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Juan Pablo Cardenal, autor de 'La telaraña', en la entrevista con 'Crónica Global'

Cardenal: “A los independentistas su operación les ha salido casi gratis”

El periodista y escritor, autor de ‘La telaraña’ considera que los Gobiernos del PP o del PSOE no saben ver que el independentismo “lo intentará de nuevo”

13 min

Juan Pablo Cardenal no tenía intención de escribir un libro sobre el procés. Periodista y escritor, fue durante diez años corresponsal en Asia, y ha seguido como pocos periodistas otro proceso: el de la internacionalización de China. Ha firmado en las principales cabeceras de España, y, precisamente por seguir lo que ocurría en Cataluña, --es de Barcelona-- Cardenal llegó a la conclusión de que algo pasaba. Y lo constata en La telaraña (Ariel), un libro en el que investiga, a modo de gran reportaje, con citas y entrevistas con los principales implicados, cómo el independentismo supo trabajar, con dinero público, su proyecto, buscando la complicidad de los medios de comunicación y de las entidades sociales y cívicas en el extranjero. Y sin que el Gobierno español de Mariano Rajoy supiera cómo combatirlo, renunciando, de hecho, a tomar medidas concretas. Cardenal cree que el independentismo “lo intentará de nuevo”, y que “a los independentistas su operación les ha salido casi gratis”.

--Pregunta: Una de las cuestiones que usted define es que, muy al inicio del procés, el Govern de Artur Mas lo que pretende es que se hable en los medios internacionales únicamente de financiación, de que Cataluña está mal financiada.

--Respuesta: Sí, lo hablé con Josep Martí, que era el secretario de comunicación en el Govern de Mas. Esa era la intención, en ese primer momento. No dudo que para ellos lo prioritario fuera un acuerdo de financiación porque, según decían, en la opinión pública española esa cuestión no tenía más recorrido. Pero se dejaron arrastrar por los acontecimientos. Se adaptaron a otra realidad, que ya venía de lejos. Es decir, hay un proyecto soberanista, del nacionalismo catalán, que no se inicia en 2012 con la Diada. Es anterior. Ya existe con el tripartito de izquierdas. Aunque se oficializa, es cierto, en 2012.

--¿El papel de las delegaciones de la Generalitat es tan determinante en el procés?

--Aunque han formado parte del organigrama institucional, siempre ha existido un elemento de construcción de la nación. Ha habido un proyecto para visibilizar una Cataluña distinta de España. En Berlín, la delegación acaba estableciendo una relación bilateral con Alemania. No podemos pensar que todo eso no se había fraguado antes. Estalla con el procés pero, como decía, viene de lejos.

--Usted considera que, en realidad, se va cumpliendo el llamado Programa 2000 que diseñó Jordi Pujol.

--No podemos estar en la cabeza de Pujol, pero yo creo que él ha creído siempre que eventualmente todo esto podía desembocar en la independencia de Cataluña. Pero su programa era tener bajo control el máximo de ámbitos posible, al margen de si servía o no para la independencia a medio o largo plazo. Lo que hace es diseñar lo que yo denomino la ‘telaraña’, con entidades de carácter clientelar. En el libro he ido analizando esa cuestión, y es que hay hasta 502 empresas y entidades participadas por la Generalitat, con porcentajes pequeños y grandes, desde el 5%, al 30% o más del 50%. Y es cierto que todo ese engranaje necesitaba de una palanca. El botón se aprieta con el procés. Aunque, y se debe reiterar, los partidarios de ese proyecto no han llegado a la mitad de la población catalana.

 

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Juan Pablo Cardenal, con la portada de su libro 'La telaraña'

 

--¿Y qué hacía el Gobierno español? ¿Se dejó engañar?

Hay una mezcla de factores. El contexto en el que se llegaba a acuerdos, hay interpretaciones que los califican de concesiones, era de una cierta confianza. Se suponía que Cataluña iba a permanecer en España. Pero eso no exime de culpa al Estado. Yo lo identifico con los Gobiernos centrales, y en los partidos de ámbito nacional. Pero hay otros muchos responsables. Los Gobiernos españoles han actuado por cálculo político, por incompetencia, y por desconocimiento. Y eso lo ves cuando hablas con las llamadas élites madrileñas. Incluso los que conocen la cuestión catalana con cierta profundidad, no tienen todos los elementos. Les falta siempre un punto más, no respiran Cataluña, no la acaban de entender. Y en un momento en el que se produce una tormenta perfecta, con la crisis económica, se llega al procés. Muchos años antes, sin embargo, todo ese desconocimiento que decía, lo aprovecha Jordi Pujol.

--¿Qué es lo que esas élites no entienden?

--No han visto venir las intenciones reales. Yo intuía que algo iba mal, que durante años el nacionalismo catalán iba construyendo su proyecto. Esas élites siempre se han preocupado de satisfacer a los nacionalistas, y a los no nacionalistas en Cataluña nos han apuñalado una y otra vez. Desde el punto de vista psicológico, aceptaban que Cataluña era la Cataluña nacionalista. Han aceptado, de forma ímplicita, que su interlocutor era esa Cataluña nacionalista. Y se ha pervertido el lenguaje.

--¿Y la izquierda qué papel ha jugado en ese proceso histórico?

--Quiero tener mucha cautela con eso. Como observador, lo que sé es que Pujol trituró a los socialistas con esa acusación de “sucursalismo” del PSOE. Lo dramático es que la izquierda ha tenido muchas dudas, no sólo la catalana, sino la izquierda española en su conjunto. Creo que esa izquierda no acaba de tener clara la idea de España.

--Usted dice que con el ministro Dastis, tras la sustitución de García-Margallo, las cosas cambian. Y eso es una paradoja, porque Margallo señala que él sí tenía las cosas claras respecto a Cataluña.

--Margallo estaba muy preocupado. Da un paso al frente, no comparte la estrategia de perfil bajo de Mariano Rajoy. Protagonizó muchos viajes y, en conjunto, lo hizo bien, al trabajar con el cuerpo diplomático. Lo que pasa es que desatendió los medios de comunicación extranjeros. Aunque estaba enfrentado con Sáenz de Santamaría, tanto ella como él dejaron de lado la prensa extranjera. Y eso fue un error táctico tremendo. Con Dastis pasa lo contrario, pero no por el ministro, sino por su equipo, que le dice que debe conceder entrevistas, explicar la posición de España, que España es una democracia plena y que no tiene nada que perder explicando la verdad.

--¿Han sido los medios anglosajones los más ‘comprensivos’ con el procés?

--No me lo parece. The Wall Street Journal, The Financial Times o The Economist han escrito excelentes trabajos. Eso no implica críticas contundentes al Gobierno español, pero han realizado una cobertura rigurosa y equilibrada, más o menos imparcial.

--¿El problema ha sido The New York Times?

--Es el medio más influyente del mundo. Se informan a través de él personas que toman decisiones. Hice un análisis de 92 artículos sobre Cataluña, y vi cosas preocupantes. Los artículos no son grotescos, pero hay sutilezas que indican ciertas simpatías. Se habla poco de que los independentistas no son mayoría. Se cita, pero siempre en los últimos párrafos. Sin embargo, Franco aparece en todo momento. Es un diagnóstico que deja a España como un país autoritario. Da una imagen de los hechos que no se corresponde con la realidad.

--¿El Gobierno español comete su gran error con el 1-O?

--Creo que se llegó al 1-O dejando vendidos a la mayoría. El problema se debía centrar en el 6 y 7 de septiembre. Se dice que se recurrirá al Tribunal Constitucional, pero no se hace nada. Creo, como dice Josep Martí, que el independentismo, si se tratara de una partida de póker, se llevó todas las fichas ese día, el 1-O, y las perdió cuando se declaró la independencia el 27-O. No puedo entender todavía cómo Soraya Sáenz de Santamaría apareció ante los medios a última hora de la mañana, cuando lo habían hecho ya en repetidas ocasiones los dirigentes independentistas, haciendo circular las cargas policiales por todo el mundo. Si sólo hubo cargas violentas en 17 colegios, de un total de más de 2.000, ¿por qué no se explicaba?

--El independentismo dice ahora que sólo quería plantear una negociación con el Gobierno. Que no planteó la independencia como algo real. ¿Es una excusa?

--Tengo claro que lo intentaron. Si se lee en detalle las investigaciones del Tribunal de Cuentas te das cuenta de que fue una prioridad del Gobierno catalán. Se han destinado muchos recursos públicos, y recursos humanos. Se alineó todo para una causa, para un objetivo. Lo he hablado con responsables diplomáticos que contrató la Generalitat. Con Independent Diplomat, y lo que me dicen es que, ya en 2012, se encargó sondear a los Gobiernos europeos sobre cómo podían reaccionar ante una declaración de independencia.

--¿El independentismo lo puede repetir?

--Yo creo que a los independentistas su operación les ha salido casi gratis. Tanto a nivel político como judicial. No se han movido un ápice. Y dicen que quieren ensanchar la base, pero vemos cómo Puigdemont reclama que pidamos perdón por la aplicación del 155. No consideran que se hayan equivocado. Es cierto que es difícil que se cumplan las condiciones, de tormenta perfecta, que se dieron en 2012, pero el independentismo lo intentará de nuevo cuando pueda. El mejor escenario para los constitucionalistas es que nos mantengamos en una clama chicha. Pero no creo que podamos recuperar nada. Y los Gobiernos españoles, del color que sean, no tendrán voluntad política para enfrentar esta cuestión, para que se acaben los atropellos en Cataluña contra los no nacionalistas. Las estructuras de ese nacionalismo, con TV3 y el sistema educativo, no se han tocado.

--¿Pero qué pasa si el independentismo, por primera vez, obtiene más votos en las elecciones catalanas y pasa del 50%?

--Será el principio del fin. Es un problema para el independentismo no llegar a ese porcentaje. Es una cifra mágica. Si llegan, ganarán legitimidad, al margen de esa ley electoral, que ya les otorga varios diputados de ventaja, por el mayor peso del territorio rural. Si eso ocurre, el independentismo lo explotará con toda contundencia, y pondrá al Gobierno español en una situación de debilidad.