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El vicepresidente de Economía de la Generalitat, Pere Aragonès, y la consejera de Presidencia, Meritxell Budó, explican la petición del estado de alarma / GOVERN

Cataluña, a remolque del resto de comunidades y de la jugada de Sánchez

Tras varias semanas de bandazos, el Ejecutivo en funciones no ha podido rechazar la oferta del presidente español, hábilmente dirigida al autogobierno

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Pedro Sánchez hizo ayer una oferta que Cataluña no podía rechazar por más tiempo. La de reclamar el estado de alarma. El gobierno en funciones de Pere Aragonès, muy dubitativo en estas últimas semanas --su actitud ya ha sido comparada por algunos analistas con la del expresidente Quim Torra, más decidido en este sentido--, no ha podido renunciar a una propuesta del Ejecutivo español que apelaba al autogobierno autonómico para tomar medidas contra la pandemia. Todo un torpedo en la línea de flotación independentista y que coincide con un aumento galopante de los contagios en Cataluña: 5.000 nuevos casos ayer y una tasa de rebrote disparada hasta los 636 puntos.

Así, mientras Torra siempre forzó sus competencias para aplicar medidas dudosamente legales --los cierres de las comarcas de Òdena y Segrià, por ejemplo, fueron muy controvertidas--, Aragonès y la consejera de Salud, la también republicana Alba Vergès, exhibieron temor a pasarse de frenada en un contexto de crisis económica y social. Pero se pasaron. El cierre de bares y restaurante decretado la semana pasada, durísimo para pequeños empresarios y autónomos, se reveló insuficiente, a tenor del aumento de los contagios.

 

Catalunya supera los 5.000 contagios en 24 horas / EUROPA PRESS

Después vino la reducción del horario de los comercios de 24 horas para reducir los botellones. Y el retraso en la aplicación del Radar Covid, la app de rastreo desarrollada por el Gobierno, a modo de exhibición de músculo identitario. Hasta que la realidad, tozuda, ha obligado a la Generalitat a mover ficha, a remolque de otras comunidades. El presidente en funciones reclama el mando único para pilotar el estado de alarma, con vistas a aplicar un toque de queda que limite la movilidad nocturna. Una medida que habría evitado ese mazazo contra la hostelería.

Contexto preelectoral

No es ajeno a ese paso adelante dado por el Govern el contexto preelectoral en el que se encuentra Cataluña. El republicano Aragonès se ha propuesto llegar a los comicios del 14 de febrero con un buen expediente de gestión, de ahí el difícil equilibrio entre salvar vidas y recuperar la economía.

Como parte de esa estrategia, el vicepresidente económico ha puesto en foco en reclamar al Ejecutivo español la gestión autonómica de los fondos europeos. "Necesitamos un estado de alarma descentralizado para que Cataluña pueda movilizar recursos y salvar vidas", dijo anoche el dirigente catalán, en una velada alusión al "155 encubierto" que el independentismo duro denunció durante los momentos más álgidos del Covid.

La reunión interterritorial

El jueves, la falta de consenso interterritorial --debido a las reticencias de Madrid, País Vasco y, precisamente, Cataluña-- obligó al Gobierno a aplazar la decisión sobre el toque de queda, una medida que se aplica en Francia y Bélgica y que reclamaron varias autonomías.

La Generalitat llevaba desde el pasado fin de semana analizando la posibilidad de prohibir esa movilidad durante horas nocturnas. Al Govern no le gustaba la iniciativa y se resistía a aplicarla. Hasta que País Vasco, Castilla y León, Murcia, Andalucía y la Comunidad Valenciana tomaron la delantera y exigieron a Sánchez la aplicación de un nuevo estado de alarma con vistas, o no, a aplicar el toque de queda. Ante este escenario y con la cifras de propagación de la pandemia en la mano, se han visto obligados a rectificar. 

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