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Josep Ramon Bosch, presidente de Societat Civil Catalana, junto a Bernard-Henry Lévy, y Albert Boadella, y de espaldas Manuel Valls y Arcadi Espada / CG

Societat Civil Catalana se conjura para "derrotar" el proceso independentista

El presidente de la entidad admite, en una carta a los socios, "divergencias" sobre la gestión y un malestar interno que se quiere superar cuanto antes

31.01.2019 00:00 h.
8 min

Directo, sin ocultar los errores, pero tampoco sin miedos para destacar todo lo que se ha realizado en los últimos años. Societat Civil Catalana se conjura para "derrotar" el proceso independentista y mantener la misma dinámica que se había desarrollado. Pero desde la asunción de los errores cometidos y con el afán de dotar a la entidad de una mayor transparencia, de cara a la sociedad catalana, pero también respecto a los propios socios.

El presidente de SCC, Josep Ramon Bosch, que ya fue el primer presidente de la entidad y que fue elegido el pasado 19 de enero tras dos meses convulsos, se compromete a impulsar los cambios necesarios a través de una carta interna envidada a todos los socios. Bosch señala que Societat Civil Catalana debe continuar como "un factor fundamental en la derrota del proceso separatista, en el fortalecimiento de nuestro país y en la reconstrucción de la convivencia en nuestra sociedad".

Creciente malestar

Lo ocurrido desde el 19 de diciembre, cuando nueve miembros de la Junta --sobre un total de 14-- decidieron una reorganización de cargos y que provocó la destitución de su presidente, José Rosiñol, ha dejado a la entidad en una situación complicada. Los socios perdieron confianza y algunos de sus más significativas figuras, dejaron esa Junta, como Míriam Tey, después de un trabajo ingente. Ahora, Josep Ramon Bosch busca un revulsivo que pasa, primero, por asumir aquellas "divergencias" que se han  producido en el nivel interno.

El presidente de Societat Civil Catalana no lo esconde: "Se fue formando un creciente malestar interno de la mayoría de la Junta, que percibía que se tomaban decisiones y líneas estratégicas sin contar con todos los miembros de la misma. A su vez, los colaboradores más cercanos del presidente saliente alegan que algunos sectores de la Junta tenían un talante habitual de obstrucción y se han tenido que tomar decisiones ejecutivas para garantizar el cumplimiento de los objetivos estratégicos". Una de las ideas que sostiene Bosch es que "la falta de un protocolo interno en la toma de decisiones ha podido provocar precisamente algunos de los malentendidos que después se han sobredimensionado".

El presidente de SCC Josep Ramon Bosch

Josep Ramon Bosch

Las cuentas serán auditadas

Sin embargo, y en eso Bosch coincide con otras fuentes consultadas por Crónica Global, en la entidad no se produjeron irregularidades económicas, pero si opacidades o falta de comunicación sobre las decisiones que se tomaban. Pese a todo, el 95% de los socios validó el informe de gestión de 2017 y el 76% avaló la gestión del 2018. Respecto a las cuentas, las de 2017 se aprobaron con un 90% de apoyo, mientras que las de 2018 "serán auditadas próximamente y, tal y como prevén los estatutos, votados convenientemente por la próxima asamblea".

Pero, ¿qué ha pasado en ese corto lapso? Lo explica Bosch en la carta: "Somos todos conscientes de que una entidad como la nuestra se basa en la confianza de sus socios y de sus donantes. Por eso la nueva Junta se propone profundizar en la plena transparencia de nuestra gestión. Hemos tomado la decisión de publicar las cuentas de la asociación. En las reuniones trimestrales que tendremos con los socios expondremos también el estado de las cuentas. Este es mi compromiso y el de la Junta entrante". En la carta se señala que con todo lo que ocurrió se "retrasaron" donaciones importantes "comprometidas" y que eso provocó acabar 2018 "con una deuda importante".

Apoyo a la obra de Henry Lévy

Bosch se refiere al trauma interno que se vivió en la última asamblea, el 19 de enero, cuando él mismo presentó la candidatura --tras una primera de Rafael Arenas, que no prosperó-- y el intento de José Rosiñol de volver a presidir la entidad. La nueva Junta la componen Bosch como presidente; Àlex Ramos como vicepresidente; Xavier Marín como tesorero y Manuel Miró como secretario. Bosch quiere ampliar esa junta con un miembro más, que podría ser una mujer. Entre las interpretaciones que los propios socios han realizado destaca el hecho de que Societat Civil Catalana ha quedado huérfana de miembros o de personas cercanas a Ciudadanos. Mientras Bosch y Miró forman parte de una esfera próxima al PP, y Marín y Ramos al PSC, el partido de Albert Rivera ha querido en los últimos meses apostar por su propia plataforma, España ciudadana, que no ha acabado de funcionar.

El objetivo que se persigue es que Societat Civil recupere el brío, con una fórmula que supere la división partidista, y que se centre, de nuevo, en el combate contra el independentismo. Una de las iniciativas de las últimas semanas ha sido la de patrocinar la obra de teatro de Bernard-Henry Lévy, Looking for Europe, que cuenta con el actor Albert Boadella. La obra se representará en Madrid, Valencia y Barcelona, y es un alegato contra los populismos y los nacionalismos, con la clara intención de “desnudar” el proceso independentista catalán.

Todos los logros alcanzados

La intención ahora es recoger propuestas para clarificar el mensaje, y la forma de actuar internamente, de cara a los propios socios. Bosch se compromete a convocar una nueva asamblea antes del 31 de mayo, con un plan estratégico por parte de la actual Junta. En ese momento, otros miembros de Societat Civil deberán tomar el testigo de Bosch. La intención es clara: una conjura interna para mantener y reforzar el trabajo realizado, y seguir con los "logros" de la entidad, que se exponen sin complejos:

"Hemos dado la batalla cultural ante el relevo independentista; hemos roto la hegemonía del nacionalismo y la espiral del silencio en nuestra sociedad; hemos reunido un constitucionalismo que antes estaba muy distante; hemos conseguido por dos veces sacar a un millón de personas a las calles de Barcelona; hemos hecho que se escuche en todas partes la voz de aquella mayoría de catalanas que queremos mantener los vínculos preciosos con el resto de España".

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