Habla el extranjero Crónica Global Barcelona
Según una investigación de The Washington Post, el ministro de Asuntos Exteriores de Hungría, Péter Szijjártó, ha estado transmitiendo información confidencial sobre la UE a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov.
El periódico también afirma que la agencia de inteligencia exterior rusa, el SVR, está respaldando al gobierno de Viktor Orbán en la actual campaña electoral. Es algo gravísimo tener a “un traidor entre nosotros”, en estos tiempos difíciles y peligrosos. El gobierno de Budapest niega enérgicamente las acusaciones. La Comisión de la UE exige explicaciones. Los medios europeos piden una acción contundente: están hartos de Orbán, al que muchos consideran sencillamente un agente de Putin.
De Telegraaf, importante diario holandés que generalmente se sitúa en la derecha o centroderecha del espectro político, está harto de la situación:
«Por supuesto, corresponde a la gente decidir si quiere continuar con este charlatán [Orban] o no. Pero si ese es el caso, Bruselas no debe dejar de tomar medidas decisivas. Por desgracia, será prácticamente imposible expulsar al país de la UE a corto plazo. Pero Bruselas debería por fin mostrar firmeza endureciendo la presión financiera sobre este beneficiario neto, que se comporta como si la UE no fuera más que una máquina de dinero para las necesidades húngaras».
Un enfoque de “esperar y ver” no es suficiente, advierte el diario finlandés Helsingin Sanomat, de línea editorial generalmente considerada liberal e independiente:
«Una solución que se ha planteado es pasar a la votación por mayoría cualificada [en vez de la unanimidad por la que se toman las decisiones importantes en la UE] en política exterior y de seguridad, pero este proceso se ha considerado difícil. Requeriría una decisión unánime para renunciar al derecho de veto. En otras palabras, Hungría tendría que ceder su propio medio de ejercer presión. Además, aunque la votación por mayoría cualificada sea necesaria, no resuelve el problema de la confianza. Una mayoría cualificada no impedirá que alguien filtre información. Hungría actúa con dureza, pero los otros países permanecen pasivos en lugar de obligar a Hungría a resolver el problema. La UE está ganando tiempo. Pero las elecciones en Hungría [el mes próximo] no aportarán automáticamente la solución».
El primer minitro de Hungría, Víktor Orban
El Népszava (“Palabra de la gente”) es uno de los periódicos más antiguos de Hungría y hoy en día se considera un diario de línea progresista o de centro-izquierda. Reproducimos a continuación el interesante artículo que publicó ayer en sus páginas el ex diplomático y analista político György Tatár, bajo el título “Nuestra pertenencia a la Unión Europea está en juego”. Es muy ilustrativo sobre el estado de ánimo que se respira en Budapest en vísperas de las elecciones que reelegirán a Orbán o lo enviarán al retiro.
“Escuché los discursos de las celebraciones del 15 de marzo. Entre ellos, la afirmación de Lázár János [ex ministro de Orbán e influyente altavoz de su partido, Fidesz] de que nunca seremos una colonia ucraniana, y la predicción de Szijjártó [ministro de Asuntos Exteriores] de que Ucrania nunca, jamás, será miembro de la UE. La multitud —al menos la parte influida por la propaganda— aplaudió con entusiasmo. Sin embargo, pensando racionalmente, es inconcebible que Ucrania actúe como colonizadora, y mucho menos que pudiera colonizar a un Estado miembro de la UE; y en cuanto a cuándo será miembro de la UE, difícilmente depende solo de un veto húngaro.
“El discurso de Orbán, como de costumbre, estuvo dominado por la descalificación de la UE. No obstante, siguiendo la retórica de al menos los últimos diez años, es importante ver la evolución. La crítica inicial y cautelosa a la UE —“Bruselas sigue una política equivocada, nuestro país sigue su propio camino”— ha llegado hoy a afirmar que el “imperio intenta imponernos su voluntad”, “confisca nuestros derechos y expande por la fuerza sus objetivos globalistas”. Como elemento nuevo y agravante, ha aparecido el símbolo del eje geopolítico Bruselas-Berlín-Kiev. También ha incluido entre los enemigos a la principal potencia de la UE, sin inmutarse ante el hecho de que se trata de nuestro socio económico número uno. La UE ya no es presentada solo como un representante ineficaz de la élite liberal occidental ni como un adversario civilizatorio e ideológico. Hoy se la presenta como un enemigo geopolítico contra el que debemos librar una lucha por la libertad.
“Pero esto es solo la superficie. Lo que realmente está en juego en las elecciones de abril —y de lo que el gobierno, al menos públicamente, no habla— es la pertenencia de Hungría a la UE. En este momento tampoco pueden hacer otra cosa, ya que las encuestas muestran claramente que más del 70% de la población apoya la pertenencia a la UE. Además, jurídicamente tampoco parece haber posibilidad de expulsar a nuestro país de la UE.
“La realidad bajo la superficie, sin embargo, es que si Fidesz gana las elecciones, existe una alta probabilidad de que en 2030 Hungría ya no celebre las siguientes elecciones parlamentarias como miembro de la UE.
“La prolongación de la guerra ha creado una situación completamente nueva. Según la valoración de Orbán, desde Bruselas se ejerce una fuerte presión sobre nosotros para que nos unamos, con dinero, armas e incluso sacrificando a nuestros hijos, al bando que desea la guerra. Con esto hemos dado un paso más: verbalmente hemos llegado al umbral de “entrar en la guerra”. No es casualidad que ya ni una sola vez se haya mencionado la palabra “agresión”. En la comunicación gubernamental se ha establecido un signo de igualdad entre las dos partes. Es más, al denigrar a Ucrania, el poder se ha alineado abiertamente con el agresor.
“En este marco, la Unión Europea ya no aparece como aliada, sino como un riesgo considerable. La pertenencia a la UE deja de ser una ventaja y pasa a ser un factor limitante y peligroso para nuestra nación.
“La retórica de Orbán ya ha preparado el terreno para que, en caso de victoria en abril, invocando la “nueva situación”, pueda presentar “forzada pero lógicamente” la necesidad de abandonar la UE como la única opción para preservar la paz y la estabilidad, y evitar la guerra. Sin mencionar la posibilidad ya insinuada de que, tras 2030 y teniendo en cuenta las ampliaciones previstas, Hungría podría convertirse en contribuyente neto.
“La decisión se verá facilitada por la voluntad seguramente creciente de los Estados miembros de la UE de preservar la unidad y actuar conjuntamente, así como de marginar a quienes se opongan. La cuestión puede volverse actual en relación con el presupuesto de la UE para 2028-2034, es decir, como muy tarde en 2027. Para entonces quedará completamente claro que los Estados miembros no se dejarán chantajear por Orbán, y que, a más tardar para entonces, encontrarán la forma de eliminar el obstáculo que bloquea la acción común. Podría surgir fácilmente una situación similar a la salida “voluntariamente forzada” de Fidesz del grupo del Partido Popular Europeo en 2021. Siguiendo la lógica del sistema político de los últimos quince años, difícilmente es un error pensar que estas cuestiones ya están sobre la mesa en la “cocina política” y solo esperan ser servidas.
“Seamos, sin embargo, optimistas y confiemos en que esto no ocurra. Aun así, sería un error no contar con un escenario así y sus consecuencias. La consecuencia más grave no sería que se prive a nuestra nación de muchas de las ventajas de pertenecer a la UE —como la libre circulación, el empleo, los fondos europeos, etc.—, sino que entonces casi automáticamente nos veríamos arrastrados, o más bien encadenados, a Rusia y China. Con ello podría comenzar una nueva etapa en nuestra historia.
“Durante la campaña, es responsabilidad moral —y deber— de la oposición desenmascarar al menos en la recta final la falsa retórica gubernamental: lo que está en juego en las elecciones no es la guerra. Lo que realmente está en juego en abril es el futuro de nuestra pertenencia a la UE y si el “ferry húngaro”, que vuelve a derivar hacia las costas orientales, aún puede cambiar de rumbo o terminará anclando allí en un futuro previsible”.