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Un equipo de seguridad de políticos junto a un coche oficial / CG El Senado reducirá su parque móvil de 27 a 18 vehículos

Refuerzo policial para los políticos unionistas en Cataluña

Dirigentes del PP, PSC y Cs se ven obligados a mejorar su seguridad con más escoltas y contravigilancia de los Mossos d’Esquadra

10 min

El clima que se respira en Cataluña desde hace un par de meses ha hecho saltar las alarmas de los escoltas que velan por la seguridad de los dirigentes políticos, sobre todo los que pertenecen a partidos unionistas. Diputados del Parlamento catalán y concejales del Ayuntamiento de Barcelona --algunos, hasta la fecha, no habían necesitado este servicio-- han recibido el aviso de la policía catalana para que se mantengan en alerta ante la situación política actual.

Es el caso del primer secretario del PSC, Miquel Iceta, que se encuentra entre los políticos que últimamente han visto incrementada su seguridad personal. “Tengo a mis escoltas pegados a mí a cada momento”, explicaba a Crónica Global en una entrevista realizada en la redacción. “Antes, los fines de semana iba más libre, pero ahora eso ya se acabó”, añadía.

Lo mismo le ocurre al teniente de alcalde de Empresa de Barcelona, el socialista Jaume Collboni, que se ve obligado a llevar escolta desde el pasado día 1 de octubre, fecha en la que se celebró el referéndum ilegal en Cataluña. Consideró en su día que era de sentido común reforzar su seguridad por el riesgo real de la situación actual y por la presión que algunos ediles de su partido han recibido.

Refuerzo y contravigilancia

En la formación de Inés Arrimadas también se ha traducido el aumento de la tensión en una operación blindaje de los políticos. “Ella lleva la seguridad que se le asignó desde que es líder de oposición, como el resto de líderes catalanes. Pero desde los sucesos del 20 y 21 de septiembre llevan escolta Carrizosa, De Páramo y Espejo-Saavedra”, desvela una portavoz de Ciudadanos en el Parlamento de Cataluña. Carina Mejías, líder del partido en el consistorio, también cuenta con seguridad --aunque no fija como la de Arrimadas-- y desde principios de septiembre.

Albert Rivera escoltado en un viaje a Venezuela / EFE

Albert Rivera escoltado en un viaje a Venezuela / EFE

Algunos dirigentes como Xavier García Albiol, líder del PP catalán, han notado este blindaje desde el 11 de septiembre, celebración de la Diada Nacional de Cataluña en la que, al aumento de su equipo de guardaespaldas, se sumó la contravigilancia de los Mossos d’Esquadra. “Lleva más escoltas, sobre todo, en ocasiones como la celebración de plenos considerados históricos”, explica una portavoz del grupo popular a este medio. Como fue el caso de la sesión parlamentaria en la que se aprobó la Declaración Unilateral de Independencia (DUI) o la anterior, en la que pretendía aprobarse pero el expresident Carles Puigdemont pidió la suspensión de sus efectos en busca de algún resquicio de diálogo.

Pautas y consejos de seguridad

Desde entonces, el refuerzo de los agentes de la policía autonómica que velan por la integridad física de Albiol ha ido in crescendo. “El 1 de octubre fue el segundo paso, sobre todo en cuanto a la contravigilancia. Llamó el jefe de la unidad de Mossos para avisarnos”, explican las mismas fuentes. Añaden que el líder del PP recibe ahora más insultos, de la misma manera que también se le acerca más gente para darle ánimos y aplaudirle: “Está todo más polarizado, la gente está muy harta”.

Como ocurre con Alberto Fernández, su compañero de filas en el Ayuntamiento de Barcelona, quien también cuenta actualmente con más policía, además de los agentes de la Guardia Urbana que velan por él desde hace 22 años. A finales de septiembre, tras la operación de la Guardia Civil en la consejería de Economía que provocó el estallido de las movilizaciones continuadas, recibió una llamada del Departamento de Interior. “Me han reforzado los servicios, sobre todo en manifestaciones y aglomeraciones, y me han dado pautas y consejos de seguridad”, desvela.

Su caso viene de lejos. Fernández era uno de los objetivos de ETA. La banda terrorista recabó información sobre él y le siguió junto al ministro socialista Ernest Lluch, al que asesinaron. Poco antes de caer, el Comando Barcelona tenía previsto atentar contra el concejal del PP colocando una maceta bomba en su casa. “Aquella fue una época durita, sí”, reconoce. Pero salva las distancias con la situación actual en Cataluña: “Entonces había una doble connotación, la intimidación verbal y física y que podían pegarte un tiro en cualquier momento. Aquí, por ahora, no. El escolta está para garantizar la normalidad democrática de nuestro día a día”. Eso sí, a ningún concejal de su partido se le ocurre pasear de noche y sin vigilancia por algunos barrios como el de Gràcia o el núcleo histórico de Sant Andreu y Horta.

Xavier Garcia Albiol habla con la prensa en uno de los últimos plenos celebrados en el Parlamento catalán / EFE

Xavier Garcia Albiol habla con la prensa en uno de los últimos plenos celebrados en el Parlamento catalán / EFE

‘Kale borroka’ catalana

Quien sí establece paralelismos con el País Vasco es la Policía Nacional (CNP), encargada de prestar este servicio en el ámbito estatal. Un portavoz del cuerpo en Cataluña asegura que “es el principio, una de las fases que tuvo el País Vasco. Luego fue aumentando la intensidad” y, en territorio catalán, se han vivido varios momentos de tensión que, a su parecer, recuerdan a ese punto de partida de Euskadi, como los escraches en domicilios particulares, colegios, a familiares de algún político o declaraciones de personas non gratas en algunas localidades catalanas.

“Es un comportamiento típico de un grupo abertzale radical” y, en sus palabras, lo peor que puede pasar es la materialización de una kale borroka. “Son casos puntuales, no sería justo generalizar, pero sí que recuerda a aquello”, dice. Desconoce la evolución de la situación, pero alerta de que, en ocasiones, hay quien se acoge al argumento de que el fin justifica los medios y no debería ser así. “Son dinámicas peligrosas”.

“Terra Lliure ya no existe”

Como las ocurridas en la huelga del 8 de noviembre, en la que varios grupos reducidos de una veintena de personas cada uno cortó las principales vías de acceso a Cataluña provocando el caos. Según un ex guardia civil que prestó servicio en el instituto armado en fechas señaladas como el atentado del Hipercor o el del cuartel de Vic, “ese es el movimiento de la kale borroka catalana”. Considera que es necesario estar en alerta, pero ve exagerada la comparación, dado que “allí había terroristas, muertes y armas. Aquí, no. Terra Lliure ya no existe”. Y lanza un mensaje a tener en cuenta: ¿y si este refuerzo ha sido una estrategia del Govern para demostrar que los Mossos también protegen a los partidos unionistas frente a la situación que, según ellos, ha provocado el Gobierno central?

Sea como fuere, la realidad actual de los políticos catalanes unionistas es que únicamente ellos se han visto obligados a reforzar su seguridad y, con ella, la sensación de inquietud que les acompaña en su día a día. El argumento oficial de la policía catalana es que se trata de “un servicio en continua revisión y se adecúa a las necesidades del momento”.

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