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El investigador del CSIC José Fernández Albertos, en el encuentro con Agenda Pública, sobre la nueva moda política en el mundo

Votar contra el sistema, la nueva moda política en el mundo

El politólogo Fernández-Albertos considera que la desigualdad económica ha dado lugar al “precariado político”, que es volátil y con preferencias dispares

7 min

Votar contra el sistema. La política va a una velocidad de vértigo. La volatilidad en el voto es la norma, y los ciudadanos optan por fórmulas populistas o por partidos antisistema, a veces siendo conscientes de que esos partidos podrían en ir en contra de sus intereses, pero con la convicción de que esas opciones harán daño al enemigo que realmente se odia. “Votar a favor del Brexit, de ingleses con grandes problemas económicos, podía ir en contra de sus intereses, pero se aceptaba, se podía aceptar que el paro pueda crecer dos o tres puntos, si realmente el Brexit supone un castigo a la City, contra el poder financiero”. Lo expone José Fernández-Albertos, investigador del CSIC, y uno de los politólogos con más prestigio en España.

El politólogo se explica. Quiere entender a sus interlocutores, pero no tiene todas las respuestas. Analiza la política española, pero, en realidad, trata de interpretar el fenómeno mundial que supone que los ciudadanos voten a partidos llamados antisistema, en un encuentro organizado por Agenda Pública.

Precariado político

Todo ha pasado casi al mismo tiempo, y en todas las latitudes. En Grecia, con la victoria de Syriza, que hizo lo que le dictaba Bruselas, pero antes convocó un referéndum, y intentó mover las aguas alemanas que se beben en la capital de la Unión Europea. Llegó Trump​ en Estados Unidos, con la percepción de que, en el primer caso, había ganado un partido antisistema, y en el otro había triunfado el populismo. Luego la extrema derecha ha avanzado en Francia, Holanda e Italia y en Austria, y en Hungría, y en Turquía, con un régimen autoritario. ¿Qué está sucediendo?

Fernández-Albertos introduce un vocablo, extraño, pero claro: “precariado político”. A su juicio, la desigualdad económica, combinado con la sensación de que en una democracia la voz de un precariado no se escucha, de que los canales de participación son estrechos, y de que cualquier política pública que se impulsa cuesta horrores hasta que se implementa, explica ese voto hacia nuevos partidos, hacia el populismo, o hacia las fórmulas antisistema.

Consultas y referéndums

Si nos referimos al “precariado económico”, a una sociedad precarizada, con escasez de trabajos bien remunerados, con más facilidades para restar derechos a los trabajadores, lo que introduce Fernández-Albertos es esa condición en el mundo de la política. “Eso ha derivado en España hacia Podemos, aunque también este partido ha ido evolucionando, y, de otra forma, también hacia Ciudadanos”. Se trata de partidos de nuevo cuño que dicen que superarán los viejos esquemas de los partidos tradicionales que ya no solucionan los problemas.

Lo expone este investigador del CSIC en su libro Antisistema (Catarata), aunque él mismo considera que el título podría ser otro. Y es que Syriza, al final, ha acabado siendo un partido del sistema, gobernado en Grecia con las rectas de la Comisión Europea. La cuestión es que el pueblo griego pudo participar, con un referéndum, y esa es una clave que Fernández-Albertos tiene en cuenta. “Se debe ser algo más imaginativo, arriesgar, con mecanismos que puedan reconectar a la ciudadanía con la complejidad de los procesos políticos, con los sistemas democráticos”, asegura, y las consultas, como ocurre en los países nórdicos, pueden ser una parte de la solución.

Sin cintura política

La clave más importante se encuentra en la economía, en la transformación de los procesos productivos, con una globalización creciente, que ha superado los sistemas políticos. Todo eso además de los cambios sociales, con más derechos individuales, con la entrada en escena de minorías de género y de orientación sexual, que rompe los esquemas de un sistema sencillo, claro y que era efectivo: obreros, clase media, elite, y el pegamento de la socialdemocracia.

Eso ha desaparecido, pero no el sistema de participación, no la forma en cómo se desarrolla una política pública, con poca cintura para responder ante las desigualdades, no ya de oportunidades, sino puramente materiales. Ante todo eso, surge el ciudadano calificado como "vago cognitivo", que acaba apostando por el Brexit, sepa o no si le conviene, y sólo porque ve que puede enfurecer al financiero de la City.

Sin clase media

Ese es el juicio de Fernández-Albertos, que insiste en poner la lupa en conceptos que todo el mundo explica: “Hablar de clase media ya no es posible, porque es muy heterogénea, con muchos intereses contrapuestos, están muy alejadas de las de abajo, y son muy diversas”. Es decir, todo se ha atomizado, y en ese caldo es complicado dirigir mensajes políticos que logren un consenso.

¿Y el caso catalán? Dispersión de opiniones, pocas respuestas, la complejidad es aún mayor. Fernández-Albertos llega al encuentro con Agenda Pública para hablar de su libro. Sorbo final al café con leche. Fin de la sesión.