Gabriel Rufián, mostrando unas llaves, un billete de 50 euros y un pilón de folios desde la tribuna del Congreso

Gabriel Rufián, mostrando unas llaves, un billete de 50 euros y un pilón de folios desde la tribuna del Congreso

Política

La chistera de Rufián: de la impresora al billete de 50 euros, pasando por "las 155 monedas de plata"

El líder de ERC protagonizó su enésima disputa con Junts a cuenta de su rechazo a los dos decretos de vivienda: primero en el Congreso, y luego en X, donde tildó de "clasistas de mierda" a sus antiguos socios

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Gabriel Rufián aprovechó la tensa sesión de ayer en el Congreso para protagonizar uno de sus habituales golpes de efecto. Una práctica que inició en 2017, cuando mostró una impresora desde su escaño para alardear de cómo se podían obtener las papeletas del referéndum ilegal del 1-O, y que ayer vivió su último episodio —hasta ahora— con otra nueva escenificación desde la tribuna de oradores.

El diputado de ERC volvió a echar mano de varios objetos para hacer patente su enfado por el rechazo de Junts, PP y Vox a los nuevos decretos de vivienda del Gobierno. Antes de iniciar su intervención, puso sobre el estrado un pilón de folios que —según dijo— contenían los "mensajes" de indignación que había recibido hasta ese momento; un billete de 50 euros "para que no se olvide la bandera que comparten" esos tres partidos; y las llaves de su casa, "como símbolo" de los acampados en la Puerta del Sol de Madrid. Una teatralización que culminó con esta sentencia: "Este es el debate: o aquí [con el billete] o aquí [con las llaves]".

'Pelea' con Turull en X

Las discrepancias sobre cómo solucionar la grave crisis habitacional que padece España, agravada a lo largo de la última década, volvió a poner sobre la mesa el mal rollo entre dos partidos —ERC y Junts— que, desde 2015 hasta 2022, fueron compañeros y socios parlamentarios y de gobierno al frente de la Generalitat de Cataluña. Hoy, de ese matrimonio secesionista parece quedar bien poco. Y buena prueba de ello fue, tras acabar la sesión, el crispado debate que Rufián mantuvo con el secretario general posconvergente, Jordi Turull, en uno de sus medios predilectos: la red social X.

Ambos dirigentes se enzarzaron por las críticas de Turull a una de las portavoces de la asociación Sindicat de Llogateres, Carme Arcarazo, que previamente había acusado a Junts de depender "de la financiación de la patronal inmobiliaria". Rufián se metió en la trifulca tildando a socios de antaño como "clasistas de mierda"; algo que Turull rebatió calificándole como "un invento de las cloacas del Estado, infiltrado primero en [la asociación de independentistas castellanohablantes] Súmate y, luego, en ERC".

De los "18 meses en el Congreso" a los 11 años como diputado

En definitiva, un nuevo capítulo en el largo historial de polémicas que Rufián ha protagonizado en sus casi 11 años como diputado en las Cortes. Y eso a pesar de que, poco antes de acceder al cargo, prometió que "en 18 meses dejaré mi escaño para regresar a la República Catalana". Eso ocurrió el 13 de diciembre de 2015. Y, a tenor de lo visto, parece quedarle mecha para rato.

Al igual que ocurrió este viernes, Rufián fue también pasto de los titulares a finales del año pasado por el tono de sus intervenciones durante la comisión de investigación de la DANA de Valencia, en la cual tildó varias veces de "psicópata" al expresidente de la Generalitat Carlos Mazón —entre otros calificativos similares—, y su gesto ante la exconsellera de Interior valenciana Salomé Pradas, a la que afeó "no tener corazón" mientras le mostraba una cuerda a la que intentó asirse una de las víctimas mortales de las riadas de 2024.

De la impresora del 1-O...

Ese tono bronco y vehemente han caracterizado la trayectoria de Rufián en su década como diputado. Convertido en socio parlamentario del Gobierno de Pedro Sánchez, el líder de ERC ha sido uno de los principales azotes del PP desde los tiempos en que Mariano Rajoy era presidente. Aunque de sus andanadas tampoco se ha librado, en ocasiones, el propio PSOE.

Una de las performances que le catapultaron a la popularidad ocurrió en 2017 cuando, en una de sus intervenciones parlamentarias, se levantó de su escaño para mostrar una impresora en sus manos. Una escena con la que advirtió al Gobierno de que el 1 de octubre de ese año se celebraría el referéndum ilegal secesionista —"sí, aquí tienen el cuerpo del delito: yo ya tengo mi papeleta", espetó—; y, de paso, para acusar al Ejecutivo del PP usar al Tribunal Constitucional como una "imprenta de resoluciones" contra el proceso secesionista catalán.

... A las "155 monedas de plata" y las esposas para Rajoy

Un procés que, a su vez, el propio Rufián radicalizó en su día, al acusar de traidor al entonces expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont (Junts), cuando éste se planteó convocar elecciones autonómicas horas antes de declarar la independencia unilateral de Cataluña en octubre de 2017.

Ya en las semanas posteriores al 1-O, Rufián se presentó en el Congreso con una camiseta con la cara de los políticos presos impresa. Y, mostrando unas esposas, expresó el siguiente deseo desde su escaño: "Ojalá M. Rajoy acabe con unas". Acto seguido, protagonizó un agrio enfrentamiento verbal con el entonces ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz.

En la misma línea, en abril de 2017, Rufián se encaró con el exdirector de la Oficina Antifraude de Cataluña (OAC), Daniel de Alfonso, en la comisión de investigación del Congreso por la llamada "operación Cataluña". Tras llamarle "corrupto", "gallo", "lacayo", "conspirador" o "mamporrero", se despidió de él de este modo: "Hasta luego, gánster, nos vemos en el infierno".

Insultos y expulsiones

Ese tipo de salidas de tono le granjearon a Rufián alguna que otra expulsión en sesiones del Congreso cuando su presidenta era la popular Ana Pastor. Así ocurrió en 2018, tras llamar "fascista", "racista" y "hooligan" al exministro de Exteriores del PSOE, Josep Borrell.

Sonados fueron en aquellos tiempos sus encontronazos con el expresidente José María Aznar al que, durante una comisión de investigación de septiembre 2018, tildó de "mafioso" y le acusó "no tener vergüenza" y de liderar "un partido fundado por golpistas". Unos exabruptos que formuló mientras le mostraba una fotografía de su primer Gobierno: "Muchos de sus ministros están hoy condenados, imputados o señalados por enormes casos de corrupción", le afeó Rufián al exlíder del PP.

Del mismo modo, Rufián también protagonizó otras escenas de tensión con Mariano Rajoy en otra comisión dedicada al caso Kitchen, acusándole de "mentir", y levantándose para entregarle una copia con fragmentos de la sentencia del caso Gürtel. Algo a lo cual el dirigente gallego replicó ofreciéndole un ejemplar del libro Política para adultos.

Tanto o más recordado todavía fue su enfrentamiento con la diputada del PP Beatriz Escudero, a quien llamó "palmera" durante una comparecencia del exministro Francisco Álvarez-Cascos en la comisión que analizaba la presunta financiación ilegal del PP. La diputada le replicó llamándole "imbécil", indignada, además, porque Rufián le había guiñado un ojo como respuesta.

Batacazo en las generales y en su Santa Coloma natal

Ese tipo de intervenciones, junto a sus críticas a la "ultraderecha", le han granjeado a Rufián fama y cierto prestigio en parte de la izquierda española, que empieza a verle como un referente. Aunque, a la hora de la verdad, eso no se ha traducido en votos en Cataluña: en las pasadas elecciones municipales de 2023, fracasó con estrépito al presentarse como líder de ERC en su Santa Coloma de Gramenet natal -una ciudad del cinturón rojo de Barcelona-, logrando sólo cuatro concejales -muy lejos de los 17 que obtuvo el PSC. Y, en las últimas generales, los republicanos perdieron casi la mitad de sus representantes, pasando de tener 13 a sólo 7 diputados en esta legislatura.