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Joaquim Forn, 'conseller' de Interior, en su despedida como concejal del Ayuntamiento de Barcelona / CG

La agitación interna del PDeCAT empujó a Forn a la ‘conselleria’ de Interior

El exconcejal quería ser el sucesor de Trias pero la tormenta de su grupo le llevó a decantarse por abandonar el consistorio

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El Pleno del pasado viernes, 21 de julio, en el Ayuntamiento de Barcelona fue el último de Joaquim Forn, el nuevo conseller de Interior desde hace poco más de una semana. Acudió solo para despedirse públicamente y agradeció, sobre todo, a Xavier Trias su generosidad, saber escuchar, ponerle en la piel de los otros, buscar acuerdos y aprender a no poder ganar diez a cero, según sus palabras.

Forn, hombre de la guardia pretoriana del que fue president Artur Mas, estaba destinado a ser el sucesor de Trias, alcalde de Barcelona en la anterior legislatura a Ada Colau. Ocupaba un puesto privilegiado en el Grupo Demócrata (antigua CiU) como persona de confianza y mano derecha del mandatario y contaba con su total apoyo para ser el próximo alcaldable de la formación convergente.

Causa de la tormenta

Sin embargo, la tormenta interna que amenazaba con poner en peligro su puesto ha sido el factor determinante para que el hasta ahora portavoz del grupo en el Ayuntamiento de Barcelona se decidiese a formar parte de la conselleria de Interior de la Generalitat.

En los pasillos municipales se sostiene la idea de que Forn no quería abandonar el consistorio barcelonés, y de que quería apostar por su carrera hacia las elecciones municipales de 2019. Pero ante tal agitación interna en sus propias filas se dejó seducir por el presidente del Gobierno catalán, Carles Puigdemont, para ponerse al frente de los Mossos d’Esquadra en la recta final del procés para la celebración del referéndum, el próximo 1 de octubre.

Rahola, Ortega y ahora, Munté

Llamaron a su puerta y no dijo que no. Pero antes de hacerlo, observó desde su puesto cómo se cocinaba la idea de que podía ser relegado por el actual conseller de Empresa, Santi Vila; la exvicepresidenta de la Generalitat Joana Ortega; la exconcejal de Ciutat Vella Mercè Homs, hermana del inhabilitado Francesc Homs, o la mismísima Pilar Rahola, en quien algunos pensaron como una buena candidata para enfrentarse a Colau por su talante mediático y polémico.

Neus Munté, hasta la semana pasada consellera de Presidencia y portavoz del Gobierno, ha sido la última en sumarse al carro de los dirigentes a los que les “haría ilusión” alcanzar la alcaldía de Barcelona. Y Joaquim Forn, desde el silencio, decidió unirse a las filas policiales para cambiar el rumbo a su carrera política.

Defenderá sus ideales

“Comienzo una nueva etapa, ha sido un honor que Puigdemont confíe en mí en este momento político apasionante”, dijo en su despedida en el Pleno del viernes. “Tengo unos ideales, los he defendido siempre y hoy estamos en marcha para intentar cumplirlos. Es un honor servir siempre allí donde he tenido responsabilidad”, añadió, tras asegurar que no podía pedir más y que cumplirá sus nuevas funciones lo mejor que pueda.

Un emocionado Trias correspondió los agradecimientos: “Forn es una persona sin la cual yo no hubiera sido nunca alcalde”. El exalcalde convergente permanecía hasta ahora en la sombra del partido y vuelve a encontrarse de nuevo bajo los focos. Ocupa el cargo de portavoz, hasta nuevo aviso, del Grupo Demócrata en el ayuntamiento, vuelve a quedarse solo. Su otro hombre fuerte, el exconcejal de urbanismo Antoni Vives —por el que pone la mano en el fuego—, también tenía que coger el relevo y renunció a su acta de concejal en septiembre de 2015, tras conocerse que la fiscalía investigaba presuntas irregularidades en Barcelona Regional.

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