Habla el extranjero Crónica Global Barcelona
Harlan K. Ullman (1941) es un sagaz analista y exitoso empresario norteamericano, con experiencia bélica en Vietnam, donde siendo joven capitaneó patrulleras y destructores de la Marina en 150 combates. Algunos, pero no todo el mundo, le consideran autor de la doctrina bélica “shock and awe”, o sea, un ataque rápido y aplastante que, mediante el terror, avasalla al enemigo y le quita la voluntad de combatir.
Ahora, Ullman es un ensayista sobre conflictos bélicos autor de, entre otros libros, Anatomía del fracaso (Anatomy of Failure), subtitulado “Por qué América pierde todas las guerras que comienza”. Su tesis es que los EEUU las pierden porque los presidentes no saben gran cosa de táctica y estrategia, y ni siquiera tienen claros los objetivos que persiguen…
A finales de la semana pasada publicó en The Hill un breve ensayo sobre la situación global en que nos encontramos, titulado Esto empieza a parecerse un poco a Sarajevo en junio de 1914. Como sabe el lector, en esa fecha, Gavrilo Princip asesinó al archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, el heredero de la corona imperial austrohúngara, dando así el pistoletazo –nunca mejor dicho-- a la primera Guerra Mundial y al catastrófico siglo XX…
Este es ya el segundo artículo que aquí reproducimos sobre la posibilidad de que estemos insensiblemente adentrándonos en la tercera Guerra Mundial. No es que nos guste ejercer de Casandra, ni nos guste el morbo de la catástrofe. Pero si ésta sucede, será un consuelo poder decir: “¡Yo lo predije! ¡Yo os lo advertí!”.
Bromas aparte, el mencionado The Hill es un diario de Washington, bien considerado en sus análisis de política norteamericana y mundial. Veamos qué dice allí nuestro veterano de Vietnam y médico forense del fracaso, el señor Ullman, y cuando acabe de exponer sus argumentos, añadiremos, para cerrar el artículo de hoy, un dato interesante sobre su fiabilidad.
El presidente de EEUU, Donald Trump / EP
“Con dos grupos de ataque de portaaviones estadounidenses reuniéndose en el mar Arábigo, las probabilidades de un conflicto armado con Irán son inquietantemente altas, aunque aún falte una semana para que el grupo de ataque del USS Gerald Ford llegue a su zona de operaciones. […] Por desgracia, se vislumbran otras contingencias que evocan incómodos paralelismos históricos. Me refiero, en concreto, al 28 de junio de 1914, cuando el archiduque Francisco Fernando y su esposa Sofía, embarazada, fueron tiroteados y asesinados en un puente de Sarajevo por Gavrilo Princip, de 19 años.
“Aquel magnicidio desencadenó una serie de movilizaciones entre las principales potencias europeas, basadas en premisas erróneas y obsoletas, según las cuales quien se moviliza primero gana, y en que Prusia podía derrotar fácil y rápidamente a Francia utilizando los ferrocarriles para movilizarse.
“Más de 110 años después, no es la movilización el catalizador de la catástrofe, sino una serie de crisis que podrían prender en una conflagración por una sola chispa o incluso una brasa humeante. Consideremos lo que está ocurriendo con el orden de seguridad internacional global. A medida que la administración Trump centra su atención en el hemisferio occidental, la defensa del territorio y mantener a China dentro de la primera cadena de islas en el Pacífico, el interés estadounidense por Europa está decayendo, independientemente de lo que el secretario de Estado Marco Rubio haya dicho para tranquilizar a los aliados en la Conferencia de Seguridad de Múnich.
"Además, el banquero de Vladímir Putin, Kirill Dmitriev, antiguo ejecutivo de Goldman Sachs formado en Harvard y Stanford, es uno de los principales negociadores rusos para poner fin a la guerra en Ucrania, junto con el empresario inmobiliario estadounidense Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno de Trump. Dados estos vínculos, posibles acuerdos económicos y comerciales podrían convertirse en la base de un arreglo.
"Mientras tanto, Europa está cada vez más obsesionada con una Rusia en resurgimiento y con la posibilidad de que Putin avance militarmente hacia el oeste en cinco años, o quizá mucho menos. Esa amenaza se ve agravada por el uso más agresivo que hace Rusia de medidas activas, por debajo del umbral del conflicto armado, para debilitar a la OTAN y a las alianzas europeas. Estas incluyen sobrevuelos que violan fronteras internacionales, el uso de desinformación y desinformación, propaganda y espionaje, y el corte de cables de comunicaciones submarinos. Y Moscú ha dejado claro que, pese a cualquier desequilibrio militar convencional, posee una abrumadora superioridad numérica en armas nucleares de teatro y de corto alcance.
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en una imagen de archivo
"Polonia ya ha hablado de desarrollar su propia fuerza de disuasión nuclear. Otros Estados como Suecia y Alemania tienen el know how nuclear. Y tanto el presidente francés Emmanuel Macron como el primer ministro británico Keir Starmer han planteado la posibilidad de una disuasión europea conjunta. Europa ya ha asumido la carga de reabastecer y apoyar a Ucrania, aliviando así a Estados Unidos en ese aspecto. Dado el grado de preocupación por Rusia, no es inconcebible que Europa pueda proporcionar a Ucrania armas que vayan más allá de contribuir a sostener el estancamiento de la guerra.
"China continúa su fortalecimiento militar. Su “asociación sin límites” con Rusia refuerza la posición de Putin. Y la implicación de Corea del Norte en Ucrania le da acceso tanto a tecnología de drones como de submarinos rusos como contrapartida adicional por aportar sangre y recursos a la guerra.
"Aunque no sea directamente pertinente para un futuro escenario del 28 de junio, la Junta de Paz de Trump podría imponerse a las Naciones Unidas al ofrecer un foro alternativo para tratar los conflictos. Con un centenar de miembros menos que la ONU, es improbable que una organización rival la supere. Pero sí podría erosionarla. Y ¿qué ocurrirá dentro de tres años, cuando Trump ya no sea presidente pero siga siendo presidente de esta junta? ¿Se considerará legal su participación en política exterior al margen del gobierno de Estados Unidos?
"Esto nos devuelve a Irán y a la pregunta del “¿qué pasaría si?”. La Administración, comprensiblemente, no ha indicado qué pretende lograr un ataque, cuánto duraría un enfrentamiento militar y el conflicto, cuáles serían las posibles consecuencias ni cuál podría ser la estrategia de salida. Otra incursión del tipo “Midnight Hammer” [Martillo de Medianoche, el ataque norteamericano a Irán en junio del año pasado], que durase un día más o menos, no parecería suficiente para imponer los resultados que la administración pretende lograr.
"Aun así, si Estados Unidos llega a atacar a Irán, ¿implicará eso un Sarajevo del siglo XXI y el preludio de una guerra más amplia? Solo cabe esperar que alguien en la administración esté respondiendo a esa y otras preguntas”.
Bien, como Ullman no cierra muy bien su interesante análisis (que es una buena síntesis de la situación), lo haremos nosotros por él, recordando que hace cuatro años teorizó que Rusia no atacaría a Ucrania… dos semanas antes de que empezase la invasión. ¿Pero quién no se equivoca a veces en sus previsiones, amigos?