Es difícil, por no decir imposible, imaginar que tenga la autoridad y credibilidad dentro del alto mando para organizar un golpe, y mucho menos la libertad de acción para hacerlo sin llamar la atención de los informantes, las escuchas y las interceptaciones de correos electrónicos del DVKR, el Departamento de Contrainteligencia Militar del Servicio Federal de Seguridad. Pese a su nombre, está más para espiar a los soldados que para protegerlos de espías extranjeros".
“Además, las afirmaciones sobre la seguridad de Putin que pueden verificarse externamente parecen bastante cuestionables. Contrariamente a lo que se afirma, por ejemplo, Putin —que desde hace años viene reduciendo sus viajes y actos públicos por el país— ha mantenido una agenda de eventos públicos, incluido su reciente encuentro con el ministro de Asuntos Exteriores iraní en San Petersburgo".
“Esto podría ser simplemente mala inteligencia, llegando como llega tras un informe sueco que exageró de forma notable la presión sobre la economía rusa. En Europa existe un deseo desesperado de un deus ex machina, de un final milagroso para la guerra de Ucrania. La idea de que Putin sea derrocado por un golpe o de que el país implosione encaja perfectamente con ese anhelo. No sería la primera vez que agencias de inteligencia sucumben a la tentación de ofrecer a sus superiores lo que quieren oír, y no lo que necesitan".
“Sin embargo, con la noticia de que la OTAN se ha reunido con productores de cine y televisión con la esperanza de influir en sus contenidos, también conviene tener en cuenta que esto podría ser una decepción deliberada. Tal vez la idea sea sembrar dudas en la mente de la gente. Tal vez sea lograr que Putin se vuelva contra Shoigú, que es un amigo personal, y que el resto de la élite empiece a preguntarse si ellos podrían ser los siguientes. No sería la primera vez que vemos este tipo de desinformación en las guerras encubiertas que libran los servicios de inteligencia”.
El texto de Galeotti que he traducido para usted, lector, confirma mi tesis de que hoy día es imposible derrocar una dictadura mediante insurrección popular. Los tiranos han aprendido las lecciones del pasado, desde el siglo XVIII al XXI, y no se dejan sorprender. O así me lo parece, y me lo parecerá hasta que en algún sitio pase algo que me desmienta.