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Carlos Lesmes, presidente del Consejo General del Poder Judicial y del Tribunal Supremo, se quejó de que los jueces están cansados / EFE

Los jueces, cansados de 'hacer el trabajo' a los políticos

El presidente del Tribunal Supremo abroncó al ministro Catalá por derivar a la justicia lo que tienen que arreglar ellos

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El problema catalán es un problema de naturaleza política, según repiten abiertamente los líderes soberanistas e, incluso, de un tiempo a esta parte, aunque con menor volumen, también el resto de clase política.

Cunde la idea de que aquellos que no han sabido solucionar el conflicto por la vía de la política lo acaban empujando al redil del escrutinio público (incluso al escrutinio de la historia), a los jueces y magistrados. La judicatura acabaría siendo (según esta tesis extendida en los juzgados) algo así como el barrendero que recoge la suciedad que unos y otros producen o provocan y no saben o quieren limpiar.

Jueces enfadados

Esta instrumentalización de la justicia para fines “coyunturales” comienza a enervar a jueces, magistrados y fiscales, hartos de asumir un rol que no les toca desde su cometido jurisdiccional y desde el ámbito y papel que les atribuye la Constitución española.

En fuentes políticas se informa de que, no hace demasiados días, el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General de Poder Judicial (CGPJ), Carlos Lesmes, abroncó al ministro de Justicia, Rafael Catalá, por derivar a la justicia lo que tienen que arreglar ellos. Según estas fuentes consultadas por Crónica Global, Lesmes le vino a decir al ministro: “Hacemos --hablando por boca del conjunto de jueces y magistrados-- una gestión judicial y se nos juzga políticamente”.

De alguna forma, Lesmes salía en defensa de la honorabilidad de la juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela; del magistrado del Tribunal Supremo Pablo Llarena; de los miembros de la Sala Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y del Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona (que lideran investigaciones vinculadas con el 1-0), siendo sometidos a una presión política y social casi inasumible.