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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el líder del PP, Pablo Casado / EFE

La carta "a los españoles" en favor de un acuerdo entre PSOE, PP y Ciudadanos

Un grupo de exdirigentes del PSOE e intelectuales creen que España corre el peligro de la "balcanización" del país si se llega a un acuerdo con ERC

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Esta es La carta a los españoles que han suscrito más de 300 personas, impulsada por exdirigentes socialistas como Redondo Terreros, César Antonio Molina, Joaquín Leguina o Rodríguez de la Borbolla, junto a intelectuales como Francesc De Carreras, Félix Ovejero o Andrés Trapiello:

España se encuentra en un momento grave. Tan irresponsable sería dramatizar con palabras abultadas como frivolizar y restar importancia a la situación, haciendo pasar por normal y aceptable lo que no lo es. La gestión del resultado de las elecciones del 10 de noviembre es nuevo ejemplo de una sociedad a la que se divide y tensiona profundamente, no por motivos políticos de calado, sino por razones estrictamente partidistas.

La reacción de la sociedad española, plasmada en las recientes elecciones, provocada por el cansancio y el rechazo a la administración de la crisis política que realizan nuestros dirigentes, ofrece el cuadro de una representación parlamentaria fragmentada y con claras tendencias a los extremismos. Sin embargo, son posibles opciones diversas a las que se nos ofrecen. Diremos más. Según cómo se solucionen las incógnitas del momento, corremos riesgos evidentes de deshacer lo logrado durante las últimas décadas. Y es necesario apuntar en estos momentos de incertidumbre, en los que parece que nada importa, que todo da igual, que merece la pena defender lo conseguido. Con sus errores y aciertos, afirmamos que nos ha tocado vivir el que es sin disputa el periodo de progreso social y económico más brillante de nuestra reciente historia. Porque la Constitución es nuestra casa común, recuperamos la libertad política y nos alzamos a la máxima dignidad social: ser iguales y libres ante la ley: ¡ser ciudadanos! Realizamos una descentralización política sin parangón en nuestra historia y con pocas comparaciones sostenibles con países de nuestro entorno. Obtuvimos por derecho y mérito propios un lugar de privilegio en la Unión Europa y una influencia considerable en la política internacional. Si alguien piensa que estos consensos conseguidos, frívolamente despreciados por algunos, piden romperse exclusivamente por un lado se equivoca y nos engaña. Justamente esos grandes acuerdos conseguidos con renuncias de todas las expresiones políticas nacionales no nos permiten dudar: los últimos años han sido una historia de éxito que merece ser defendida, más si cabe cuando no se nos plantea ninguna alternativa mejor.

En España, a los retos que tenemos como sociedad (desigualdad, despoblación, precariedad laboral, disminución de la productividad del tejido empresarial, educación, transición ecológica, natalidad) se suman acuciantes problemas que nos interpelan como comunidad: polarización política y disgregación territorial. Polarización por cuanto es apreciable hasta qué punto la pasión política desordenada y sectaria ha hecho profunda la zanja que hoy separa a las expresiones políticas de la izquierda y la derecha. Disgregación, por cuanto ante la desunión por motivos ideológicos, inflamados por la levadura de un partidismo cerril, afecto solo a las siglas, los partidos nacionalistas han visto la oportunidad de fraccionar el territorio en común, primero de los bienes que comparte la ciudadanía. La quiebra de consensos amplios sobre cuestiones de Estado entre los partidos políticos nacionales otorga ilusión y esperanza a los nacionalistas periféricos, haciendo para ellos creíble lo que es imposible.

Un gobierno que en estos momentos represente políticamente solo a una mitad del país no estará en condiciones de realizar las reformas imprescindibles para encarar el futuro ni conseguirá que cicatricen las heridas recientes. No lo estará un gobierno formado exclusivamente por el PSOE y Podemos. La situación empeora si consideramos que el gobierno que se prefigura habrá de contar, para cada paso, con la aprobación de fuerzas nacionalistas que no disimulan el objetivo de destruir nuestro devenir democrático común amparado en la Constitución. Por lo tanto, afirmamos que en estas circunstancias ningún gobierno de España puede depender de las fuerzas políticas nacionalistas. Sería no solo un gravísimo error político sino además una irresponsabilidad que pondría en evidente riesgo nuestras libertades y la convivencia ciudadana.

Creemos que el momento histórico exige entrar en una fase de colaboración constitucionalista y transversal, que sitúe la política española en posiciones moderadas, alejada de los extremismos a los que el sectarismo nos ha llevado. Tras años de tremendismo verbal, de exageraciones partidistas, debemos sosegar la vida política de España. Las formas para conseguir la concordia necesaria para que la democracia funcione correctamente pueden variar: coalición de gobierno o pacto parlamentario. Lo importante es que sirvan para fortalecer los consensos cristalizados en la Constitución de 1978.

Tal es nuestro diagnóstico. También ofrecemos, como obliga la responsabilidad de quienes con nombres y apellidos realizan un llamamiento público, nuestras soluciones. Nos gustaría estar equivocados, pero si no lo estuviéramos y esta apelación al acuerdo entre contrarios, y no entre contiguos, cae en saco roto, habrá de ser la sociedad civil de todos los rincones de España la que obligue a los políticos a preservar y fortalecer la concordia entre españoles y evitar que el surco entre nosotros se haga más grande. Así nos comprometemos a hacerlo.