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El jefe de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluís Trapero (c), mira a un policía nacional a su llegada a la Audiencia Nacional para declarar ante la juez Carmen Lamela, como investigado por sedición en relación a la actuación de la policía catalana ante el ac

Malos tiempos para la policía en Cataluña

Los Mossos d'Esquadra pierden la confianza de jueces y fiscales mientras la Guardia Civil y el CNP asumen que van a investigar en “terreno hostil”

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“Los jueces y fiscales están perdiendo la confianza en los Mossos d'Esquadra”. Esta frase se oye cada vez con más asiduidad en los pasillos de la Ciudad de la Justicia de Barcelona. Los últimos acontecimientos políticos han extendido la idea de que los Mossos están actuando bajo directrices políticas que nada tienen que ver con el imperio de la ley.

El presidente del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC), Jesús María Barrientos, ha relegado a los Mossos en beneficio del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) en las labores de vigilancia y control del Palacio de Justicia situado en el paseo de Lluís Companys de Barcelona. Barrientos no esconde su desconfianza en los Mossos en el caso de intento de ocupación o de suspensión de las atribuciones del alto tribunal. Para que, llegado el caso, sea la Policía Nacional quien les defienda.

Mossos: poca fiabilidad

Este ejemplo, y las acusaciones de la Guardia Civil y de la Fiscalía sobre la tibieza o inacción de los Mossos a la hora de aplicar las órdenes del alto tribunal durante el referéndum del 1-O han llevado a algunos jueces a plantearse lo siguiente: “En caso de que tengamos en nuestras manos una investigación sobre casos de corrupción que afecten a personas de ese ámbito nacionalista, optaremos por un cuerpo policial distinto a los Mossos para que lo trabajen”.

Cunde, pues, la idea que los Mossos actúan como una policía poco independiente. De hecho, en Cataluña, el grueso de las grandes operaciones de delincuencia económica y anticorrupción dirigidas por jueces catalanes, la Audiencia Nacional o por la Fiscalía Anticorrupción han recaído en la Guardia Civil y en el CNP.

Mala papeleta le queda a la policía autonómica que, sin duda, va a tener que hacer grandes esfuerzos para recomponer su imagen, su cohesión y el aprecio y valoración de los jueces y fiscales.

Todos mal parados

Por otro lado, y por motivos distintos, la Guardia Civil y el Cuerpo Nacional de Policía también han salido tocados de esta situación política y social derivada del referéndum. “Cuando esto acabe, ¿cómo crees que nos recibirán en los ayuntamientos, los bancos, los organismos de la Generalitat cuando tengamos que requerirles personalmente informaciones de interés policial o sumarial para cualquiera de las investigaciones de delincuencia común o terrorista que podamos llevar a cabo?”, ha preguntado de forma retórica un teniente de la Guardia Civil miembro de la unidad orgánica de policía judicial en Barcelona.

“¿Nos la van a dar de buen gradado, de forma efectiva, fiable, rápida, con ánimo de colaborar?, añade. “Lo peor vendrá cuando nos toque trabajar en equipo”, apostilla un subinspector de los grupos UDYCO (Unidad de Drogas Y Crimen Organizado) del CNP. “Ya era complicado antes, pues ahora, tras las cargas policiales, las denuncias de los heridos, las broncas entre los mandos y entre los políticos, nuestra capacidad de investigación para el trabajo conjunto puede acabar en la nada. Nos va tocar investigar en terreno hostil”.