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El expresidente del Gobierno, José María Aznar, autor de 'El futuro es hoy' /Efe

Aznar: "El diálogo con el Govern de Torra es el peor error que puede cometerse"

El expresidente del Gobierno expone sus recetas en el libro 'El futuro es hoy' con una advertencia al PP y un espaldarazo a Ciudadanos por su oposición frontal al nacionalismo

02.10.2018 00:00 h.
11 min

José María Aznar llevaba cinco años con pocas intervenciones sobre la política española, pero ha tomado el pulso con celeridad. Tras su comparecencia en la comisión de investigación del Congreso sobre los casos de corrupción del PP, reaparece ahora la publicación de El futuro es hoy (Península), que este martes llega a las librerías, en el que se postula sobre política internacional, la nueva economía y el gran problema de la política española: la situación en Cataluña. Su receta es contundente y clara, y coincide con la de Ciudadanos, y contrasta claramente con la del presidente del Gobierno Pedro Sánchez. “Después de lo ocurrido, ignorar o simplemente orillar la ley a favor de un nebuloso diálogo (con el Govern de Torra) es el peor error que puede cometerse”. Una parte sustancial del libro lo dedica a esa cuestión, ya sea a la hora de abordar una posible reforma de la Constitución, o para referirse directamente a la figura de Torra o para criticar al PSOE y alabar a Ciudadanos.

El análisis de Aznar es que el nacionalismo se ha saltado la legalidad, y que los dirigentes independentistas no pueden justificarlo por una supuesta falta de diálogo por parte de los gobiernos españoles. Alega el expresidente español la tentación “insurreccional” del nacionalismo catalán. 

Gobierno catalán "sectario"

“Si algo no puede decirse que haya faltado en las décadas de trayectoria democrática de España es el diálogo con Cataluña. Cataluña ha estado siempre presente en la política española y ha sido una de las referencias más destacadas de cómo se ha hecho política en nuestro país. Hablar de déficit de integración del nacionalismo catalán, a la vista de su papel dentro y fuera de Cataluña, es una falacia. Sin embargo, el nacionalismo catalán ha vuelto a caer en su tentación insurreccional, aunque esta vez contra un sistema plenamente democrático, legítimo, a cuyo amparo esa comunidad ha conseguido el mayor acopio de autogobierno”.

Por ello, lo que reclama Aznar es que se muestre seguridad y se establezca un gran acuerdo para asegurar el Estado de derecho en España. Ello no sería compatible con un diálogo que nunca podrá acabar en algo satisfactorio para el nacionalismo, que se toma cualquier pacto como algo transitorio. “Dar prioridad a la interlocución con un Gobierno sectario que ha puesto las instituciones autonómicas --y lo sigue haciendo-- al servicio de objetivos de división y exclusión, frente a esa mitad larga de catalanes que reclaman su derecho a la plena ciudadanía, a la Constitución y a la garantía de sus libertades, significaría un abandono irresponsable e injusto”.

Continuidad histórica de España

¿La tarea pendiente, entonces? Insiste Aznar en que la arquitectura de España corre peligro si no se produce una unión de las fuerzas políticas sobre algunas cuestiones esenciales. “Desde hace demasiado tiempo, una vez culminada la transformación autonómica, venimos poniendo a prueba de manera imprudente las paredes maestras del Estado. Dedicamos mucho tiempo a averiguar cómo podemos negociar nuevos límites que, para los nacionalismos, serán siempre transitorios, porque no se trata de cómo se limita a los nacionalismos, sino de cuáles son las condiciones para asegurar la continuidad histórica de España: una de las grandes tareas que tenemos por delante los españoles de todas las generaciones, como españoles y como demócratas”, sentencia.

Aznar no apuesta por una reforma constitucional, porque el proyecto que lanza el PSOE, para encauzar España hacia un Estado netamente federal, no servirá de gran cosa si el objetivo es, en realidad, encajar mejor al País Vasco y Cataluña. La idea del PSOE no es buena, según el exmandatario del PP, porque supone “instalar en la opinión y en la agenda pública la idea de que el modelo territorial de la Constitución está superado y ya no responde a lo que se necesita, cualquiera que sea el que los socialistas entienden que se necesita”.

El proyecto del PSOE

La otra cuestión que ve Aznar en esa propuesta es que el PSOE, a falta de un “verdadero pacto” con el PP y Ciudadanos, quiere “establecer con su apelación a la reforma las bases de su entendimiento con los nacionalistas de todas las intensidades que puedan garantizarle el poder ahora y en el futuro”.

De fondo, sin embargo, hay un factor más importante: “La reforma que se intentará no será federal sino la de un pretendido ‘acuerdo bilateral’ con Cataluña y el País Vasco que, con la excusa de recuperar la singularidad con que la Constitución quiso distinguir a estas comunidades establezca un principio confederal, incluido el derecho de autodeterminación dentro de la Unión Europea”. Eso no sería, a juicio de Aznar, tanto una reforma como “un proceso constituyente”.

Apuesta por Ciudadanos

Con todo, Aznar entiende que Pedro Sánchez y el PSOE, en general, se equivocará si insiste en buscar acuerdos con el Gobierno de Torra. Y rechaza “la búsqueda incesante de ‘moderados’ en las filas independentistas, la tendencia a devaluar la gravedad de sus manifestaciones”. Con ello --le pasó a él también con el acuerdo con CiU en 1996-- se confunde al País Vasco o a Cataluña en su totalidad con una parte, sin atender a la 'pluralidad' de la sociedad vasca y catalana”.

El análisis sobre ese problema, el mayor de España, lleva a Aznar a hacer una apuesta por Ciudadanos. Tras las elecciones del 21 de diciembre, que dieron la victoria a Ciudadanos en Cataluña, Aznar vio en el partido de Albert Rivera “un serio aspirante a partido de Gobierno con posibilidades de ocupar el espacio político del Partido Popular”.

Refundación de la derecha

Lo que ve en el horizonte Aznar, con su contribución, es “una recomposición sustancial del mapa político español. El PP, después de perder el Gobierno y entrar en un proceso de renovación de su liderazgo, tendrá que hacer frente a una verdadera prueba de supervivencia y el centroderecha reformista tendrá que plantearse, en todo caso, una operación de refundación que vuelva a integrar lo que hoy se ha separado”.

La virtud de Ciudadanos, para Aznar, es que no tiene ninguna intención de utilizar al nacionalismo como posible apoyo, o bisagra. “Ciudadanos ha sido ajeno a ese reflejo --muy presente en la Transición-- que aceptaba la influencia de los nacionalistas no solo como una necesidad aritmética en los casos en que no se alcanzaba la mayoría absoluta, sino también como una fórmula de integración de los nacionalismos en el sistema constitucional”.

La designación de Rajoy

Aznar acomete un repaso por las grandes cuestiones internacionales y domésticas. Señala que el error en Irak, cuando él personalmente se implicó de lleno al lado de Estados Unidos, "mientras Francia y Alemania apoyaban a la Rusia de Putin", se centró después de la guerra, cuando no se calculó bien cómo se podía consolidar una democracia. 

En el ámbito doméstido, no se olvida de Mariano Rajoy, a quien él designó como sucesor. "Seguramente hoy no podría haberlo hecho", sentencia. No tanto por si ahora no comparte nada del mandato de Rajoy --que también-- como por la forma, ya que "ni la opinión pública ni el propio partido aceptarían una designación por este procedimiento". Pero el mayor reproche que le formula a Rajoy es que, teniendo mayoría absoluta en 2011, no supo "recuperar el rumbo del país". Asegura que "lo podría haber hecho perfectamente porque los españoles hubieran aceptado cualquier decisión en ese momento, de todo tipo", más allá de tratar de recuperar la economía.

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